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“Las autoridades deberían regular la autoayuda: es nociva para la salud pública”

Si te ahogas en el vaso medio lleno o medio vacío de la felicidad, si los libros de autoayuda no te ayudan, si en yoga ves más gente desesperada que en una discoteca… quizás este sea tu hombre.

Sergi Rufi es un psicoterapeuta incómodo para el resto de colegas de la vieja guardia. Licenciado y doctorado en Psicología, imparte clases de Psicología Social Positiva en la Universidad de Barcelona. Es evidente que a sus alumnos les seducen sus tatuajes. "Es uno de los nuestros", deben pensar. Con look de cierra-bares colega de los malos estudiantes de última fila, Rufi logra que escuchen con atención un discurso sólido que no logró vertebrar hasta que cruzó el charco, se mudó a California e hizo añicos su burbuja personal.

En el Festival Organic de Barcelona dará esta semana una conferencia sobre espiritualidad rebelde, “una propuesta transgresora y comprometida socialmente, alejada de la mediocridad New Age y la tibieza Disney”, según sus propias palabras. La premisa inicial es poner en duda a todos los vende humos que inundan el sector de la autoayuda antes que la autoayuda acabe con todos nosotros. Nada mal.  

–No sé si has visto el video viral de un ejecutivo de Google y su algoritmo de la felicidad. ¿Qué piensas de estos discursos?

Es la nueva moda, un ejecutivo de Google adoctrinando al mundo sobre lo que es y no es la felicidad y lo que tengo que hacer para ser optimista. Yo no acepto lecciones de nadie y menos aún si no me conocen personalmente. No sé qué es la felicidad para ti, es todo muy subjetivo, personal e intransferible. Todos tenemos carácteres, temperamentos y motivaciones diferentes, no me gusta pontificar y decir que lo que me ha ido bien a mí te va a ir bien a ti. Yo sé lo que es estar bien conmigo mismo y no estarlo tanto también, pero cuando oigo la palabra felicidad y veo a alguien como el hombre del vídeo racionalizando descaradamente las emociones, enmascarando marcadamente su sufrimiento y diciendo que la felicidad es una elección y que para serlo tienes que hacer como él, me echo a temblar.  

–Me recuerda al anuncio de BMW con Bruce Lee. Si en 2017 aún estamos hablando del vaso medio lleno o medio vacío, ¿no entendemos nada, verdad?

Dicen que el infierno está lleno de buenas intenciones y es lo que yo percibo aquí. Veo un ser humano tratando de tapar con poesía prestada un gran sufrimiento interno, tratando de convecer al mundo de su discurso antisufrimiento, el cual no parece estar funcionando demasiado bien, se le nota en el gesto. El optimismo es una actitud deseable pero forzarlo trae siempre resultados funestos. Seguramente el hombre sacará un libro y se hará bestseller, en EEUU gustan mucho esas historias dramáticas.  

–¿No es triste que la motivación para un gran cambio nazca de un libro de autoayuda? A mí me deprimen.

Sospecho que te deprimen porque en general tienen muy poca calidad. A corto plazo, la autoayuda suele aliviar pero a la larga no sólo no ayuda sino que puede revictimizar aún más. No hay mayor subidón emocional que el que sientes en la página 35 de un buen libro de autoayuda comercial. En la 102 tu vida encaja y tiene sentido. Al acabar el libro te sientes comprendido, suave, como iluminado. A la semana quizá aún dura el eco de las bonitas promesas y las buenas intenciones. Al mes apenas te quedan tres nociones de lo leído aunque no hayas podido aplicar casi nada. Pasado ese mes vuelve la crisis de nuevo y te vas corriendo a la librería a comprarte otro libro de autoayuda comercial que te saque temporalmente del atolladero emocional, enchufándote de nuevo emociones agradables transitorias. La autoayuda comercial la copan moralistas emocionales y especuladores espirituales.

–¿Y qué podemos hacer para que la próxima vez que la gente vaya a la librería compre mejores libros emocionales? 

Las autoridades competentes deberían regular el sector de la autoayuda por ser tan nocivo para la salud pública. Es un sector millonario donde la mayoría de autores no son profesionales de la salud emocional sino periodistas, empresarios, ingenieros, médicos e iluminados que siguen la lógica del mercado 'vender libros y ganar dinero', no la lógica de ayudar. Para ello la regla de oro es decirle al lector lo quiere escuchar. Sólo el arquitecto escribe libros sobre arquitectura. Sólo un historiador escribe libros sobre historia. Sólo un economista escribe libros sobre economía. Sin embargo, sobre la mente y las emociones, sobre psicología vamos, habla y escribe todo el mundo basándose meramente en libros leídos, en teorías prestadas o en su propia vivencia personal sin tener ni idea de qué es la mente y el cerebro. Se le falta mucho el respeto a la gente. Sólo debería de escribir libros de autoayuda y de psicología quien tiene la experiencia de haber trabajado con centenares y miles de personas que sufren.  

–Me haces pensar en el libro "¿Quién se ha llevado mi queso?" Vendió más de 26 milliones de copias en 37 idiomas. Parecía que si no leías ese libro no tenías alma…

Recuerdo ese fenómeno. Hace 12 años una novia norteamericana que tenía entonces me lo regaló cuando vivíamos en California. Fue una época muy especial y demasiado complicada también. Supongo que ella me vio algo atropellado por la cultura de la apariencia (tan americana) y me lo regaló para ver si tocaba alguna tecla en mi interior. 

–¿Y la tocó?  

La verdad es que no recuerdo apenas nada del contenido del libro, creo que no pasé de hojear unas pocas páginas. Tal vez fue por mi urticaria natural a los ‘hypes’ y bestsellers comerciales (me huelen a nana del establishment, a adoctrinamiento condescendiente oficial). Tal vez fue porque no suelo aceptar de buena gana ‘regalos terapéuticos’ de alguien que emocionalmente está igual o peor que yo.

–¿Tan jodidos estamos?

A veces, medio en broma medio en serio, a mis clientes y alumnos les digo que estamos vivos de milagro.  

–"Estamos vivos de milagro" sería un gran nombre para tu bestseller de autoayuda.

(Ríe)   En general, si somos honestos y tenemos conexión profunda con nuestros propios sentimientos, al mirar atrás nos damos cuenta de que más allá de alegrías y éxitos, nuestras infancias también están repletas de abandonos, humillaciones y pequeños traumas de todo tipo. De adultos, nos sabemos al dedillo el manual de instrucciones del Mac y del Iphone, sin embargo, sabemos poco o nada sobre cómo funciona nuestro propio cerebro, nuestra mente, nuestras emociones, nuestra piel, nuestra propia maquinaria psicobiológica. Resulta que hemos sido guiados por ciegos y hemos construido el edificio de nuestro Ser por el tejado. Así, acabamos flotando tibiamente por la vida, girando como una peonza, por inercia, en piloto automático, con muy baja conciencia de quién somos realmente y de adónde vamos, y con un nivel de desarrollo personal paupérrimo. Y de repente, una mañana nos despertamos al borde del precipicio, con medio pie asomando al vacío. ¿Quién soy? ¿Qué sentido tiene todo esto? Estamos vivos de milagro.  

–En serio, ¿crees que existe un postureo en la espiritualiad?  

Existe la espiritualidad estética, la espiritualidad como producto de consumo, la espiritualidad de red social; mediocre, azucarada y mal entendida. Centrarte sólo en la apariencia, en llevar un tatuaje de un Buda, en hacer una postura de Yoga, en comer orgánico, en basar tu desarrollo personal en el disfrute y la alegría. En tener la sonrisa como meta, en creer que por sonreír todo el rato en Instagram eres más feliz que los demás, es caer lentamente en la autocomplacencia y el hedonismo existencial. También es huir de la responsabilidad de nuestras acciones y seguir siendo egoístas, seguir abandonando a gente, seguir comunicándonos mal, seguir engañando, manipulando a la pareja, haciendo juegos psicológicos, culpabilizando al otro de lo nuestro y soltar como justificación frases New Age del tipo 'es lo que quiere el Universo', 'es voluntad del Karma', 'es lo que toca', 'todo pasa por algo'. Este tipo de espiritualidad es hueca, superficial y tóxica como la televisón y el fútbol, porque quieren separarte de lo esencial: tus emociones profundas.

–¿De verdad se puede ser muy espiritual sin ser un coñazo con el resto del mundo?

De hecho, esa es la máxima expresión del desarrollo espiritual, el respeto a las diferencias individuales. No todo el mundo tiene que meditar, ni practicar la espiritualidad. Unos han nacido para arar la tierra y otros para meterse en el epicentro del huracán. Alguien muy conectado con su interioridad no debería necesitar posturear mucho su mundo interior. La autenticidad es silenciosa, como la felicidad auténtica, se viste por y desde dentro.  

En una clase de yoga puedes ver tanta arrogancia, egoísmo y sufrimiento como en un after.

–¿Qué barbaridades has visto en nombre de la supuesta espirtualidad?

A veces en una clase de yoga puedes ver tanta arrogancia, egoísmo y sufrimiento como en un after. Recuerdo un retiro en un monasterio budista espectacular en Francia, en medio de un bosque. Durante 7 días estuve rodeado y conviví con 300 monjes zen con sus cabezas rapadas y sus túnicas negras. Era asombrosa la presencia sobria e impecable de aquella gente. Había mucha meditación, mucho silencio, mucha liturgia, mucha oración, todos parecíamos ser uno y lo mismo. Luego cuando me los cruzaba por el campo les miraba con ojos amables y les saludaba suave y respetuosamente, desde el agradecimiento, como buscando conexión profunda. Apenas me miraban, muy pocos reconocían mi presencia y casi nadie me devolvía el saludo. La semana se me hizo larga y dura, meditamos muchísimas horas al día en silencio compartiendo el mismo espacio, pero internamente bien alejados los unos de los otros. Fui a conectar y a hallar paz interior y en pocos sitios me he sentido tan solo. Créeme cuando te digo que pura contradicción. Somos tan humanos...

–¿Cómo se puede romper con la imagen de la persona espiritual con la mente todo el día en el Tíbet?

Naturalizándola, normalizándola, sacándola de mezquitas, templos y dojos y bajándola a la calle. La verdad es que no se puede no ser espiritual, nuestro cerebro está cableado neuronalmente para sentir el anhelo de fundirnos con algo más grande, mayestático y bello que nos dé un sentido más amplio de la vida, ya sea una pieza de arte, un bosque, un ser querido o el cielo estrellado. Lo que sí podemos es no ser conscientes de que somos espirituales, o podemos no realizar ninguna práctica espiritual concreta, pero repito, el arte, la música, la gastronomía vivida de forma consciente, o esta misma entrevista, pueden resultar si nos detenemos a reconocerlo, actividades muy espirituales por inspirar ideas, sentimientos e imágenes evocadoras e inspiradoras en nosotros mismos, y en la gente que la lee.  

–¿Qué le falla a la psicología convencional para llegar más a la gente?

Le falta toneladas de comprensión, cariño, emoción, sentimiento, cuerpo, humildad, practicidad, espiritualidad y humanidad vamos. Le sobra arrogancia, condescendencia, juicio, distancia, frialdad, libros y tratar la mente como si fuera una fórmula matemática. A la psicología académica le falta mucho compromiso social, profundidad y voluntad de servicio real y auténtico, sin ponerse por encima de la persona que necesita de tu guía. Paciente siginifica 'el que sufre' y todos sufrimos, hay que cambiar esa palabra. No somos robtos, la mente no es y nunca ha sido un ordenador racional perfecto que ejecuta órdenes precisas con las que someter a las emociones y el cuerpo. Es casi al revés.

–Pero dime un truco para detectar un vendedor de humo de un buen gurú espiritual.

Yo buscaría los surcos en su rostro .

–¿Que busque surcos? 

Las arrugas, que se le vea el peso del tiempo y el rastro de su dilema interno a la legua. Yo huiría de todo aquél que sólo comparta contigo sus sonrisas, sus éxitos, su felicidad y su dicha, está ocultando su sombra para divinizarse, que le idealices, cavar una zanja entre él y tú, subirse a un pedestal para que le adores, y hacer negocio con tu bolsillo. Te la está metiendo doblada, vamos.  

–Ponme un ejemplo. 

Recuerdo un post en el muro de una página espiritual de Facebook que afirmaba que 'la auténtica belleza es la espiritual porque ésta, al contrario de la belleza física, permanece, es continúa, sublime y deseable', y en la foto aparecía una modelo ostensiblemente maquillada, con melena brillante, erótica, bien teñida de peluquería y la manicura rutilante. Basta ya de soltar clichés y de confundir a la gente, para eso ya tenemos al Gobierno. Me encantan las dos bellezas, pero seamos coherentes con el mensaje que tratamos de emitir. La espiritualidad de red social es el opio del pueblo en el siglo XXI. Nuestra confusión es su negocio.

–Y dentro de esta confusión, ¿cómo puedo saber si me va más el yoga, el reiki o andar por el bosque?

En realidad, no se tratan de actividades excluyentes sino complementarias. Yo sólo te animaría a que si pruebas algo te comprometieras con esa práctica como mínimo durante un mes, que trataras de 'apartar' temporalmente la mente y la repitieras como mínimo veinte veces antes de juzgarla. Si no, no le das tiempo a que esos ejercicios penetren en tu ser, se acomoden a ti, florezcan en ti y con ello se haga el cambio. Si no, seguramente lo que acabarás haciendo será juzgarlos desde la misma mente ansiosa que quieres calmar mediante los ejericios que precisamente estás realizando. Muchas veces criticamos una actividad justamente porque inconscientemente sospechamos que funciona y entonces se nos activa el miedo al cambio. Llevamos tanto tiempo sufriendo que de repente ¿y quién soy yo sin mi dolor? ¡Qué miedo!    

–¿Quieres decir que nos gusta regodearnos en nuestras miserias? 

Preferimos dolor conocido a la sanación y su novedosa incertidumbre.

–Quizás por este motivo los medios de comunciación han encontrado un nuevo pozo de consumidores.

Sí, las prácticas espirituales se han convertido en los nuevos productos de consumo de masas, en otro sonajero más que en lugar de utilizarlos para reconectar con nuestra esencia nos distrae más de ella. Deberíamos aprender a discernir el polvo de la paja y a lo que nos pongamos hacerlo con mente, cuerpo y alma. El establishment quiere convertir la espiritualidad en algo banal, en una experiencia superficial y hedonista más, como la moda del running, irte de trekking o montarte un sábado en el Dragón Khan con tu hermana.  

La rabia bien canalizada es motor de cambio, es una emoción muy espiritual.

–O la alimentación sana.

En Roma hace dos mil años ya decían aquello de mente sana en cuerpo sano. La espiritualidad se inicia en el cuerpo, sin un cuerpo bien descansado, bien alimentado y bien ejercitado es difícil conectar profundamente con esferas de la existencia más amplias y elevadas. A veces, la depresión se debería empezar a tratar en el plato. Obviamente no sólo ahí, pero si desayunas bollería industrial, tiendes a comer abundante carne procesada y tomas mucho café, es bastante normal que la ansiedad sea tu fiel amigo inseparable. De alguna manera, el alma empieza en el colon. Siéntate veinte minutos a meditar con retortijones en el estómago y tendrás una experiencia más bélica que espiritual. 

–Has llegado a hablar del ‘fast-food de la salud emocional’.

Sí, son un conjunto de técnicas, escuelas y paradigmas 'terapéuticos' dentro del New Age Disney que proponen soluciones rápidas, simples y superficiales a problemas profundos y complejos de la humanidad. De nuevo, triunfa y vende más el charlatán que dice lo que quieres oir que quien se ajusta a la realidad. ¿Quién no desearía quitarse un bloqueo emocional que le acompaña durante 20 años en cinco minutos? Lamentablemente, en la mayoría de los casos eso no es posible y por lo tanto no es la verdad. ¿Pero estamos preparados para oir la verdad? Para empezar, habría que ponerle cerco legal a este tipo de falacias, hacen mucho daño a mucha gente porque se aprovechan del sufrimiento humano para vender promesas inalcanzables. Un poco de respeto a la condición humana, la gente sufre y no todo el mundo que sufre es tonto. Sufrir es parte de la vida, una experiencia humana más. Igual que sonreír y disfrutar. Pasarlo mal a veces es normal, va incluido en el pack de la vida.

–Pero hay gente tóxica. gente que se queja por todo y a todas horas.

Antes de decirle nada a alguien que se queja, primero le escucharía. Quejarse es una fase necesaría para despertar, la primera fase de hecho, la de darnos cuenta de que muchas cosas en nuestra vida y en el mundo no van bien. Aunque si nos quedamos ahí eternamente y no nos arremangamos y nos ponemos manos a la obra, la queja se torna en victimismo, la queja por la queja, y así nadie evoluciona. Ciertamente, hay gente que se queja por quejarse, gente que se queja por adicción, incluso para recibir atención. Eso es queja tóxica por ser estática y por lo tanto estéril, y es muy molesta para el entorno. Es cierto que la situación en el mundo está difícil pero no está tan mal como para estar todo el día quejándote. Por otro lado, al que nunca se queja de nada tampoco lo veo muy natural, las dinámicas del mundo actual hacen de éste un lugar bastante injusto, poco equilibrado. La rabia bien canalizada es motor de cambio, es una emoción muy espiritual .

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