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La sopa china que deja a los tiburones al borde de la extinción

La población está tomando conciencia del problema demasiado tarde

La población china se está concienciando con demasiada lentitud para evitar la extinción de los tiburones. Actualmente, se capturan unos 10 millones de tiburones al año y se consumen entre 10 y 15 mil toneladas de carne de tiburón en las casa chinas, según la FAO.

Las cifras son alarmantes: en 30 años, el número de tiburones ha descendido un 99%. Y la causa principal es la sobreexplotación pesquera por parte de China para cocinar su receta estrella: la sopa de aleta de tiburón.

Este caldo de origen animal es un símbolo de estatus y buena suerte para los chinos. El plato puede llegar a costar 150 euros y solamente la aleta cuesta alrededor de 1.000 euros. Se tiene constancia que fue la sopa digna  del emperador Song en el siglo X y su popularización hizo que se sirviera en Disneyland Hong Kong hasta 2005.

Afortunadamente, las nuevas generaciones entienden que la existencia del tiburón como especie es más importante que una sopa por muy buena que sea. Un estudio de la universidad de Hong Kong afirma que el 70% de sus habitantes rechazaba consumir sopa de aleta de tiburón en 2015 y un 90% de ellos afirmó que creen que el gobierno debería prohibir la venta de animales salvajes en peligro de extinción.

Foto: Gary Strokes

La fiebre por la sopa de aleta de tiburón llega hasta límites delirantes. La mayoría de ejemplares se suelen pescar solamente por sus aletas y normalmente los pescadores tiran por la borda el resto del cuerpo amputado y todavía vivo, ya que ocupan demasiado espacio en el barco.

Parece que de nada sirven las firmas en tratados internacionales, que las aerolíneas se nieguen a transportar productos de tiburón o que Yao Ming y Leonardo Di Caprio hayan prestado sus caras para frenar la pesca indiscriminada de esta especie.

No son raras imágenes como las del mercado de Sanya, en Hanan, donde el pasado abril se incautaron 600 kilos de tiburones martillo en peligro de extinción por ignorancia de los pescadores, según dijo el director del Departamento de pesca.

Y las consecuencias para el medio ambiente no son pocas. Andy Cornish, del World Wildlife Fund, explicó para la CNBC que la extinción de grandes depredadores provoca un desequilibrio en todo el ecosistema: algunas poblaciones de peces aumentan pero otras disminuyen de manera impredecible.

“Es de primera orden conservar sanos los océanos antes de que el cambio climático golpee con más fuerza”, dice Cornish.

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