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Cómo sobrevivir a un festival de música sin ser un zombie la semana siguiente

Ni cross fit ni saunas ni maratones. Un festival de música es el ejercicio de supervivencia extremo por el que hay que pasar una vez en la vida

Estamos en plena temporada de festivales. Cada fin de semana miles y miles de personas se agolpan en recintos de tierra para disfrutar de sus grupos favoritos, echarse unas risas con los amigos y vivir una experiencia que jamás olvidarán. A priori suena idílico, ¿qué podría fallar? Ahora veámoslo desde otro punto de vista: tres días bajo un sol de justicia, durmiendo en invernaderos minúsculos, coviviendo con especímenes que dicen ser humanos, bebiendo alcohol barato para desayunar y comiendo sandwiches de mortadela para hacer fondo.

Efectivamente, un festival de música en verano es un ejercicio de supervivencia extrema ideado para curtirnos en la adversidad. Y es como el servicio militar de antaño, casi todos tenemos que pasar por él.

A continuación te dejamos una serie de recomendaciones que te ayudarán a sobrellevarlo con energía:

Ropa de temporada. Un festival de música es ese lugar en el que te vas a dormir con un frío horrible y te levantas achicharrado. Conviene por tanto llevar un poco de todo, ropa de verano y también la clásica rebequita de entretiempo. Procura además que esa ropa sea cómoda: los festivales son cualquier cosa menos una pasarela de moda.   

No sin mi crema. En un festival de verano las tormentas son infrecuentes, lo común es soportar temperaturas criminales. Si no quieres acabar con el tono de un extintor mejor que te lleves crema solar; te abrasarás igual, pero al menos volverás a casa con un bonito bronceado.

Baños portátiles: la zona 0. Deberías respetar todos los elementos del camping, sin embargo nos gustaría invitarte a que reflexiones sobre uno concreto. Los baños portátiles, esos pobres maltratados. ¿Cuándo se convirtieron los festivales en un torneo de mancharlo absolutamente TODO? Tus padres hicieron un gran trabajo al enseñarte los secretos del urinario: no les defraudes.

Agua como forma de vida. Con tanto calor el cuerpo te pedirá líquidos y tú no te opondrás, ¿por qué hacerlo? Estás en un festival de música. Sin embargo has de tener en cuenta un principio básico que quizás te ahorre algún disgusto: el alcohol deshidrata. Trata de beber agua a menudo y mantener el cuerpo hidratado, es la única manera de salvar el fin de semana sin lamentar destrozos de salud innecesarios.

La uva fermentada no es un alimento. En un festival no hay que practicar el ramadán. Está permitido comer antes de que caiga el sol. Junto con el agua, una alimentación adecuada y constante puede ayudarnos a no desfallecer. Lleva bocadillos, fruta, compra en el recinto o acércate al restaurante más cercano, pero no lo dejes pasar. Calor, alcohol y el estómago vacío es una mala combinación.

Lleva una buena tienda. Tu tienda va a ser el refugio en el que sobrevivas al apocalipsis zombi del exterior. Es preferible gastar un poco más y dormir en una tienda a prueba de inundaciones y rachas de viento que pasar las noches flotando en un lodazal. Procura tener a mano la linterna, si lleguas dando banzados lo agradecerás.

Estúdiate el programa.En la mayoría de festivales se solapan conciertos que nos gustaría ver. Es frustrante, pero hay cosas peores (que se solapen conciertos infumables). Para evitar lamentos de última hora estúdiate bien el programa y traza un plan realista que te permita disfrutar de tus must.

Fija un punto de encuentro. Mientras que a ti te apetece disfrutar de la última perla del pop ugandés, tus amigos, más clásicos, prefieren quedarse en el escenario principal. Os encontraréis otra vez después del concierto… o no. Intentas llamarles pero no tienes cobertura, o no te lo cogen, o cuando te lo cogen comienza un carrusel de preguntas del tipo “Ey, ¿dónde estáis? ¿qué? ¿me escuchas? ¿qué dices? ¡No te oigo!”.

Tranquilo, a todos nos ha pasado.  

Respeta la música y el buen rollo. Disculpen la perogrullada (a veces se olvida): el festival es un lugar para ser feliz y disfrutar. Si llevas 45 minutos grabando un concierto con tu smartphone de 25 pulgadas y los de atrás se molestan, quizás sea buen momento para descansar. Si te tiras media hora comentando lo bien que juega la selección belga mientras de fondo, a lo lejos, suena Radiohead; no sé, probablemente haya alguien que prefiera escuchar a Thom Yorke que a ti hablando de Hazard. Está en su derecho, respétale.

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