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Así acaban con el deseo sexual de las mujeres viudas en Bengala

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Un supuesto respeto por el alma del marido esconde un sexismo agresivo y una represión alimentaria inhumana

R.M.T

07 Julio 2017 14:11

Hay muchas formas con las que el machismo puede instalarse en la vida de una mujer y, por sorprendente que parezca, la alimentación es una de ellas. Un caso paradigmático es el que ocurre en Bengala: las mujeres viudas tienen que seguir una serie de prohibiciones alimentarias hasta que mueran en señal de respeto al alma de su marido.

Ya lo estudió hace 20 años Chitrita Banereji en una pieza para Granta y así recordaba Mayukh Sen la vida de su bisabuela. Casada a los 11 años en matrimonio acordado, su marido murió días después de sufrir un grave ataque al corazón. En 1924, a los 37 años terminaba su matrimonio, pero no del todo: la creencia la obligaba a guardar un respeto de forma visible hacia su marido, con el que estaría comprometida hasta el fin de sus días. De lo contrario, unas criaturas mitológicas se comerían el espíritu de su marido.

“Desde aquel momento, tendría que eliminar las cebollas y el ajo de su dieta, porque se cree que aumentan la energía sexual. Y también las lentejas rojas, por la misma razón. El pescado y la carne, que están en la base de la cocina de Paschim Dinajpur (el lugar donde vivía) serían desterrados para cumplir con rigor una dieta vegetariana estricta”.

“Sólo podría comer una vez al día, al mediodía. Por la noche, solamente podría tomar khoi, que es arroz hinchado, con leche”.

Todo esto se esperaba de las viudas hindúes de las castas más altas de Bengala, las Brahmin y Kaystha. Además, tenían que limpiarse el cabello de sindoor, el polvo rojo en la línea del cabello que usan las mujeres casadas, y vestir un sari blanco para siempre.

“A las mujeres las habían instruido en la idea de que sus maridos eran un apéndice de ellas y que sus fantasmas permanecerían a su lado mientras ellas vivieran. Les contaban que su vida sin su marido en realidad ya no era vida”.

Por si no fuera suficiente, cuenta Mayukh tal y como le explicó su madre, “los vecinos, en su mayoría hombre, extendían mentiras diciendo que las viudas escondían carcasas de carne en sus casas, o que sus cocinas eran guaridas secretas de espinas de pescado”.

La bisabuela rememoraba con añoranza el gusto y la tarea de cocinar un guiso de pescado, el rui maach. Pero convencida de la tradición aprendió a cocinar comida vegetariana como el mochar ghonto, un curry hecho con flor de banana, y echorer tarki [sic. torkari], un estofado hecho con jaca. Y, como anota, Mayukh, “esta cocina con tantas limitaciones contribuyó a lo que ahora es una rica cocina vegetariana, con platos hechos de sobras. Estas mujeres son las arquitectas sin reconocer de esta cocina, porque supieron encontrar muchas posibilidades en la pérdida”.

Sin embargo, no hay que olvidar que esta represión alimentaria tenía por objetivo suprimir la actuación de las hormonas en las mujeres o, lo que es lo mismo, eliminar las ganas de sexo. Porque según la creencia, quedarte viuda transtornaba tu deseo sexual y como eras mujer, tu libido era un caos y nadie podría confiar en que, como ordenaba la tradición, te estuvieras quieta: había que gobernarte de algún modo. O anularte por completo porque, como añade Mayukh, “en algunos casos, se creía que inducía a la malnutrición, prescribiendo una sentencia de muerte temprana”, dice el bisnieto. Por suerte, en la actualidad muy pocas mujeres siguen con estos preceptos.


[Vía Food52]

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