Food

Sentir placer y rechazo en un mismo bocado

Los olores comestibles engañan a tu vista y conquistan tu olfato

Foto de: Maurizio Cattelan

Hay olores que nos llevan al placer y olores que nos causan rechazo. Sin embargo, también hay olores que nos producen las dos cosas; primero rechazo, luego una extraña atracción placentera. Eso es lo que puede ocurrir con alimentos como la trufa y ciertos quesos. Es como si hubiera dos sensores en nuestro organismo programados al mismo tiempo; aunque, en realidad, es uno solo.

Foto de: Maurizio Cattelan

Cuando alguien huele un queso pestilente, una de las primeras sensaciones que seguramente le produzca sea la de asco y, a continuación, la de placer. Una impresión bastante similar a la que se puede experimentar con, por ejemplo, la trufa con esa aroma gaseoso. El misterio está justo en ese olor tan fuerte que desprenden ambos alimentos, y la respuesta está en que nuestro cerebro activa “las áreas del asco”. Pero en muchas personas el asco acaba convirtiéndose en placer.

Aunque todavía no hay ningún estudio que lo haya demostrado, varias observaciones apuntan a la denominada “erótica del asco”. Esto es, un gusto extremo por aquello que nos produce rechazo en una especie de juego adictivo de polos opuestos.

Foto de: Maurizio Cattelan

Tal es la importancia que damos a los olores que unos de los que tienen más presencia en nuestra vida son los conocidos como olores comestibles. Pero decir que un olor es comestible en algunos casos va más allá de decir que puede ser ingerido; es sinónimo de placer, de estímulo positivo. En ese sentido, varios estudios han certificado que existen olores comestibles que excitan a algunas mujeres; el del pepinillo, las gominolas y los polvos de talco son los más estimulantes.

Pero no hace falta que los olores resulten excitantes para que ganen protagonismo; sin ir más lejos, cuando se pasea por la calle son varios los locales de restauración que desprenden olores. Con el matiz de que son olores que en la mayoría de los casos resultan agradables y que están provocados de forma artificial. Se trata de sprays que desprenden olor a dulce, bacon o caviar, entre otros aromas. 

Foto de: Ptohographies

El conocido como sensory branding – o marketing aromático – surge a partir de una investigación en la Universidad de Rockefeller que demostró que el ser humano recuerda un 35% de lo que huele. Entonces, resulta lógico entender por qué varios restaurantes y comercios hacen uso de ellos para que la nariz del consumidor comande la decisión final de compra.

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