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El imperio gastronómico de Kim Jong-un: camareras esclavas, lavado de dinero y sopa de perro

Su cadena de restaurantes cobra un peaje astronómico a todos aquellos patriotas que abren una franquicia en el extranjero

Es bien sabido por la comunidad internacional que Corea del Norte pasa hambre. Lo que la mayoría del mundo desconoce es que Kim Jong-un tiene montada una cadena de restaurantes en el extranjero con camareras norcoreanas vestidas con trajes tradicionales vigiladas por agentes de seguridad que cantan y bailan. Y a veces tratan de escapar. Para más inri, en el menú de algunos lugares se encuentra la escabrosa sopa de carne de perro.

Son cerca de 130 restaurantes, algunos con Pyongyang de nombre, ubicados en su mayoría en China pero también en Rusia, Mongolia, Indonesia, Tailanda y otros países del Sudeste asiático, Países Bajos (que cerró) y hasta enero también había uno en Tarragona (España), que era el único local en Occidente dedicado al país norcoreano. Además, los gerentes de cada una de estas embajadas informales en otros países deben pagar una tasa de entre 10 mil y 30 mil dólares al gobierno norcoreano, según informa Kim Min Se para Daily NK desde dentro del país.

Eso supone casi cerca de 4 millones de dólares, que gestiona el grupo Haednghwa, una organización del gobierno de Corea del Norte. O lo que es lo mismo, según las investigaciones del periodista sueco Bertil Lintner, por la empresa Room 39, también del gobierno y dedicada a lavado de divisas extranjeras.

A precios nada moderados, las camareras, que a veces tratan de escapar como informó el Daily NK en 2005, se sirven fideos fríos, sepia a la brasa, platos con kimchi y la ya mencionada sopa de perro, que junto con una bebida afrodisíaca sin nombre hecha con alguna parte desconocida del oso (probablemente bilis) forman parte de las degustaciones más crueles que Pyongyang puede ofrecer.

Sus clientes son mayormente surcoreanos y, de hecho, es por eso que la cadena de restaurantes comenzó a encabezar titulares. El pasado febrero el gobierno de Corea del Sur instó a sus ciudadanos a dejar de frecuentar estos restaurantes en sus viajes el extranjero como medida de presión sobre el país vecino, ya que bajo las órdenes del dictador se llevaron a cabo pruebas de mísiles que molestaron en Seúl.

Según relataba el The New York Times, la estrategia comercial del estado totalitario responde a una gran necesidad de ganar divisas debido a las restricciones comerciales y otras sanciones que se le imponen derivadas de su programa de armamento nuclear.

Una estrategia que para el periódico americano suscita la sospecha de ser una operación destinada a lavar dinero para financiar un surtido de actividades ilegales que precisamente han causado la sanción de Corea del Norte.

No sabemos si sólo se sirven los platos favoritos del dictador coreano, pero de lo que se tiene constancia es que se amenizan las comidas con grupos musicales tradicionales y modernos para el deleite de sus seguidores en el extranjero.

[Vía The New York Times]

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