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La reacción de una madre al escuchar el corazón de su hijo en el pecho de otro hombre

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Menos de un 5% de receptores de órganos contactan con la familia del donante. A esta madre le regalaron el latido de su hijo una última vez.

claudio moreno

06 Junio 2017 15:57

Una mujer pone el estetoscopio en el pecho de un hombre y se echa a llorar, fundiéndose ambos en un abrazo emocionado. Son apenas 30 segundos, pero el vídeo cuenta una historia mucho más larga, de dos familias unidas por un corazón.

Los protagonistas de este vídeo que recibió más de 3 millones de visitas en 24 horas son Anna Ricks y Greg Robbins. La primera perdió a su hijo de 31 años, también llamado Greg, en un accidente de tráfico el pasado septiembre. El segundo sufrió un ataque de corazón en marzo y necesitaba un trasplante urgente. Sus caminos se cruzaron cuando Anna, tras pensarlo unos minutos, accedió a donar el corazón de su hijo.

“Al dijo que no cuando le preguntaron si quería donar el corazón de su hijo, pero después cambió de parecer”, cuenta Gwen, esposa de Greg Robbins. “Si no llega a cambiar mi marido seguramente estaría muerto, le quedaban pocas semanas de vida”.

Literalmente le salvó la vida. En agradecimiento, Greg y Gwen visitaron a Anna el 21 de mayo -Día de la Madre en Estados Unidos- para regalarle el latido de su hijo una última vez. La emoción que esta madre de Carolina del Norte demuestra en el vídeo evidencia que el latido de su hijo es el mejor regalo que pudo recibir.

Pero, ¿cómo llegaron Anna y Greg a contactar? Aunque en Estados Unidos alrededor de 14.000 personas al año ceden sus órganos, apenas un 5% de los receptores llegan a contactar con la familia del donante. El trámite elimina el contacto directo y exige que, de haber interés por ambas partes, éstas deben presentarse mediante cartas que son revisadas y enviadas por los Centros de Trasplante.

Si no llegan a darse tantos encuentros como cabe imaginar es porque  la relación entre el receptor y la familia del donante puede ser muy complicada. Asoma el sentimiento de culpa por beneficiarse del órgano de un familiar fallecido, sobreviene el recordatorio de un trágico desenlace, reabre heridas, etc. En el vídeo de Anna y Greg vemos una escenita tierna con la que resulta fácil empatizar, habría que ver qué sucede más allá de esos 30 segundos.

Una escena vetada en España

Según indica la Organización Nacional de Trasplante, España y sus socios comunitarios -salvo el Reino Unido- protege el anonimato tanto del donante como del receptor. Su objetivo es evitar que se produzcan situaciones incómodas, como la que vemos en el vídeo, pero sin consentimiento, que los familiares de un fallecido quisieran oír su latido en el pecho del trasplantado y a éste le suponga un mal trago.

O aún peor: el periodista Pepo Jiménez cuenta que el coordinador de la ONT, Rafael Matesanz, siempre recupera la misma anécdota cuando se debate sobre el tema. Hace unos años, cuando en España trascendía la identidad de los donantes y de los trasplantados, una señora de Salamanca logró localizar a la persona que llevaba el corazón de su marido e intentó reiteradamente entablar una relación sentimental con él. Decía que así “tendría cerca algo de su marido”.

En cualquier caso, el modelo español en materia de donaciones y trasplantes es un ejemplo de éxito, con cifras que nos sitúan a la cabeza del mundo (en la Tasa PMP, por millón de población). Solo en 2015 se registraron 1.851 donaciones y 4.769 órganos trasplantados, dato que, según las previsiones, mejorará hasta un 10% al cierre del 2017.

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