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Dejemos que los niños se aburran en verano

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Si nos revientan las jornadas laborales infinitas, ¿por qué reproducimos el modelo en los más pequeños?

claudio moreno

30 Mayo 2017 12:47

Los expertos en psicología infantil están empezando a inculcar ésta consigna a los padres-programadores que cargan las agendas de sus retoños con campamentos de cocina, clases de piano, robótica, natación, teatro, circo, chino, yoga… Basta.

La creciente oferta de extraescolares y alternativas veraniegas para niños posibilita que estos encuentren respuesta a sus inquietudes desde la misma infancia, pero no siempre son ellos quienes eligen qué aprender. No les dejan. En muchos casos sólo les queda luchar contra el calendario y cerrar cada jornada con fuerzas para arrastrarse hasta la cama.

“Permita que conozcan el aburrimiento”, insisten los expertos. “Es un buen modo de conseguir que descubran lo que verdaderamente les interesa. Ser un adulto significa alcanzar la autosuficiencia y ocupar tu tiempo libre de la manera que te haga más feliz”, argumenta la psicóloga infantil Lyn Fry para Quartz. “Cuando los adultos invertimos todo nuestro tiempo en completar las listas de tareas de los niños, impedimos que ellos aprenden a hacerlo”.

Si a nosotros nos revientan las jornadas laborales infinitas, ¿por qué reproducimos el modelo en los más pequeños? Al final terminan siendo víctimas del pensamiento actual, enmarcado en un capitalismo voraz, donde la capacidad de producir actúa como lubricante de nuestras relaciones. Niños que solo se socializan en clase o en su equipo. Niños que determinan su valía en la medida en que son hábiles en los estudios. O en el tenis.

Tanto produces, tanto vales.

Esta tendencia a enterrar el aburrimiento tiene una segunda contraindicación, también en la infancia, igualmente perversa. Se trata de la sobre estimulación permanente. Hace algunos días se viralizó la carta abierta de un maestro que, utilizando como ejemplo el exceso de ‘spinners’ en las aulas, alertaba sobre la espiral antiestrés en la que están inmersos los niños de la las generaciones Z y touch.

"El fin de curso del año 2017 ya pasará a la historia como aquel en el que los maestros intentaron dar clase mientras los niños daban vueltas y vueltas a su "spinner", como si de un grupo de desintoxicación de alguna sustancia se tratase", lamentaba en Facebook el profesor granadino Víctor Conrado.

"Estamos ante la generación de la sobre estimulación, del no permitir que el niño se aburra un instante, de niños que cuando comen en casa además escuchan música con sus cascos ,con la mano libre juegan con el móvil, todo ello frente de la televisión mientras su madre les pregunta... ¿Qué tal en la escuela?".

En la escuela, más o menos como en casa. Girando el ‘spinner’. A la deriva en un mar de estímulos visuales que adormecen la razón.Girando, ajenos al aburrimiento, pero también a la creatividad que nace de él. Girando, ya digo, como la peonza de Origen. Cuando despertaron del sueño, la infancia ya no estaba ahí.

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