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Aquí se libra una auténtica guerra cultural entre carnívoros y veganos

Hace unos días, la alcaldesa de Turín anunciaba su propósito de convertir la ciudad en un sitio vegano. Sin embargo, esta no es la típica noticia sobre ciudades del futuro donde todo el mundo lleva una vida de paz y armonía. La alcaldesa acaba de desatar una auténtica guerra cultural por la alimentación

Foto: Giuseppe Cacace

Hay dos maneras de ver arder a la ciudad de Turín. Una es cuando la Juventus gana el Scudetto. La otra es cuando alguien ataca a los pilares de la cocina piamontesa.

En Turín, la cocina de la mamma no se toca.

Cuando la OMS publicó su informe declarando cancerígena la carne procesada, los turineses estallaron en cólera y crearon el hastag #bracioleallariscossa, lo que literalmente significa “chuletas al rescate”. Toda una declaración de intenciones.

El Piamonte es una región carnívora. La cocina de posguerra dejó un legado: del ganado se aprovecha todo. Defienden a pecho descubierto que tienen la mejor carne del país gracias a sus razas puras. Quien se mete con la carne piamontesa, se mete con el Piamonte. La ganadería y la industria son los motores de la economía turinesa. Si Turín va bien, Italia va bien.

Así pues, nadie en su sano juicio podía imaginar que el “enemigo” estaba en casa disfrazado de alcaldesa. En un acto cercano al suicidio político, Chiara Appendino tiene un plan para que Turín se convierta en ciudad vegana.

La flamante nueva alcaldesa venció las elecciones con aparente claridad. Un 54,56% de los votos le dieron la victoria. Un voto de protesta y de ansia de novedad. Fue acogida con gritos de "onestà, onestà" (honestidad). Y vaya si ha sido honesta. En menos de un mes, tiene a los turineses conservadores de toda la vida en pie de guerra.

"Familias enteras que viven de la agricultura y la ganadería han logrado su riqueza exportando sus carnes y embutidos por todo el mundo y ahora ven como su propio hogar pretende rechazarlos. Se están volviendo locos de ira. No se pueden creer esta farsa absurda sin sentido” , nos dicen desde Turín. La sensación de que les quieren quitar la gallina de los huevos de oro es más que evidente. Y por aquí no pasan.

Appendino se siente autónoma y trata de no hacer promesas que luego no sea capaz de cumplir. Quizás el 54,56% de su electorado no se leyó el programa porque entre las 62 páginas de su programa estaba la "promoción de vegetarianos y veganos en el territorio municipal”.

Las redes sociales ardían esta semana. Los dirigentes han tenido que dar la cara y el ministro de Medio Ambiente el primero: "No queremos imponer a nadie una dieta vegetariana o vegana”. Promover no es imponer.

Estas son las iniciativas que Turín quiere promover como ciudad vegetariana:

—Crear dietas de alimentos sostenibles con el medio ambiente

—Reactivar el Veg-Festival

—Crear huertos urbanos y plantar árboles frutales

—Domingos ecológicos sin carne

—Buscar el bienestar de los animales

—Desalentar la presencia de circos con animales

—Combatir la contaminación del aire

—Promover la reducción de los residuos alimentarios

—Buscar paralelismos con el Slow Food que promueve un consumo de carne responsable

Los turineses viven los cambios con escepticismo:

“En general, Italia es muy conservadora. Es un escándalo básicamente. Aunque las nuevas generaciones están mucho mas abiertas y espabiladas, no se puede prohibir un avance. Otra cosa bien diferente es que desaparezca por completo la cultura y los hábitos en nuestras cocinas. La de toda la vida Piamontese. Eso no pasará nunca”.

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