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"Cómo estamos acabando con América": el artículo que EEUU no necesitaba

Si no has pasado por la universidad tu gusto por la comida será nulo, defiende un periodista de The New York Times incendiando el debate clasista

"Recientemente llevé a una amiga con solamente el graduado del instituto a comer..."

Así empieza la columna de opinión que apareció la semana pasada en The New York Times con el lustroso nombre “Cómo estamos acabando con América”. Cuenta algo ocurrido en un local de bocadillos gourmet cuyas paredes manchó con un buena palada de clasismo rancio David Brooks, su autor. Porque si bien el texto empezaba denunciando que las clases más bajas de EE.UU. lo tienen mucho más difícil que antes para acceder a la universidad, todo terminaba virando hacia otros lares, como puede leerse en los siguientes fragmentos:

"Insensible de mí, la conduje a un local de sándwiches gourmet. De repente vi como su cara se congelaba cuando tenía que confrontar bocadillos llamados ‘Padrino’ y ‘Pomodoro’ con ingredientes como la sopressata, el capicollo y el pan striata. Rápidamente, le pregunté si quería ir a otra parte y asintió ansiosamente con la cabeza y fuimos a comer mexicano.

La cultura de clase media-alta americana (donde se hallan las oportunidades) está enlazada hoy con significantes que son completamente ilegibles si no has crecido en esta clase. Juegan el papel del miedo normal en los humanos de ser humillado y excluído. Su principal mensaje es ‘Aquí no eres bienvenido’. (...)

Para sentirte en casa en lugares ricos en oportunidades, tienes que entender lo que es correcto: tener el carrito para bebes adecuado, el té adecuado, la clase de pilates y el vino, la postura correcta sobre Foster Wallace, criar a tus hijos y opiniones sobre el género.

Nosotros, en la clase educada, hemos creado barreras a la movilidad que son más devastadoras por ser invisibles. El resto de América ni siquiera puede nombrarlas ni entenderlas. Solamente saben que están ahí".

En resumen, para Brooks, que el ascensor social se encuentre retenido en la planta 27 es por culpa de que las barreras informales que impone la sociedad, en forma de bocadillos italianos o lecturas contemporáneas, son mucho más difíciles de saltar que las barreras estructurales, es decir, las económicas.

Como es de esperar, semejante fantochada no ha salido indemne del juicio de los lectores y The New York Times ha recogido una gran variedad de comentarios que se mostraban en desacuerdo con el columnista:

“Me siento mal por tu amiga. Sacándola del deli para llevarla a un mexicano donde se sintiera más cómoda, reforzaste tu noción equivocada de que ella no pertenecía allí. En lugar de tener un caso de 'pánico de clase', tendrías que haberle dado la bienvenida a esa nueva experiencia. Si estás contento en quedarte en tu limitado grupo, no es la culpa de la tienda de sandwiches". Mcarrca in San Francisco

“Si te han criado para esperar y aceptar que no deberías sentirte cómodo en la cultura mainstream o de élite, nunca intentarás ir más allá de lo que es familiar”. Chris, Virginia

“¿Sabes cuál es la mayor barrera para escalar socialmente en América? El dinero. No son los 'códigos sociales' o 'la corrección política' de la clase liberal como pretendes hacer entender. Es el dinero”.  John T., Nueva York

"Mr. Brooks siempre ve la solución [a la desigualdad] si la sociedad se vuelve mágicamente más espiritual, caritativa e igualitaria. No admitirá que los mercados sin restricciones exacerban la disparidad de la que se queja”. Syfrederick, Providence, R.I.

“Hay marcas culturales y de estatus, pero se relacionan más frecuentemente con el dinero que con la educación. T ener un doctorado no significa sentirte cómodo comprando en Tiffany’s a no ser que haya una voluntad personal detrás. Probemos en bajar las matrículas y en hacer que las universidades sean más asequibles en Estados Unidos y muchos de esos ‘códigos’ tal vez queden destruídos”. Joshua Schwartz, Ramat-Gan, Israel

También Alyssa Rosenberg, del The Washington Post, opinaba en contra del columnista en su artículo “Cómo ser educado podría haber salvado a David Brooks de su desastre en el deli”: “cometió un error importante, y no fue tratar las carnes del deli como si fueran exóticas. (...) La generosidad y cuidado que hay en presentar a la gente comidas nuevas en un ambiente nuevo no es solo algo de los pocos educados. Según el contexto y las circunstancias, cualquiera puede ser un experto y cualquiera puede sentirse incómodo".

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