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¿Por qué los peces nos llevan miles de años de ventaja?

"Los peces son los animales que menos conocemos", dice un experto en cultivos marinos

“El planeta Tierra se llama Tierra, pero en realidad tendría que llamarse Mar porque dos terceras partes de la superficie son de mar y no de tierra”. Javier Ojeda, gerente de la Asociación Empresarial de Productores de Cultivos Marinos de España (Apromar), se entusiasma hablando del mar el Día de la Acuicultura

El mar es un espacio enorme en el que se pueden hacer muchísimas cosas, pero tenemos un problema: los peces son los animales que menos conocemos”, sentencia.

El mar provoca admiración y respeto como fuente de riqueza, pero también como fuente de desconocimiento: “Sobretodo en cuestiones de alimentación y condiciones de cultivo sabemos muy poco. Estamos muy por detrás de la zootecnia de los animales terrestres que los hemos mejorado genéticamente durante miles de años. Hoy en día una vaca no se parece en nada a la especie antigua. En cambio, los peces casi no han cambiado desde sus orígenes. Nos llevan una ventaja de miles de años”.

Los peces casi no han cambiado desde sus orígenes. Nos llevan una ventaja de miles de años.

La acuicultura pretender ser la ciencia que acorte esta ventaja milenaria. Para muchos científicos si no logramos entender el mar tendremos un problema de mayor envergadura. Con este gran titular empieza el informe anual de Apromar: “ El mayor desafío al que se enfrenta la humanidad es alimentar a los 9.600 millones de personas que habitarán el planeta tierra en el año 2050”.

Alimentar el mundo es un slogan de doble filo (lo usa Monsanto) en el que se escuda la acuicultura para ganar cada vez más terreno al mar con sus cultivos marinos. Así lo ratifica, Javier Ojeda, gerente de Apromar: “La humanidad la forman algo más de 7 mil millones de personas que están creciendo a un ritmo acelerado para llegar a los 11 millones el siglo que viene. Eso es una realidad contra la que yo no tengo solución. Si sólo aprovecháramos los recursos silvestres de la tierra firme no daría ni para alimentar a 500 millones de personas”.

Si sólo aprovecháramos los recursos silvestres de la tierra firme no dará ni para alimentar a 500 millones de personas.

Según el Ministerio de Agricultura del gobierno español, “se entiende por cultivos marinos la realización de las acciones y labores apropiadas para la reproducción o crecimiento de alguna o varias especies de la fauna y flora marina”. Esta es la definición oficial. Para el sector, la acuicultura es la panacea de la alimentación del futuro.

Javier expone un paralelismo muy visual: “ La acuicultura es a la pesca lo que la ganadería es a la caza. Hemos pasado de capturar los animales marinos en el medio natural a “cultivarlos” en una granja acuática. Es un concepto que llega 5 mil años más tarde, pero ya ha llegado y es una realidad. Hoy en día más de la mitad del pescado procede de granjas y cada vez menos de la captura”. Los datos oficiales del informe anual ratifican la visión experimentada de Javier. La producción de acuicultura a nivel mundial en 2014 ascendió a 101,1 millones de toneladas, con un valor de más de 132,8 millones de euros como se puede ver en este mapa de la FAO.

España, por la calidad de sus aguas, amplias costas y una excelente zona geográfica es una de las grandes potencias. En 2014 sumó un total de 282 toneladas siendo uno de los países líderes a nivel europeo: “La clave es que en España históricamente siempre se ha consumido mucho pescado. Sea por cuestiones religiosas o calidad de producto, pero es uno de los países europeos que más pescado consume. Esto ha creado una demanda de mercado que no existe en otros países miembros de la UE. España fue líder en el sector de la pesca (ya no lo es) y ahora quiere ser líder de nuevo en acuicultura (que lo somos)”.

La acuicultura es a la pesca lo que la ganadería es a la caza.

Pese a las dificultades obvias de trabajar en el agua y no en tierra firme, los beneficios de la acuicultura no dejan de crecer: “Los peces tienen una serie de ventajas muy claras. En su reproducción una hembra produce cientos de miles de huevos cada año. Nada que ver con una ternera por ejemplo. Y luego, los peces flotan en el agua y no tienen que gastar energía en ponerse de pie, luchar contra la gravedad o mantener una temperatura corporal como los mamíferos. La mayor parte de su energía la dedican al crecimiento”.

Además, los acuicultores tiene un discurso muy bien aprendido respecto al maltrato animal: “ Los peces están muy lejos de los seres humanos en la tabla evolutiva. Un mamífero está más cerca de la personas, una ave está más cerca de los mamíferos y luego vendría el pez. Todo lo que tiene que ver con enfermedades de transmisión de animales a personas es mucho más lejano. Algo parecido a la gripe aviar sería imposible que pasara con los peces. Los parásitos o bacterias morirían en temperaturas marinas”.

Pero, ¿pierde sabor el pescado de acuicultura? Aquí entra en juego un factor emocional: “Yo no voy a discutirle a una persona que probó el mejor pescado del mundo junto a su abuelo pescando en la playa. Es una tontería comparar una dorada de granja con una dorada pescada una noche estrellada con un amigo de toda la vida. Aquí entra una cuestión subjetiva que no es discutible. Pero si es cierto que en la acuicultura hacemos catas a ciegas de nuestros pescados y nuestros productos ganan y con mucha diferencia a los de pesca silvestre. No hay un problema de calidad en nuestro pescado”.

Al consumidor de hoy le pedimos que sea alfabeto. Que sea culto y conocedor de los alimentos. Vamos a ver: Un salmón es rojo porque come unos pigmentos rojos. Todos los pigmentos que utilizamos están autorizados y pasan las revisiones sanitarias”. El consumidor final se ganó fácilmente, pero en un primer momento, la acuicultura topó con la desconfianza de dos sectores: los pescadores de toda la vida y las organizaciones ecologistas. Los primeros tenían la sensación de perder su terreno, los segundos temían por el poco fondo marino que nos queda.

Evidentemente, se han buscado soluciones para convencer a unos y a otros: “Yo no conozco ningún pescador que crea que la acuicultura pueda ser su ruina. Los peces que se producen en la acuicultura prácticamente no existen en la vida silvestre. El salmón atlántico silvestre prácticamente ha desaparecido del mar, así como la dorada y lubina. Es decir, en los mercados no competimos. Sí que es cierto que en las costas donde se hace la pesca artesanal o de bajura ha existido algún tipo de recelo con la acuicultura por ocupar los mismos espacios. Ha ocurrido, pero se ha ido resolviendo. Los hijos de los pescadores trabajan en las granjas de acuicultura porque es un trabajo mucho más cómodo, con horarios, contrato fijo y trabajo de calidad".

Ha existido algún tipo de recelo con la acuicultura por ocupar los mismos espacios que los pescadores de costa.

La privatización de algunos océanos no permite a muchas familias salir a pescar como antes. Aquí entramos en aguas movedizas: “ El mar no se privatiza para que haya acuicultura. Lo que hay son concesiones administrativas. Alquileres de la costa por un tiempo limitado. El pescador pudo sentir en algún momento que el océano era suyo y podía pescar donde quisiera. Esto se acabó en tierra firme y se está acabando en el mar. Entiendo que es una transición no querida, pero la realidad es que los pescadores ahora trabajan para poder vivir de una pesca sostenible. No hay un enfrentamiento con los pescadores y si lo hubo fue puntual y se ha ido resolviendo”.

La acuicultura tampoco olvida la flora marina como gran solución para los países más necesitados: " La acuicultura vegetal ,con Asia a la cabeza, se basa mayoritariamente en las algas porque la cocina cada vez valora más sus propiedades nutricionales. Sobretodo por una cuestión elemental: el pescado es saludable porque aporta ácidos grasos esenciales Omega-3. Estos peces no sintetizan por si solos estos aceites, necesitan comer micro algas que son los grandes generadores de omega 3 del mundo”.

La acuicultura vegetal ,con Asia a la cabeza, se basa mayoritariamente en las algas.

Las algas sólo piden una cosa: buena calidad de las aguas. “En el Mediterráneo se produce poca alga porque es un mar pobre en contenido nutricional.  No es una agua rica. Sin embargo el mar en Galicia es riquísimo. Es donde se hacen las mejores algas de acuicultura junto con Cantabria y Asturias. Nuestros grandes cocineros cada vez las utilizan más, pero es verdad que aún no han entrado en las cocinas de la mayoría de españoles”.

El sector de la acuicultura no esconde cuáles son los grande retos y desafíos que aún no se han logrado: “ Llegará un momento que daremos un enorme salto hacia delante. Se requiere ingeniería y soluciones de innovación. Eso lo veremos todos nosotros, pero para eso es necesario mejorar el marco administrativo. En concreto permisos, leyes de costas y de ríos que normalmente son tremendamente lentos”.

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