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El arroz premiado que cultiva una familia de patos

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Mujer lista + patos felices = uno de los mejores arroces del mundo

rosa molinero

29 Diciembre 2016 14:03

Hou Xueying tiene 40 años, una granja y un sueño cumplido: fabricar uno de los mejores arroces ecológicos de alta calidad en el mundo. Para lograrlo tuvo una idea brillnate: comprar una familia de patos para que vivan tan campantes por sus cultivos de arroz.

Lo único que les pide es que vivan felices para que la natrualeza haga el resto.

La historia de esta mujer, el arroz y sus patos acaba de ganar el Premio de Mejor Campesina 2016, según la Organización Real Food Films.

Antes directora financiera en una empresa de moda, Hou llegó a la conclusión que su frenética vida laboral en Shanghai la estaba matando. Y se marchó a una isla en la desembocadura del Yangtsé, Chongming, donde alquiló unas hectáreas de tierra. Tenía muy claro lo que quería: cultivar el campo sin emplear pesticidas y fertilizantes de laboratorio.

Pero a los campos hay que alimentarlos con algo, así que crió patos para que con sus heces abonen los arrozales.

Los patos se dejan libres entre las plantas una semana después de sembrar el arroz. Pasean, picotean y baten el suelo en busca de gusanos, arrancan las malas hierbas y de este modo abonan la tierra y además, dijo Hou para Ideal Shangai, mejoran las defensas de las plantas.

Para los agricultores locales, parecía un objetivo imposible sacar adelante la primera cosecha sin la ayuda de productos artificiales. Pero se equivocaban: Hou Xueying consiguió 200 kilos de un maravilloso arroz. De ahí sale un magnífico arroz para usar en cocina y también para pasteles de arroz y un vino dulce típicamente japonés.

Motivada por los frutos de su esfuerzo, sigue avanzando con esta aventura que empezó hace 6 años atrás con la ayuda de su marido y el rechazo de sus padres, que ven como un atraso que su hija regresara al campo.

Tampoco cuenta con el subsidio del gobierno, ya que solamente se otorga a las granjas de producción orgánicas con un mínimo de extensión al que Hou no llega. Además, la certificación orgánica supone una inversión de dinero de entre 3.000 y 8.000 euros.

Fue duro, pero nada los frenó. Actualmente también crían ovejas, pollos y cerdos. Ellos les hacen un preciado regalo con sus heces, que emplean para fertilizar tanto los campos de arroz como los de los forrajes que los alimentarán.

Sabe que ha creado un ecosistema autosostenible. Y está convencida que este tipo de agricultura no es solamente buena para la salud sino también para la tierra.

La empresaria arrocera ha comprobado que para hacer las cosas bien, no tiene que tener prisa. No le importa que su productividad sea una décima parte que la de los campesinos tradicionales ni tampoco que no vaya a hacerse rica, dijo para China Daily. Su campo da una única cosecha de arroz al año y luego se planta soja que se entierra para que enriquezca el terreno.

En el futuro quiere convertir una parte de la granja en escuela. “Me he dado cuenta que a muchos niños les interesa la comida y la agricultura pero no tienen la oportunidad para aprender porque tienen demasiados deberes”, dijo Hou.

Mientras, la familia de patos vive a sus anchas entre preciosos arrozales sin saber que de sus patas depende uno de los mejores arroces del mundo.

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