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¿Hasta qué punto deben los padres decidir la alimentación de sus hijos?

Una de las decisiones que conlleva la adolescencia es la alimentación que se quiere seguir

La obsesión por la alimentación no sólo ha llegado al mundo de los adultos, también lo ha hecho en el de los niños. Cada vez más los padres se preocupan por la dieta que siguen sus hijos, incluso decidiendo si estos deben ser vegetarianos o veganos. La reflexión se ha abierto hasta el punto de pensar: ¿deberían existir límites entre el poder de decisión del adulto y el del niño cuando ya no es tan niño?

Empecemos con un ejemplo evidente: en 2012, asaltó los medios el caso de Tom Watkins. Su madre lo llevaba alimentando desde los cinco años con una dieta crudivegana, es decir, a base de frutas y verduras crudas. Francis Kenter defendía que aquella era la mejor opción para su hijo, asegurando que los productos cocinados o de origen animal perjudican la salud.

Foto: Dom Sebastian

El gobierno, por su parte, la acusaba de negligencia materna alegando que esa dieta estaba retrasando el crecimiento del ya adolescente y que el bajo nivel de proteínas en su cuerpo podía causarle daños irreparables. El debate se abría y la polémica estaba sobre la mesa: ¿tenía derecho esta madre a decidir la dieta de su hijo cuando este tenía quince y no cinco años?

Aunque la decisión de Francis fue extrema, los datos reafirman continuamente la nebulosa de preocupaciones: la tasa de obesidad infantil aumenta cada año en Europa y EE.UU. Sin ir más lejos, España es el país con mayor prevalencia de obesidad en toda Europa, con un crecimiento “mucho más rápido” que el de EEUU en los últimos veinte años. Así lo explica Adelardo Caballero, director del Instituto de Obesidad (IOB). 

Además, un estudio de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) confirmaba que el 57% de los jóvenes y niños españoles no consumen las dos raciones de fruta diarias recomendadas por la OMS.

Foto: Scottie Cameron

En respuesta a este bombardeo de cifras, se popularizó la campaña de las cinco raciones de fruta y verdura al día. La sociedad, con los padres al frente, se respaldaba en las propiedades y beneficios de estos alimentos.También se justificaba mencionando las graves consecuencias que a la larga provoca el consumo masivo de bollería industrial y otros hábitos que las sociedades “desarrolladas” parecen tener más que adquiridos. Algunos de los trastornos son la diabetes y el colesterol alto.

Sin embargo, la cuestión sigue girando entorno a si los padres tienen o no el derecho moral a decidir la alimentación de sus hijos en el momento en que estos llegan a una cierta edad. Una edad que supera la niñez y pasa a formar parte de la adolescencia. Una edad en la que nos educan para empezar a tener nuestros criterios y tomar nuestras primeras decisiones solos.

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