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Una nueva ley que permite no atender al colectivo LGBT: ¿interés personal llevado al poder?

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Varios restaurantes de Misisipi se niegan a acatarla con un mensaje de “aquí todo el mundo es bienvenido"

Helena Moreno Mata

12 Mayo 2016 12:25

El pasado mes de abril se aprobó en Misisipi la ley que da derecho a individuos de empresas públicas y privadas y organizaciones religiosas a denegar servicios a personas que pertenecen al colectivo LGBT. En ese complicado terreno político-social, los restaurantes y algunas grandes empresas han jugado un papel importante al negarse a obedecer la ley.

El sector político —con Phil Bryant, gobernador de Misisipi, al frente— salió airoso de la situación. Poco más tarde, esta se convirtió en un asunto bochornoso, una huella que contribuía a marcar un antes y un después en la vida de los ciudadanos de este estado.

«Lo firmo para proteger las creencias religiosas y convicciones morales de los individuos, organizaciones y asociaciones privadas». Estas fueron las palabras de Bryant cuando se intentaba justificar ante la multitud fervorosa por la nueva decisión de la justicia. Pero, seguramente muy a su pesar, parte de los propios implicados tomaron cartas en el asunto en cuestión de poco tiempo.

Uno de ellos fue el galardonado chef John Currence, dueño de varios restaurantes en Oxford, (Misisipi), quien aseguró que la ley podría llevar a la discriminación debido a las empresas que no quieren servir a los gays y lesbianas. Pero en sus palabras también hubo un tono más contundente: “Estos gilipollas hablan de mujeres y hombres gays utilizando el mismo lenguaje que utilizaban en los años 50 y 60 para apoyar la segregación".

En general, gran parte de los restaurantes han tenido clara su posición. Y la han demostrado con la iniciativa “aquí todo el mundo es bienvenido”. Esta consiste en tener un letrero en la puerta del local que permita la entrada de unos y otros, indistintamente de su condición sexual. Algo que parece responder a una voluntad por posicionarse ante la polémica situación.

Peter Henning, profesor de derecho en la Universidad del estado de Wayne, lo explica así: “las corporaciones preferirían estar en silencio, pero no puede ser. El público, particularmente el público comprador, quiere saber dónde se posicionan las empresas. Los consumidores están politizados y prestan atención hasta tal punto que el posicionamiento de las empresas genera muchas expectativas".

Además, grandes empresas de la industria alimentaria como Starbuck’s ya dieron como respuesta un ante el referéndum sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo, celebrado en 2012. Y ahora también quieren que todas ellas tengan el mismo derecho que el resto.

Es cierto que cada acto que suponga cuestionar el derecho al honor da lugar a opiniones e intervenciones. Sin embargo, no es la primera vez que trabajadores del sector de la restauración se pronuncian en contra de algo así. En 2014, cuando se introdujo por primera vez el proyecto de ley 1523, C. Michell Moore —propietario de una panadería en Jackson— inició una campaña en Facebook: "Si vas a comprar, estaremos vendiendo". Todas ellas son iniciativas que, de forma clara, pretenden acabar de una vez por todas con los actos que van en contra de la libertad sexual.

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