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Se niega a ser operado tras comprobar que su anestesista era una mujer

"Que ninguna mujer ponga una mano sobre él"

Los prejuicios son un obstáculo para la misma vida. Sirva el siguiente ejemplo.

La semana pasada, un anciano de Savona que tenía previsto operarse de una hernia inguinal en el Hospital de San Paolo, en Liguria, se negó a ser intervenido tras comprobar que su anestesista iba a ser una mujer.

Sucedió después de que el personal médico prepara las radiografías prequirúrgicas, los análisis de sangre y los electrocardiogramas pertinentes.

La anestesista, al ver que el anciano de 76 años se oponía repentinamente a la operación, preguntó: “¿Puede decirme cuál es el problema?”. El paciente le pidió que no se lo tomara como algo personal, pero que había oído “hablar” sobre el personal médico femenino del hospital y no quería ser tratado por una mujer.

Su esposa se unió a la discusión e insistió en la misma línea: “Que ninguna mujer ponga una mano sobre él”. Frustrados y enfadados por retrasar las cinco cirugías que tenían aún pendientes, la anestesista y el cirujano llamaron a sus superiores para dar con una solución.

“Esto no es una clínica privada y usted no puede elegir al médico de un catálogo”, le dijo el responsable. “Tenemos a este equipo en el turno de hoy, si está conforme con ello iremos a la sala de operaciones y haremos lo que tenemos que hacer. De lo contrario, el jefe de cirugía sugiere que firme para renunciar a la intervención y así poder ser tratado en una clínica privada donde podrá exigir lo que quiera”.

Eso fue precisamente lo que hizo. Firmó y se fue del hospital. Por su parte, el jefe de Anestesiología, Brunello Brunetto, defendió a su equipo médico argumentando que “más allá de su género, todos los anestesistas son plenamente capaces de cumplir su papel”.

También tomó partido la alcaldesa de Savona, Ilaria Caprioglio, y mostró su plena solidaridad tanto con la anestesista como con el personal femenino del hospital. Caprioglio calificó el episodio de “absurdo, incomprensible e inaceptable”.

Un gesto absurdo que no le saldrá gratis. La consejera regional de salud, Sonia Viale, aclaró que su oficina facturará al paciente por los procedimientos prequirúrgicos a los que se sometió antes de rechazar el tratamiento –estos  procedimientos en Italia suelen ser asumidos por el Estado–.

“Es un tema sensible porque los pacientes podrían plantear razones incluso religiosas para rechazar el tratamiento por parte de una mujer”, alegó Viale. “Debemos ser estrictos cuando se trata de ofrecer atención gratuita  de calidad a todo el mundo”. De la misma manera, debemos ser estrictos a la hora de lidiar con los prejuicios heredados de épocas más oscuras. Sea en el ámbito que sea.

(Vía Telegraph)

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