Food

El estómago de la ciudad más falsa del mundo produce monstruos

Un fotógrafo ha visitado todos los distritos de Los Ángeles más allá del cartón piedra de Hollywood. Y la comida que ha encontrado es tan fascinante como extraña

Los Ángeles, 13 p.m.

El sol empapa cada rincón de la playa de Santa Mónica. Los surferos van saliendo del agua. El ruido del skate se confunde con el de las olas y hasta hora se reduce, pero no cesa. El Estados Unidos de cartón-piedra en Hollywood todavía asombran a algún despistado. Pero el hambre empieza a apretar y a angelinos y turistas se les presenta el eterno dilema: ¿qué comeré hoy?

La vasta oferta fulmina a los indecisos. Espaguetis con chili, lobster roll, aros de cebolla y hotdogs, zumos de raíces. Y levanta más de una ceja entre los puristas, porque a la sombra de una palmera, el estómago de Los Ángeles produce monstruos: pizza con macarrones, gofres con pollo frito, nachos con kimchi, tacos coreanos, tiramisú descafeinado sin alcohol.

Y poké. Y kale everywhere. Y granolas. Y buda bowls. Y café de la tercera ola.

Son los cultivos de la segunda ciudad más poblada de todo Estados Unidos en un sinfín de distritos de lo más variopintos. Venice y Malibú y Santa Mónica, sí, pero también Burbank, Silver Lakes, Inglewood, Hermosa Beach, University Park.

Todo eso fascinó Víctor Garnier Astornio, un bordelés que en 2010 se fue a estudiar de intercambio a la Gran Naranja. De allí se trajo la pasión por la fotografía y un hambre voraz por las hamburguesas que lo llevó a abrir cinco en París. Y cuando Los Ángeles volvió a atraerlo hacia sí, nació Los Ángeles. Las recetas de culto, un volumen que a la vez es recetario, fotolibro y crónica de un viaje gastronómico.

Lo abres y te gustaría que las fotos, hechas en película, que alimentaran el feed de tu instagram. Y probablemente tu estómago, aunque ese pedazo de pizza tailandesa de California Pizza Kitchen acaba de sacudirte la mente. Pero, ¿cómo que tailandesa? Así de voraz es Los Ángeles, que se traga todas las culturas, las dirigiere e intenta ofrecer algo nuevo. ¿Mejor? Yo no me atrevo a decirlo, pero tú igual sí; apunta: salsa de cacahuetes sustituyendo al tomate, la sacrosanta mozzarella es intocable, pero que no falten ni el cilantro, ni los brotes ni un aderezo de salsa de soja, jengibre y miel.

Entre receta y receta, hay algunas historias igual de sabrosas, como la de la granja que antes fue cárcel de Steve y Olivia, que gracias al trabajo de voluntarios abastece por completo el restaurante The Farmer and the Cook, en Ojai (Ventura), siendo fieles al culto californiano de respetar el producto local por encima de todas cosas.

'¿No estaría genial tener un restaurante dentro de una granja?', pensó la cocinera y nutricionista Katherine mientras visitaba a Steve. Una década más tarde, se casaba con el agricultor y se planteaban un negocio conjunto para combatir los precios astronómicos de la comida orgánica en San Francisco. Y el sueño, esta vez, se convirtió en un paraíso para los amantes de los vegetales.

Y la del talento de Ralph “Doc” Guthrie, un artista que ha dedicado su trayectoria al cartelismo artesanal sin el cual la estampa típica de Los Ángeles no sería la misma. Los coloridos rótulos de alto contraste y tipografías únicas, que una vez fueron sustituidos por neones, vuelven a las calles gracias a las clases que Ralph da en Los Angeles Trade Technical College, donde enseña este oficio que no debería perderse.

O la del Neptune’s, hogar de moteros en el cruce entre Mullholland Drive y Pacific Coast Highway, donde dice el autor que sirven uno de los mejores fish&chips del país frente a la costa de Malibú.

Precisamente, en el paisaje angelino encuentra Garnier la respuesta a este despliegue extravagante de fusión culinaria: “Todos esos elementos propicios al ensueño y a la meditación explican, sin duda, por qué Los Ángeles alberga algunos de los platos más creativos y más sanos del mundo”.



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