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"El mundo existió sin humanos durante millones de años. Y le fue muy bien sin nosotros"

El mayor experto en inteligencia animal habla claro: "¿Podría matar a un animal y luego comérmelo? Si no puedo, no tengo que participar de ese sufrimiento"

¿En qué piensan y qué sienten los animales? Esta es la pregunta que se hacía de pequeño Carl Safina y lo que tras una vida dedicada al estudio y la conservación de la fauna salvaje le ha llevado a escribir el libro Mentes maravillosas. Lo que piensan y sienten los animales (Galaxia Gutenberg, 2017). Lo entrevistamos en su visita a Barcelona con motivo del festival Kosmópolis.

La ciencia nos ha hecho creer que la pregunta que te planteabas de niño era simplemente eso, una pregunta infantil que no merecía su atención.

Cuando la ciencia del comportamiento empezó 60 o 70 años atrás, era muy difícil contestar a la pregunta sobre qué siente o piensa un animal. Nadie sabía nada sobre cómo vivían realmente los animales salvajes. Y mayoritariamente hacia los años 1960 la gente empezó realmente a estudiar cómo vivían los animales y a entender algo de cómo vivían. Por ejemplo, no sabían que los elefantes viven en grupos de familias, donde está la madre y todas sus hijas. Pensaban que el más grande era el macho y ya está. Tampoco sabían nada sobre chimpancés. No sabían nada de nada. Ahora tenemos estudios sobre el sistema nervioso y hormonal y unas investigaciones que están en continua aceleración.

Foto: Barb Ferguson

Está fuera de toda duda que los vertebrados sienten y piensan.

¿Cuál fue el punto de inflexión?

No creo que hubiera un punto de inflexión como tal. Fue un proceso lento. Destaco Jane Goodall, que entendió algo de las vidas de los chimpancés. Recibió muchas críticas al principio, es cierto, pero al final su trabajo triunfó y estaba en lo cierto: los chimpancés saben que son individuos, se conocen y saben quién los conoce. También hubo un libro  sobre el tema que se llamaba The Question of Animal Awareness, publicado en mitad de la década de los 70’s, que muchos científicos ignoraron. Estas cuestiones fueron calando y lentamente las respuestas empezaron a llegar.

—Pese a todos estos ejemplos que citas, ¿por qué seguimos pensando que los animales son seres con una inteligencia inferior a la nuestra?

Creo que no todo el mundo lo piensa. Mucha gente está confundida sobre lo que la ciencia dice respecto a este tema. Y mucha gente piensa que la ciencia dice que los animales no tienen ni pensamientos ni sentimientos. Sin embargo, científicos de los más punteros dan por sentado que los animales sienten y piensan, tienen conciencia y experimentan sus sensaciones y emociones. Creo que lo que plantea más dudas es cuando se sale del mundo de los vertebrados y se duda de si los insectos tienen ese mundo interior. Lo que está fuera de toda duda es que los vertebrados sienten y piensan y los animales que son sociales se conocen a ellos mismos y a los otros.

Si pensamos que los animales piensan y sienten, veríamos el sufrimiento que les causa nuestra forma de vida.

Entonces, tal vez es que no nos lo queremos creer.

Exacto. La gran mayoría de la gente cree que no es conveniente pensar que los animales piensan y sienten, porque entonces verían que estamos causando sufrimiento a los animales con nuestra forma de vida. Eso se convierte en algo muy incómodo. Quieren todas esas cosas que provienen del sufrimiento animal, la carne, el cuero, las pieles, pero no quieren pensar que los animales están sufriendo, no quieren saber realmente cómo sucede ni cómo se hace eso que quieren comprar.

Es tal y como explicas en el libro: “En ocasiones, da la impresión de que los humanos piensan, pero no sienten del todo. Resultaría bastante perturbador que un cerdo gritase: ‘¡Tengo mucho miedo! ¡No me mates!’. Aunque, por supuesto, es lo que dice cuando lo están matando”. ¿Cómo es posible conciliar comer carne y pensar que los animales sienten y piensan?

Esto es la pregunta que cada uno tiene que responder. Pero la razón es que para las personas es posible tener dos pensamientos contradictorios al mismo tiempo. Lo que dice mucha gente es eso de “sé que hay cosas malas en esto, pero lo quiero de todos modos”. Y el hecho fundamental es porque podemos tener las cosas que queremos sin tener que ser los que las conseguimos, sin tener que ser los que creamos el sufrimiento, sin tener la responsabilidad directa. Esta es una de las cosas terribles que ocurren en la vida moderna. Es lo que hace que la gente haga cosas que en realidad no harían por ellos mismos. Así, muchas veces la pregunta alrededor del consumo de carne es: ¿yo lo haría? ¿podría matar a un animal y luego comérmelo? Si no pudiera, no tengo que participar de ese sufrimiento. Esta es la pregunta que yo mismo me hago.

La pregunta sobre el consumo de carne es: ¿yo lo haría? ¿podría matar a un animal y luego comérmelo?

Pero, ¿no es cierto que los animales también hacen sufrir a sus presas y son conscientes de ellos?

No creo que los animales sean conscientes del sufrimiento de su presa. Y aunque lo fueran, el grado y la duración del sufrimiento también es muy diferente. Porque, pensemos en un depredador como un zorro: si se come un ratón, ese ratón vive como un ratón toda su vida hasta que el zorro se lo come. Hace cosas de ratón de la manera que las hace un ratón. Pero esa no es la manera en que hacemos funcionar nuestro sistema alimentario, en el que no se permite que los animales se comporten como es natural y la mayoría del tiempo tienen una calidad de vida terrible. En la naturaleza, los depredadores no hacen que sus presas vivan miserablemente. Solamente nosotros lo hacemos. Esto es lo que supone la gran industrialización del sistema alimentario, que es de donde proviene la mayor parte de la comida. Para mí, es algo muy distinto los animales que viven en una granja respetuosa o en un gran lugar para pastar donde pueden vivir y comportarse como animales.

En la naturaleza, los depredadores no hacen que sus presas vivan miserablemente. Solamente nosotros lo hacemos.

¿Esta diferencia puede ser difícil de comprender para alguien que no ha estado nunca en contacto con animales?

Sí, y este es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad: estamos absolutamente aislados, sin contacto con el resto del mundo viviente. Mira esta sala: somos dos cosas vivas y ¿dónde está el resto del mundo que nos hace funcionar? En esta habitación no hay nada. Todo lo que hay en esta habitación está hecho por personas y de todas maneras estamos bien y tenemos comida en el estómago. Pero esto no es lo real. La realidad es que la comida que comemos ha venido de algún lugar y estamos completamente alejados de esa realidad. Es muy extraño y no creo que sea bueno para nosotros que no tengamos contacto con lo que nos permite seguir viviendo. Repito: no tenemos ningún contacto con lo que hace posible nuestras vidas. Tampoco sabemos de dónde viene nuestra agua, a dónde van nuestras heces cuando tiramos de la cadena, quién construyó nuestra casa, nuestros coches, de dónde vino el metal o lo que cuesta conseguir el petróleo. Realmente, no entendemos nada de lo que somos. 

La gente solía estar en contacto con lo que los hacía existir: trabajan en una granja para conseguir lo que necesitaban y solían hacer cosas para ellos mismos. Pero nos hemos alejado más y más de esa parte de la realidad. El sistema natural humano es uno en el que todo el mundo coopera y todo el mundo se beneficia. Pero hemos construído un sistema en el que cooperamos la mayoría del tiempo pero también podemos ser muy poco generosos y sólo querer más, más y más y podemos tomar más y más de algún lugar que ni tan solo vemos. Porque si tuvieras que matar a un cerdo, cortar un bosque o empezar a excavar una mina, sabrías todo lo que involucra. Pero no tenemos ni idea. ¿Cómo podemos tomar decisiones si ni siquiera sabemos lo que deberíamos preguntarnos a nosotros mismos?

No tenemos ningún contacto con lo que hace posible nuestras vidas. Realmente, no entendemos nada de lo que somos

Y esta manera de vivir que ignora la vida, ¿crees que nos provoca problemas psicológicos?

Sí, absolutamente. Tenemos comportamientos en el mundo moderno que no existen en el mundo animal ni tampoco en el mundo del hombre primitivo. Si vives en un grupo pequeño, donde todo el mundo se conoce, no hay nadie que pueda mentir sistemáticamente o que se salga con la suya siendo violento o abusón. Muchos de los comportamientos enfermos que tenemos son síntomas de la forma en la que vivimos en el mundo moderno. La modernidad ha traído muchas cosas buenas, pero muchas otras cosas desafortunadas las han acompañado.

¿Eso incluye nuestra falta de empatía hacia los animales?

Sí. En las sociedades cazadoras-recolectoras, la gente podía ver que los animales eran superiores en muchas maneras: más rápidos, más fuertes, podían oír, oler mejor y por ello los respetaban. Son muchas las culturas en las que se hace una pequeña ceremonia de agradecimiento a un animal cuando el cazador lo mata para comérselo, porque creen que el animal ha tenido que estar de acuerdo en esa caza. Y porque saben que si no tuviera lugar la caza, ellos no podrían sobrevivir. Por ejemplo, los nativos americanos de la costa oeste de Norte América dependían del salmón para su supervivencia y creían que los salmones eran sus ancestros, que vivían en grandes ciudades en el fondo del mar y que se convirtieron en pescados que aparecieron en los ríos para alimentar a las personas.

Obviamente, esto no es verdad pero por su gran respeto hacia los salmones, la relación que tenían con ellos era mucho más efectiva y podría haber durado para siempre, porque el respeto era la clave de esa relación. Cuando los europeos llegaron, no tenían ningún respeto hacia los salmones y dijeron “vamos a hacer una presa, vamos a talar los bosques” y, ¿qué pasó? Que destruyeron los ríos y los salmones han desaparecido prácticamente. Entonces, ¿quién está en lo correcto? La gente que creía en hechos incorrectos y que respetaba el mundo de manera que pudiera renovarse o la gente que entendía los hechos objetivos pero le faltó el respeto al mundo y lo destruyó?

Nuestras tradiciones religiosas nos enseñan que no somos parte del mundo, que el mundo es un lugar profano, sucio y malvado y que el cielo y lo espiritual es la realidad. En cambio, a esos indígenas americanos se les dijo que provenían de una concha de almeja que fue abierta por un cuervo; ese era su mito de creación. Creían que provenían del mundo y que un pájaro los trajo a la vida y por esta razón no eran gente que odiara el mundo ni estuviera en guerra con él.

¿Quién está en lo correcto? Quien creía en hechos incorrectos y respetaba el mundo o quién creía en lo objetivo pero le faltó el respeto al mundo y lo destruyó?

¿Qué podemos hacer para volver a conectarnos al mundo? En el libro dices que “Tenemos la habilidad para ser compasivos pero no estamos a la altura de las circunstancias”.

El resumen es que hay que contribuir para que el mundo siga vivo. Hay que entender qué podemos hacer en nuestras vidas, qué esfuerzo podemos destinar y qué decisiones podemos tomar como consumidores para dañar menos el mundo.

Porque podemos escoger ser parte o no del sistema alimentario industrial, de la producción de cuero y de pieles. Ser vegano o vegetariano. O algo entre medio: comprar productos de granjas orgánicas o vivir cerca de granjas donde la gente está concienciada para ser menos cruel. Depende de dónde y cómo vivamos, podemos dar a los animales salvajes un espacio en nuestras vidas y coexistir con ellos en paz. Si vives en la ciudad, puedes dar apoyo a los grupos conservacionistas. Puedes escoger lo que haces y a quién apoyas. Tenemos que considerar las otras cosas que viven en el mundo y dejarlas vivir. Este es el primer paso y un valor crucial, porque si no le das espacio a algo que no eres solamente tú, se van a perder todas esas vidas y eso es algo terrible.

Foto: Carl Safina

Esto es lo que quiero de mis lectores: que contribuyan a que el mundo siga vivo.

Sin embargo, hay muchas personas que creen que el voluntariado con animales o el apoyo a grupos que cuidan de la fauna salvaje es algo inútil

No sé porque lo piensan, cuando hay otras cosas mucho más populares que no piensan que sean inútiles. ¿Qué es lo útil del fútbol? ¿Qué es lo útil de la moda? ¿Cómo puede considerarse eso útil y preocuparse por el mundo inútil? Es un punto de vista completamente distorsionado. Y es la misma razón por la que las campañas de animales como los peces pasan desapercibidas por la mayoría de la gente . La respuesta está en una limitación de la mente humana: el narcisismo. Lo que nos preocupa más somos nosotros mismos y solamente nos genera más empatía lo que se nos parece más. Sin duda, ese es el origen de muchos de nuestros problemas y la compasión es la respuesta final a todos ellos.

Foto: Santuario Gaia

El narcisimo es el origen de muchos de nuestros problemas y la compasión es la respuesta final a todos ellos.

Ya por último, ¿crees que esto será así hasta el infinito, que los humanos seguiremos dominando el mundo?

Los humanos solamente han estado dominando el mundo muy recientemente. Si hubieras hecho esa pregunta hace hace 5 mil años, hubieras tenido que decir: “¿Llegarán algún día los humanos a dominar el mundo?”. No creo que los humanos sigamos estando por encima de todos, porque estamos destruyendo todo lo que tenemos debajo y eso hará que nos derrumbemos, igual que ha pasado con todas las civilizaciones, porque han sido incapaces de ver las señales de alerta, de entender los excesos y comprender que debilitan lo que las mantiene vivas.

Foto: Carl Safina

Los humanos estamos destruyendo todo lo que tenemos debajo y eso hará que nos derrumbemos.

¿Pero qué pasaría si nuestra civilización se derrumba?

Viviremos en un mundo extremadamente empobrecido donde todos estaremos al borde de la necesidad, no habrá agua ni tierras ni comida ni espacio suficientes y se hará la guerra por todo ello. La solución está en el equilibrio: limitar nuestros apetitos, tener en cuenta al resto del mundo que no somos nosotros y dar lugar a la paz y a lo bueno que hay en nosotros, como la compasión, la creatividad, la educación, la mejora de la sanidad.

¿Y si desapareciéramos?

El mundo existió sin humanos por miles de años. Y le fue muy bien sin nosotros.

Carl Safina participa activamente en la defensa de la fauna y los hábitats salvajes desde su fundación, el Safina Center.

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