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Cómo entrenar a tu pequeño cabrón interior bebiendo solo en casa

"Si beber solo es como estar muerto para el resto de la humanidad, estoy muerto"

Haz la prueba: dile a cualquier amigo, conocido o saludado que has pasado la noche del sábado bebiendo solo en casa. Vas a ver lo que es un cortocircuito facial de manual.

Un tic nervioso va a recorrer todos los músculos de su cara. Desde la ceja derecha pasando por el ojo del mismo lado hasta el labio superior. "¿Qué has bebido qué? ¿Qué no has ido dónde?" En su rostro verás reflejada la definición exacta de la confusión. Y no es broma: beber solo es como estar muerto para el resto de la humanidad porque sufrirán algo parecido a las fases del duelo sin que ni tú ni nadie haya fallecido.

Instintivamente, no se lo van a creer. Es la primer fase de negación donde van a pensar que te has ido de fiesta cerrando todos los bares de la ciudad. Rápidamente, y sin que puedas añadir nada más, se convertirá en la fase de enfado. Es un momento delicado porque se van a cagar en todo creyendo que no los has invitarlo a tu fiesta privada. En la siguiente fase de negociación es donde se demuestra si son amigos de verdad. No te lo van a decir, pero van a pensar que estás muy jodido. Y si te lo dicen no va a ser sutil y directamente te darán el contacto de un buen especialista. La fase de dolor no la pasarán a tu lado. Hablará entre ellos para auto convencerse de lo mal que estás mientras beben de su copa.

Martin Parr

Y ya está. La fase de aceptación no existe. No existe porque la mayoría de mortales no pueden concebir ni por un instante la idea de pasar una noche bebiendo acompañados solo por una botella. Una de dos: depresivo o alcohólico, pensarán. Sin embargo, es uno de los mayores placeres de la vida. Darse a la bebida sin salir de tus cuatro paredes es un ejercicio de autoconocimiento necesario, pero hay que hacerlo como un auténtico profesional si no quieres ver a tu médico de cabecera preocupado cuando marque la X a la pregunta "¿Bebes solo en casa?".

1. Tú eres tu propio barman

Si estás rodeado de gente, no bebes lo que realmente quieres beber.

No te auto engañes. Si estás rodeado de gente, no bebes lo que realmente quieres beber. Hablo de cantidad, pero sobretodo de calidad. Si te apetece un buen bourbon con hielo te conformarás con una marca media para no dejar los ahorros en un vaso. Sí, el alcohol bueno es caro. Además, cuando crees que bebes lo que realmente deseas no eres consciente de que es una imposición sutil del barman de turno. Somos débiles por naturaleza y bebiendo nos dejamos llevar por lo que dicta el ambiente. Beber con la compañía de otros implica autocontrol. Disimular una aparente lucidez como si el alcohol no dominara tu juicio en ningún momento. Hay que poner esa maldita cara de póquer porque está en juego tu reputación y hay que respetar unas ciertas normas sociales. En casa beberás menos porque no aguantas a vampiros de energía y podrás enviar al autocontrol a tomar viento como regalo extra. Nadie te juzgará si has bebido demasiado o si tus facciones han empezado a caer como si pesaran toneladas.

2. Deja de usar el alcohol como lubricante social

En una discoteca, quita el alcohol de las manos de la gente y verás lo que pasa.

Que nadie me malinterprete: el acto de compartir mesa está muy bien, pero el alcohol no se comparte. Es único e intransferible. Basta ya de usar el alcohol exclusivamente como herramienta para hacer nuevos amigos. Deja ya de unirte a extraños a los que no quieres ni escuchar respirar a la mañana siguiente. En una discoteca quita el alcohol de las manos de la gente y verás lo que pasa: un cementerio con luces de neón. De noche, sin una copa de vino en la mano, sin una cerveza donde agarrarse o un cubata como punto de apoyo en la barra, parece que tengamos muñones en lugar de manos. Dale a tu copa la importancia y el respeto que se merece. Claro que hay que cuidar a las amistades, pero cuando empiezan las rondas de chupitos de licores de melocotón te quedas sin escapatoria. Si el alcohol solo es un inhibidor social nos perdemos muchas ventajas por el camino.

3. Entrena a tu pequeño cabrón interior

Bebiendo afloran cosas de tu interior que no te gustan a ti ni a nadie.

Hay una canción de Quimi Portet que lo define mejor que nadie: "Tengo una bestia dentro de mi". Así es, bebiendo afloran cosas de tu interior que no te gustan a ti ni a nadie. Es necesario entrenar a ese monstruo que todos tenemos para comportarse como es debido en la cena de empresa o en una comida familiar. Aprender a apaciguar al pequeño cabrón de tu interior es más fácil si lo arrinconas entre las cuatro paredes de tu casa. Ahí el bicho puede pasear sin correa de pinchos. Lo único que puede pasar es que muerda el sofá o tire un cuadro de la pared, pero nadie podrá decirte "es que no sabes beber".

4. Rinde pleitesía al interior de tu vaso

Descubrirás en tu copa muchos más matices y sutilezas de las que te puedas imaginar.

Cuando toda tu atención recaiga en el interior de tu vaso disfrutarás realmente de tu copa. Desconecta todos los estímulos externos innecesarios. Ni hablar de encender el televisor. Música siempre, pero bien seleccionada. Es posible que muchos de tus artistas favoritos hayan compuesto esa canción que escuchas en bucle con litros de alcohol en sus venas, así aquí no es mala idea sincronizar tu mente con la de tu cantante de cabecera. En ese preciso instante, descubrirás en tu copa muchos más matices y sutilezas de las que te puedas imaginar. Percibir el aroma frutal, la fuerza de la madera o la sutileza de una especie solo se consigue si tu copa tiene todo el protagonismo. Algo así como los carteles de los rodajes del cine con una pequeña edición: "Silencio, se está bebiendo".  

5. La soledad no muerde

Beber solo en casa fomenta la mejor amistad y salda cuentas pendientes con uno mismo.

Seguramente te reconoces en esta escena: llegar a casa y encender el televisor ante incluso de quitarse la chaqueta. No nos gusta el silencio. La ausencia de sonido es una señal inequívoca de estar solo contigo mismo. Y nos asusta. Dejar aflorar a solas tus miedos puede ser positivo para saber manejarlos cuando aparezcan en una situación real. Es una pena, pero somos unos grandes desconocidos para nosotros mismos. Beber solo en casa fomenta la mejor amistad y salda cuentas pendientes con uno mismo que esperaban turno desde hace demasiado tiempo. Con el depósito de soledad esté cubierto y hayas masacrado el fantasma de la nostalgia, tendrás gasolina para quemar y disfrutar del mundo como se merece.

6. Borracho a bordo

Mientras no se demuestre lo contrario la policía no puede hacerte soplar dentro de tu casa.

Es la primera vez y última que utilizaré la palabra "borracho". Pero en este caso es pertinente. Beber y conducir queda terminantemente prohibido. El conductor borracho es un peligro que hay que evitar. Cada vez hay más consciencia con el tema, pero aún hay demasiada gente que se cree inmune a la bebida para tomar curvas como si fueran rectas de un Gran Premio de la Fórmula 1. En casa te ahorras una buena multa porque ahí fuera afortunadamente hay muchos controles de alcoholemia. Mientras no se demuestre lo contrario, la policía no puede hacerte soplar dentro de tu casa siempre que no conduzcas con tu motocicleta por el pasillo a máxima velocidad. Y no quiero dar ideas.

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