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Cómo trolear al mundo del vino y que todos te aplaudan

Una gran mentira, un restaurante inventado y una revista en ridículo

Robin Goldstein (Nueva York, 1976) es un escritor y crítico gastronómico y de vino reconocido por su rebeldía frente al encorsetado sector en el que trabaja. Por ejemplo, ha escrito artículos como ¿La gente puede distinguir el paté de la comida de perro? Pero por lo que mejor se le conoce es por haber dejado en evidencia a una de las revistas de vino más importantes de EE.UU.

Corría el año 2008 cuando a Goldstein le picó la curiosidad para saber en qué se basan los críticos de vino para otorgar los premios. Empezó una investigación académica que se publicaría en la Asociación Americana de Economistas del Vino y sería recordada como la troleada máxima a la revista Wine Spectator.

Su trabajo de campo consistió en presentar una candidatura al Premio a la Excelencia con la Osteria L’Intrepido, un restaurante de Milán que no ha existido jamás aparte de en la imaginación de Goldstein.

Cuenta cómo lo hizo en el artículo donde destapó esta mentira que a la vez mostró la falta de rigor de un mundo elitista, rimbombante y difícil de creer en la mayoría de las veces. Pagó los 250 dólares para participar, mandó una carta de presentación, el menú del restaurante y la carta de vinos. Para darle más credibilidad al asunto, obtuvo un teléfono milanés y abrió una página web, tareas en las que invirtió menos de tres horas.

En total, se contaban 2.100 referencias. La carta principal de vinos consistía en una cuidada selección de botellas italianas hecha según los criterios de la revista. Pero bajo el título “Los rojos italianos reserva de nuestra bodega”, se listaban los vinos más caros y exclusivos, que en realidad eran los vinos peor puntuados por la revista durante las últimas décadas.

Algunos de esos vinos “reserva” que tanto gustaban ahora a los críticos de Wine Spectator, antaño habían tenido reseñas por su parte tan cargadas de mala leche como estas:  “Tienen sabor muy poco limpio, como a regaliz rancio”, “Inacceptable. Dulce y empalagoso. Huele a insecticida”, “Sabe entre laca de uñas y aguarrás”, “Huele a cuadra y sabe a podredumbre”.

Obviamente, la revista se rebotó al enterarse de que todo era falso, a Robin Goldstein lo pusieron de vuelta y media y dijeron que habían llamado al restaurante varias veces antes de darle el premio, cosa que el crítico afirma que no sucedió.

El único mensaje que le dejaron en el contestador fue para anunciarle que había ganado y para preguntarle si quería pagar para anunciarse en su web, mensaje que puede escucharse aquí.

Después que en agosto del mismo año su restaurante imaginario fuese galardonado por la revista, Goldstein escribió un artículo reflexionando de esta manera al respecto de lo sucedido:

“Aunque la Osteria L’Intrepido sea la primera en ganar un Premio de Excelencia y ser un restaurante imaginario, probablemente no sea la primera candidatura que no refleja de forma precisa lo que realmente contiene la bodega de los restaurantes”.

“Si Google, Chowhound, y un par de llamadas sin contestar son suficientes, no sólo para justificar la existencia de un restaurante pero para autentificar su carta de vinos, entonces no está claro qué papel está llevando a cabo el crítico”.

Chapeau.

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