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"Los niños deben ir al matadero igual que van al museo"

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El Nobel de literatura surafricano John Maxwell Coetzee habla claro sobe el maltrato animal

Marc Casanovas

05 Julio 2016 12:14

"Si hubiera un matadero de cristal en medio de la ciudad, un matadero al que la gente pudiera acercarse a escuchar a los animales chillar, a ver cómo son masacrados sin piedad, quizá cambiarían de idea" (John Maxwell Coetzee. Sudáfrica, 1940)

Palabras polémicas que firmó de puño y letra John Maxwell Coetzee ante la audiencia del Museo Reina Sofía de Madrid con un único objetivo: ahondar en la crueldad del hombre hacia los animales. busca una reacción positiva o negativa, pero reacción al fin y al cabo para desenmascarar la pasividad de la mayoría silenciosa: "Los niños deben ir al matadero igual que van al museo" para descubrir cuánto tiene el ser humano de bestia, sentencia el Nobel de literatura en 2003.

Foto: EFE

Coetzee aceptó la propuesta de Capital Animal, asociación que ha impulsado durante los últimos meses proyectos en Madrid centrados en la concienciación sobre los derechos de los animales, para defender un compromiso que ya era del todo evidente en su novela “Elizabeth Costello” (Mondadori. Barcelona, 2004) y que utilizó como punto de partida para desarrollar su tesis.

El cuerpo central del libro está dedicado a los derechos de los animales y no está exento de polémica.  Coetzee entiende que apenas hay diferencias entre los campos de exterminio del Tercer Reich y las granjas donde los animales viven en establos con las peores condiciones posibles. De hecho, “los nazis aprendieron a procesar los cuerpos muertos en los mataderos de Chicago”. El horror de las “colonias penitenciarias” donde hemos recluido a las especies destinadas al consumo, nace de “la incapacidad de imaginarse en el lugar de las víctimas”.

En realidad, los animales son “los prisioneros de una larga guerra que libramos hace mucho tiempo y que ganamos gracias a las armas de fuego”. Para Coetzee, justificar la muerte del ganado y las aves de corral, aduciendo que son especies destinadas al consumo, no es menos inmoral que pedir indulgencia para los verdugos de Treblinka, porque fabricaban jabón y relleno de colchones con la grasa corporal y el cabello de sus víctimas.

Foto: Ulla Montan

Su charla en Madrid, enfrentó los instintos animales de los hombres a su raciocinio, buscando la continuación lógica de su novela “Elizabeth Costello”: “He pensado que la gente tolera el sacrificio de animales porque no llegan a verlo. A oírlo. A olerlo”, dice. Algunos tildan sus palabras de mera provocación; otros creen que utiliza la boca de un personaje de ficción para decir todo aquello que no se atreve a decir públicamente. Lo que está claro es que busca confrontar los ideales establecidos para generar dudas. Coetzee en estado puro.

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