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Cómo la pareja más rara de la medicina descifró los secretos de la digestión humana

Un cazador, un médico, el cañonazo de un fusil y un estómago abierto lleno de conocimiento

Un doctor y un cazador unidos por disparo son la clave de muchos de los conocimeintos de la digestión humana.

La vida del doctor Beaumont y del trampero Alexis St. Martin se juntaron por casualidad a principios del siglo XIX en la zona de Grandes Lagos entre Canadá y EEUU. Era una zona clave para vender las pieles que habían cazado durante el invierno. Además de vender el género se montaban sus buenas juergas, y a veces se les iban de las manos.

En mitad de la fiesta, el fusil de uno de los tramperos se disparó por accidente y su proyectil abrió un boquete en el abdomen de Alexis St. Martin. El doctor que acudió a socorrerle terminaría explicando que aquella herida bajo el pectoral tenía “el tamaño de la palma de la mano de un hombre”. El médico, por cierto, se llamaba William Beaumont.

Fue así como se cruzaron las historias del cirujano y el trampero a partir de una herida grave que funcionaría como ventana de conocimiento para el estudio de la digestión. Tras el disparo, el doctor Beaumont se hizo cargo del cuidado de St. Martin sin grandes esperanzas de que el paciente fuera a sobrevivir. De hecho, por el boquete en el estómago de Alexis St. Martin asomaba "parte del pulmón". Con semejante panorama parecía imposible que el trampero saliera adelante, pero lo hizo.

Aunque el cañonazo le rompió varias costillas y destrozó algunos fragmentos musculares, los cuidados de William Beaumont ayudaron a recuperar la salud de su paciente a lo largo del siguiente año. No consiguió, sin embargo, cerrarle el agujero estomacal, de modo que St. Martin sobrevivió algunos años más con este fenómeno clínico conocido como fístula gástrica.

La tarea de limpiarle la fístula a diario hizo pensar a Beaumont que quizás podía observar el proceso de la digestión como nunca antes se hizo. En una época en la que apenas se tenían certezas médicas sobre el proceso digestivo, la insistencia del doctor de Connecticut (hizo más de 200 ensayos sobre su paciente) y la predisposición de su hombre-cobaya ayudaron a darle un empujón al presente de la gastroenterología.

Primero, el doctor Beaumont probó a insertar por el boquete de St. Martin trozos de comida atados con una cuerda, sacándolos periódicamente para observar su digestión. Otra de las prácticas favoritas del doctor consistía en retirar y observar los jugos gástricos del trampero para estudiarlos con fruición.

A partir de sus observaciones el médico descubrió, por ejemplo, que el ácido clorhídrico es el principal compuesto responsable de desmenuzar los alimentos. También avanzó la importancia de lo que conocemos como enzima pepsina, cuya función consiste en degradar las proteínas de los alimentos.

En definiva, “la pareja más rara de la medicina” alumbró el axioma de que la digestión es la suma de un trabajo muscular más su correlativo proceso químico; trabajos en los que además suman las emociones, la temperatura o la actividad química. Así, Beamount fue el primero que relacionó la ralentización de los procesos digestivos con la fiebre y lo dejó escrito en un libro titulado "Experimentos y Observaciones en el Jugo Gástrico y la Fisiología de la Digestión".

Muchos han cuestionado la relación entre el médico y el trampero argumentando que quizás el primero podría haber cerrado el agujero. Que Beaumont dejó aquella puerta abierta para utilizar a St. Martin como conejillo de indias. Tal vez sea así. Lo cierto es que St. Martin, con butrón de estómago y todo, sobrevivió a su médico el tiempo suficiente para juntar en casa 18 hijos. 

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