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La desafortunada historia de la galleta de la fortuna

¿Por qué 50 mil restaurantes chinos de EEUU darán hoy una galleta de la fortuna con un mensaje en su interior a cada cliente?

Hoy, 28 de enero de 2017 se celebra el Año Nuevo del calendario tradicional chino. Es el inicio del año 4715, un año bajo el signo del Gallo, una fecha muy especial porque sólo pasa cada 60 años y se supone que es señal de buenaventura.

La fórmula en un restaurante chino siempre suele acabar con la famosa galleta de la fortuna. El comensal puede leer un mensaje que se mueve entre los buenos deseos, la lectura del futuro y la cursilada para corazones sensibles.

En EE.UU. hay aproximadamente 50 mil restaurantes chinos que hoy servirán a cada comensal una galleta de la fortuna al finalizar la comida. Sin embargo, el pasado de la galletita es más bien oscuro, porque ¿sabías que realmente no la inventaron los chinos?

Efectivamente, la galleta de la suerte es una copia china de un tipo senbei, que así es como se llama a los crackers salados en Japón. Jennifer 8. Lee, que escribió el libro Las Crónicas de las Galletas de la Fortuna, contactó con Yasuko Nakamachi, un especialista sobre la historia de los snacks japoneses.

Él le contó que las primeras galletas de la fortuna se hacían a las afueras de Kyoto desde el siglo XIX. Tenían un aspecto ligeramente distinto que las actuales: más grandes, más oscuras y con el mensajito dentro de un pliegue en lugar de en el interior, por si a alguien se le ocurría comerse el galletón de un solo bocado.

Todavía hoy se fabrican allí de manera artesanal y con pequeñas planchas. Los japoneses las prefieren más saladas y por este motivo se aromatizan con miso blanco y con sésamo.

Pero la andadura por tierras americanas de las galletas de la fortuna empezó a principios del 1900, cuando se empezaron a fabricar en Los Angeles y San Francisco. En estas ciudades, los restauradores chinos afincados en California vieron el broche de oro a su menú, que era muy escaso en postres.

Una galleta, un mensaje y buena suerte asegurada para que el comensal se fuera contento a su casa y otro día volviera a por más fortuna, más fideos y más rollitos primavera. Así que decidieron comprarlas y ofrecerlas al final de cada comida en una copiada en toda regla.

La costumbre acabó extendiéndose por todo el país cuando los veteranos de la Segunda Guerra Mundial que volvían del Pacífico y recalaban en California, descubrían allí las galletas de la fortuna y luego las pedían en su restaurantes chinos una vez regresaban a casa. Y como los restauradores chinos siempre están ojo avizor, imitaron la estrategia de sus compatriotas del sur.

Todavía existen varias empresas, todas en Estados Unidos, que se dedican a la fabricación de estas galletas de la fortuna. La más importante es la Wonton Food, la más grande del mundo. La Fugetsu-Do y la Benkyodo son las dos más antiguas, con 114 años y 111 años respectivamente.

A pesar de su nombre japonés, desde la Segunda Guerra Mundial las regentan, como es obvio, chinos. Todo ocurrió cuando se bombardeó Pearl Harbor y los japoneses en suelos estadounidenses fueron apresados y llevados a campos de concentración. En ese momento, los chinos hicieron su agosto y no dudaron en hacerse con el negocio de las galletas de la fortuna.

Sin embargo, en el Año Nuevo Chino que celebra hoy nadie comerá ni una sola de estas galletas. Al menos en China.

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