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Un exceso de maíz convierte a los hámsters en caníbales

Viven de noche, duermen de día y ahora han empezado a comerse entre ellos

Por allá en el 72 se estrenó una película de cine psicotrónico llamada Night of the lepus. En ella, una tropa de conejos gigantescos arrasaban con cualquiera que se interpusiera a su paso. Entonces se trataba de una película, pero ahora en Francia están viendo cómo los hámsters que habitan sus maizales se han vuelto caníbales.

La explicación de tal barbaridad está en que su dieta se ha visto empobrecida a causa de la destrucción de su ecosistema natural. ¿El culpable? Las grandes plantaciones de maíz.

“Hay un claro desequilibrio y el hábitat de los hámster se está desintegrando”, dijo para AFP Gerard Baumgart, Presidente del Centro de Investigación para la Protección Medioambiental de Alsacia. Por este motivo, a día de hoy está en peligro de extinción en el oeste de Europa.

El descubrimiento fue publicado la semana pasada por la Royal Society británica en la revista Proceedings. Y demostró que restringir la dieta de los hámsters solamente al maíz ocasiona graves trastornos tanto en el comportamiento del animal como en su salud.

Un hámster tiene una dieta muy variada: distintos granos y frutos secos, raíces e insectos le proporcionan todos los nutrientes que necesita, en especial la vitamina B3 o niacina, de la que carece el maíz.

Pero el estudio llevado a cabo por Mathilde Tissier de la Universidad de Estrasburgo, que quería determinar si la dieta de los hámsters afecta a su habilidad para reproducirse, descubrió algo mucho peor.

Pudo comprobar cómo los que se alimentaban exclusivamente de maíz se quedaban tan hambrientos, que se comían a sus crías. Empezaban a guardar los granos de maíz y a sus bebés vivos en el mismo sitio y luego se las comían.

También exhibían otros síntomas: “en lugar de ser madres cariñosas, corrían en círculos, se subían por todos lados y golpeaban sus comederos cuando los científicos entraban a la habitación”. Sus lenguas se habían vuelto oscuras y la sangre tan espesa que incluso era difícil extraérsela.

Los pobres hámsters caníbales sufrían pelagra, una enfermedad provocada por la falta de vitamina B3 que en los humanos causa diarrea, demencia y dermatitis.

 

Los científicos instan a que se reconstruyan sus ecosistemas ya muy deteriorados por los pesticidas y la labranza mecanizada. 

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