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Por qué no hay que hablar sobre la anorexia como lo hace esta periodista

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“Espantoso, lo sé, pero a veces me alegro de tener un trastorno alimentario”

rosa molinero

14 Julio 2017 13:45

Hoy se estrena To The Bone (Netflix), una película que está aportando algo necesario al poner la anorexia en primer plano por primera vez en el cine y ha reabierto el debate de cómo los medios tratan los trastornos de la conducta alimentaria. Porque hay ejemplos malos para dar y vender, pero uno de los más sonados lo firma la periodista británica Liz Jones, que en sus columnas para el Daily Mail escribe frases como esta: “Espantoso, lo sé, pero a veces me alegro de tener un trastorno alimentario”.

El caso de Jones es realmente paradójico: aunque ha contado que lleva casi 50 años sufriendo anorexia y se negó a utilizar modelos bulímicas cuando era editora de Marie Claire, sus textos en el periódico británico son un ejemplo de la trivialización y glamurización en la que se suele caer cuando se trata de ilustrar los trastornos alimentarios. Esto es algo que llevan denunciando psicólogos y médicos desde hace décadas, porque mostrarlos de forma inadecuada puede hacerlos atractivos para las personas que los sufren o son susceptibles de sufrirlos.

Liz Jones cuenta en una de su columna del 16 de octubre de 2016 que ella nunca será normal porque hay cosas que la separan de la gente, como que solamente usa el horno para guardar sus prendas de cachemira y así prevenir que se las coman las polillas, a las que dice, tiene mucho miedo. Y se queda ahí, en la mera exposición de esta rareza a ojos de los demás que acaba convirtiendo una señal evidente de un trastorno alimentario en simple anécdota pretendidamente risible.

No se le pide que convierta su columna en un canto de lamento, pero tampoco hace ningún favor al acercarse a la literatura confesional, porque si no hay ficción, tiene que haber reflexión. De lo contrario, el contenido se aproxima al de los blogs que promueven la anorexia y la bulimia. Porque, ¿cómo alguien que está sufriendo un trastorno de la conducta alimentaria o es susceptible de sufrirlo debe tomarse frases como estas?:

“Los ciclistas deben creerse que son buenos para el medioambiente, pero el metano que genera toda esa comida extra que ahora piensan que tienen permiso para consumir, seguro que mata a muchos osos polares” (16 de abril de 2017)

“Mi larga lista de cosas que no como viene de un miedo a engordar. Me hice vegetariana para evitar el rustido del domingo de mi madre: primero vino la vanidad, luego la ética” (12 de marzo de 2017)

“Nunca he tenido suficiente IMC para ovular, así que ni hablar de quedarme embarazada. No tengo amigos porque mucha gente sólo imagina quedar si puede masticar. (...) Mi adicción a no comer es más dura que cualquier otra. Porque mientras los drogadictos evitan la heroína, hoy no hay escapatoria a la comida. (...) La verdad es que encuentro todo este consumo obsceno: cuando me siento delante de mi novio en un restaurante, veo espinacas en sus dientes o lengua, quiero vomitar” (16 de octubre de 2016)

“Todo es más sencillo si no comes. Más solitario, sí, y probablemente peligroso y te acorta la vida. Pero el sentimiento con el que me levanto cada día es de superioridad. No estoy creando basura. No estoy destruyendo la selva para que a las terneras las engorden con soja. Por lo menos no estoy comiendo más que mi ración justa de las calorías del mundo” (16 de octubre de 2016)

Como hace Liz, los trastornos alimentarios se suelen retratar hablando de pesos bajísimos, mostrando cuerpos huesudos y explicando conductas que a las personas sanas les pueden resultar incluso morbosas por lo extrañas que son. En el cuerpo se refleja la enfermedad, pero no hay que olvidar que viene de la psique, así que no sirve de mucho publicar una y otra vez imágenes de cuerpos anoréxicos cuando ahí no está el origen del problema.

Nos estamos olvidando de hablar de los procesos psicológicos, de los traumas, de la visión distorsionada y de los otros problemas mentales y físicos, como el trastorno obsesivo compulsivo o las cardiopatías, que los enfermos de anorexia y bulimia experimentan. No hacerlo es faltar a la verdad, es no representar a los enfermos de anorexia y bulimia, es fallar al deber periodístico y es caer en la trampa de hacer singular, de presentar como única una enfermedad que controla las mentes de sus enfermos desde el estómago.

Aprovechemos el debate que ha generado To The Bones para empezar a replantear el tratamiento que damos a los trastornos de la conducta alimentaria. Nos estamos jugando la salud mental de las generaciones futuras en ello.

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