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¿Tiene algún sentido la etiqueta eco en los alimentos?

La cuestionada etiqueta ecológica pone de manifiesto nuestra gran obsesión por comer sano

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Quien no haya oído en los últimos años la palabra "ecológico", que levante el brazo. Y quien tampoco haya escuchado la expresión “compro productos naturales, que son más sanos”, que alce los dos.

La industria alimentaria lleva años sosteniendo que debemos comer más sano y que los alimentos ecológicos contribuyen a ello . Sin embargo, cuando muchos ya se habían acostumbrado a esto, un estudio llevado a cabo por la Universidad de Stanford (EEUU) demuestra que lo eco no es tanto como se había prometido.

El metaanálisis, publicado por Annals of internal Medicine, concluye que ni en vitaminas ni otros nutrientes había grandes diferencias entre productos ecológicos y convencionales. Crystal Smith-Spangler, profesora de Medicina de la Universidad, aseguró: "estamos un poco sorprendidos al no haber confirmado que la comida orgánica sea siempre más sana y nutritiva". Mientrastanto, sus defensores seguían negando las críticas.

Para agudizar un poco la situación, la famosa etiqueta verde que llevan los productos ecológicos la Etiqueta Ecológica Europea empezó a verse más que nunca. Un poco más tarde, empezó la sospecha: ¿Se estaba dando más fácilmente la etiqueta a cambio de una subida de precio? ¿Se estaba siendo más condescendiente a la hora de otorgarla?

En ese mismo umbral de sospecha se empezaron a situar muchos agricultores, quienes desconfiaban de la etiqueta ecológica. Algunos de ellos dejaron de cultivar productos ecológicos precisamente porque ya no veían una coherencia entre los requisitos que esta requiere y los que finalmente cumple. Este problema sigue pasando actualmente y parece que toma un giro cada vez más radical. Sin embargo, son cada vez más los compradores que optan por lo ecológico. Esto no deja de ser las dos caras de una misma moneda: la alimentación.

En realidad, la situación anterior responde a un cierto miedo por no comer lo suficientemente saludable. De ahí quehasta la mismísima etiqueta infundiese al pánico. Y entonces, casi por arte de magia, surgió el concepto de " quimiofobia".

Foto: Mauricio di Iorio

Esto se tradujo en productos de las grandes superficies con etiquetas como "sin aditivos" o "sin colorantes" para transmitir una sensación de frescura y naturalidad. El costumbrismo alimentario se convirtió entonces en una especie de concurso sobre quién comía más sano hasta el punto de llegar a la obsesión, o, lo que es lo mismo, la ortorexia. La alimentación pasó entonces de ser un aliciente a un trastorno. ¿Y ahora, qué?

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