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Glifosato: las sombras detrás del herbicida más polémico del mundo

La Comisión Europea ha aprobado el registro de una iniciativa ciudadana que llama a prohibir el uso del glifosato en Europa. Hablamos con ecologistas, agricultores y representantes de la industria química sobre los supuestos peligros de un pesticida cada vez más cuestionado

Lo ingieres diariamente. Se encuentra en tu orina, en la leche materna, en los ríos donde te bañas, en las compresas que usas cuando tienes la regla y en los pañales que le pones a tu hijo. Incluso en el aire que respiras. El C3H8NO5P es un químico omnipresente en nuestra vida. Una compleja sucesión de elementos de la tabla periódica que puede resumirse en una sola palabra: glifosato.

El glifosato es, por si aún no lo sabes, un herbicida de uso común en la agricultura extensiva. Y comunes son también las críticas de quienes consideran que su uso puede ser perjudicial para la salud.

De hecho, el nombre resuena estos días con más fuerza que nunca en los medios de comunicación. ¿La razón? Doble. Por un lado, Barcelona se declaraba el pasado 31 de enero "ciudad libre de glifosato", tras dejar de emplearse en parques y jardines municipales. Por otro, la Comisión Europea ha aprobado recientemente el registro de una iniciativa ciudadana para prohibir el glifosato en la Unión Europea. Para que prospere, sus organizadores tendrán que recoger en un año un millón de firmas de al menos siete países diferentes.

Los posibles riesgos para la salud del plaguicida más famoso del mundo

El año pasado, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), un organismo dependiente de la OMS, calificó al glifosato como producto “potencialmente cancerígeno”. Sin embargo, tal como advierten las organizaciones ecologistas a las que hemos consultado, su peligro va más allá de sus riesgos intrínsecos.

Lo que tiene de peligroso el glifosato es que es el plaguicida más utilizado del mundo”, explica Kistiñe García, responsable de comunicación de la campaña Libres de contaminantes hormonales de Ecologistas en Acción. “No es más tóxico que el DDT o el lindano. El problema es que tiene un uso extensivo. Se utiliza en parques y plazas públicas, en lindes de caminos, en las vías del tren y en la agricultura. Y sí, es potencialmente cancerígeno y probable disruptor endocrino”.

Un estudio elaborado en 2010 incide en la posibilidad de que el glifosato sea disruptor endocrino. El estudio señalaba, además, que los efectos perjudiciales se puedan llegar a producir en dosis sustancialmente inferiores a las utilizadas en la agricultura o las permitidas como residuos.

"A 0,5 mg/kg (40 veces menos que los niveles permitidos en la soja en los EEUU) eran antiandrogénicos; a 2 mg/kg eran anti-estrogénicos; a 1 mg/kg alteraron la enzima aromatasa; a 5 mg/kg dañaron el ADN y a 10 mg/kg fueron citotóxicos”, se recoge en un informe de Greenpeace en el que se aludía a los resultados del citado estudio.

Diversos estudios inciden en la posibilidad de que el glifosato sea un disruptor endocrino, incluso en dosis sistancialmente inferiores a las utilizadas en la agricultura

Por si palabras como antiandrogénicos, aromatasa o citotóxicos no te sugieren nada, te diremos que los efectos que se citan en el párrafo de arriba pueden afectar a la diferenciación sexual y celular, al metabolismo óseo, al del hígado, a la reproducción, al embarazo, provocar cambios en el desarrollo del cerebro y favorecer la aparición de enfermedades relacionadas con las hormonas como los cánceres de mama, testículos y próstata.

“Los disruptores endocrinos provocan una serie de daños que no son intoxicaciones agudas, sino que son daños con periodos de latencia muy largos”, explica la responsable de Ecologistas en Acción. Es decir, esa disrupción provocada, supuestamente, por químicos como el glifosato podría estar originando problemas que no se van a manifestar de forma evidente hasta dentro de un tiempo.

Por otro lado, estos problemas no se han llegado a investigar en profundidad por parte de las instituciones europeas debido a trabas burocráticas. Por ejemplo, los criterios científicos para evaluar si una sustancia es disruptor endocrino no han estado listos hasta el verano del año pasado. “ La UE tendría que haberlos tenido listos para 2013 pero se fue retrasando el proceso. De hecho, el Tribunal de Justicia Europeo dictaminó que la Comisión Europea era culpable por faltar a su labor”, explican los ecologistas.

Precisamente, sobre los efectos para la salud humana del glifosato se hablaba en el monográfico presentado en octubre de 2016 por la Red de Acción en Plaguicidas de Europa. En él se detallan peligros que van desde trastornos en el embarazo y problemas reproductivos hasta enfermedades endocrinas como el cáncer de mama, testicular o de próstata.

Pero frente a aquellos que señalan sus peligros, también hay quienes defienden la inocuidad de este producto fitosanitario. “ Me parece un linchamiento mediático. Este mismo debate sobre si es cancerígeno o no se ha tenido antes con el café, con la carne e incluso hay gente que dice que se deben prohibir los móviles por la radiación”, opina Carlos Palomar, director general de la AEPLA, la Patronal del Sector de los Pesticidas.

“La propia ECSA ha decretado que no es cancerígeno, ni disruptor endocrino y tampoco daña al medio ambiente. Y por eso ha vuelto a conseguir la renovación como producto fitosanitario”, explica el responsable de la AEPLA.

No es más tóxico que el DDT o el lindano, el problema es su uso extensivo

Palomar hace referencia a la autorización por parte de la Comisión Europea del uso del glifosato por 18 meses más, hasta el 31 de diciembre de este año, a la espera de informes definitivos sobre sus efectos en la salud humana.

“Estudios que dicen que algo está relacionado con algo tenemos miles. Lo importante es que la ciencia compare las dos hipótesis. Es evidente que cualquier hipótesis hay que tenerla en cuenta pero hay que investigarla para ver si se trata de una certeza”, opina Palomar.

“Aquí, como con cualquier cosa en nuestras vidas, hay que considerar no solo el peligro potencial sino el riesgo real”, incide el director general de AEPLA. “ La radiación solar es un cancerígeno reconocido, pero todos sabemos que si tomamos el Sol de manera responsable no vamos a tener cáncer. Imagina que el glifosato fuera cancerígeno, pero a unas dosis a las cuales jamás alcanzara ni al consumidor, ni al agricultor, ni al que pasea por el campo. Estamos buscando el punto de equilibrio entre el beneficio para la producción agrícola y la falta de riesgo para otros usuarios”.

Desde Ecologistas en Acción no opinan lo mismo. “Por más que se empeñen en decir que hay un umbral de exposición seguro, no lo hay un umbral seguro en cuanto a la cronicidad”, opina Kistiñe. “No te vas a comer una manzana y te vas a morir. Pero esos tóxicos quedan en tu cuerpo, se almacenan en el tejido graso y pueden estar años en tu organismo. En los últimos tiempos se ha producido un aumento de los índices de infertilidad y cáncer de mama y testículo en Europa. Llegará un momento en el que se darán cuenta de que hay que delimitar o prohibir estas sustancias”, argumenta García.

Más allá de su efecto sobre los humanos, desde el frente ecologista señalan a otra vícitima del glifosato: el propio medio ambiente.

“El glifosato es esencialmente malo porque afecta a la biodiversidad. Las plantas son la base de nuestra cadena trófica y si las eliminamos estamos provocando un desequilibrio ecológico”, cuenta Luis Ferreirim, responsable de agroecología de Greenpeace. “Los herbicidas acaban con plantas que son fuente de alimento para especies beneficiosas para el ser humano, como los polinizadores, y para los depredadores que atacan a las plagas que afectan a nuestros cultivos. Al final, lo que estamos haciendo es uniformizar el campo y la agricultura”, denuncia Ferreirim.

Luis explica que el uso masivo de este herbicida provoca que las aguas y suelos también estén contaminados. “Eso implica que cuando tú siembras otro cultivo, el glifosato ya esté presente en él”. Por otro lado, también los animales se están empezando a ver afectados por el uso del herbicida. “La Sociedad de Ciencias Aranzadi hizo un estudio hace años en el que ya alertaba de la reducción y las deformaciones genéticas que afectaban a los anfibios en contacto con el glifosato”, explican desde Ecologistas en Acción.

Para los agricultores, un mal necesario

¿Qué opinan aquellos que tienen que lidiar día a día con este producto químico? Para los agricultores, el glifosato es un mal necesario.  

Desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) destacan que no “sienten amor por el glifosato” pero que no cuentan con ningún producto que lo sustituya con igual efectividad. “Si mañana tenemos un sustitutivo al glifosato que no sea nocivo, por supuesto que nos pasaremos a ese producto”, cuenta el presidente de la COAG-Murcia, Miguel Padilla.

De todos modos, los agricultores inciden en el uso responsable que se hace de este producto en los campos españoles.

Se utiliza generalmente de forma muy localista. No se hacen grandes fumigaciones. El glifosato es un producto no selectivo, por lo que se corre el riesgo de matar la hierba mala y la buena”, nos cuenta Padilla, quien aboga por un uso racional.

“Los agricultores de explotaciones no muy grandes intentamos utilizar el glifosato lo mínimo. Es preocupante que aparezcan residuos. En el caso de parques y jardines, la utilización de glifosato quizás se podría ahorrar”.

Según la COAG, la clave para solucionar este problema reside en un compromiso político con los agricultores que debe comenzar por ayudas a la investigación de productos que sean inocuos para las personas. “ Como persona me gustaría que no existiera ningún herbicida, pero también me gustaría que el brócoli que me pagan a 40 céntimos me lo pagaran a 2 euros y me resultara rentable”, denuncia el presidente de la organización de agricultores, apuntando a la raíz económica del asunto. Optimizar es la consigna.

Nuestro país, a favor

La reciente reautorización del uso de glifosato por parte de la Comisión Europea trajo también reacciones opuestas entre los países miembros de la UE. En un extremo se situaron aquellos países que se mostraron abiertamente en contra de la extensión del permiso, como Malta. Al otro lado, los que se posicionaron a favor, como es el caso de España. Entre unos y otros, siete estados miembros (Francia, Alemania, Italia, Grecia, Luxemburgo, Austria y Portugal) se abstuvieron en la votación.

¿A que se debe esa polarización?

El Gobierno de España tiene el requisito de que la máxima autoridad europea en seguridad alimentaria (ECSA) debe dar el visto negativo a un determinado plaguicida para que ellos estén de acuerdo en prohibirlo”, explican desde Greenpeace. Según el responsable de agroecología de la organización, si la ECSA dijera mañana que el glifosato es peligroso y potencialmente cancerígeno, entonces “el Gobierno apoyaría la decisión de prohibirlo o al menos restringirlo”.

Por otra parte, no hay que menospreciar el poder del lobby de la industria agroquímica. Y en este caso, un nombre resuena entre los demás: Monsanto.

Monsanto es uno de los mayores productores de agroquímicos y biotecnología del mundo, y también uno de los más cuestionados. Algunos la llaman 'Evil Corp' (Corporación del Diablo) . Y, sorpresa, es la multinacional creadora del glifosato.

Mientras ellos defienden la seguridad de sus compuestos, múltiples voces critican los posibles perjuicios para la salud y el impacto medio ambiental negativo de estos. Y mientras algunos de sus productos han sido prohibidos en Europa, otros, como el glifosato, siguen siendo válidos. 

Según el responsable de agroecología de Greenpeace, si la ECSA dijera mañana que el glifosato es peligroso y potencialmente cancerígeno, entonces “el Gobierno apoyaría la decisión de prohibirlo o al menos restringirlo”

Pero más allá de la presión del lobby de la industria agroquímica, desde Greenpeace señalan otro escollo de cara a lograr una futura prohibición del glifosato: no existe una oposición fuerte a nivel de ciudadanía.

En España estamos un poco en pañales. Hay una diferencia brutal con otros países a la hora de encarar el uso de tóxicos. Tenemos la sensación de 'si lo permiten, esto no tiene ningún riesgo'”, critica Kistiñe García de Ecologistas en Acción. “Frente a los tóxicos hay incluso quien te dice que es un mal que hay que aguantar o incluso el típico 'de algo hay que morir'”.

Sin embargo, algo está cambiando

La pasada primavera, más de 200 organizaciones enviaban una carta abierta a la Ministra de Agricultura y al Ministro de Sanidad en la que exigían que en el caso del glifosato se aplicara el 'principio de precaución', ese que dice que en el caso de que existan opiniones científicas contrarias en relación a un asunto de interés público, debe primar la precaución hasta que se solucione el conflicto. La carta no logró el efecto deseado, pero el glifosato está cada vez más cuestionado en Europa. Y no solo este herbicida, sino todos los productos químicos con los que rocían aquello que luego acaba en nuestra mesa.

En concreto, la misma iniciativa ciudadana que pide la prohibición del glifosato también reclama que se determinen objetivos de reducción obligatoria de otras sustancias químicas. Además, exigen que se hagan mejores evaluaciones de estas sustancias.

Por otro lado, esta reducción del uso de químicos en nuestros campos sigue la línea de aquellos que piden abandonar la línea tradicional de la agricultura unifomizada y pasar a un modelo más diversificado. Porque, como sentencian los ecologistas, "no sirve de nada dejar de utilizar glifosato si se empieza a utilizar cualquier otro herbicida igualmente peligroso". Es por eso que reclaman al gobierno que de más importancia a la agricultura ecológica, como ya sucede en muchos otros países de nuestro entorno.

"Una de nuestras demandas al gobierno es que establezca una hoja de ruta respecto a la agricultura ecológica en España", dice el responsable de agroecología de Greenpeace. "Que consigamos alcanzar el 30% de este tipo de agricultura para 2020 . Si el gobierno fija esa hoja de ruta, se pondrán en marcha todos los mecanismos y técnicas que ayudarían a los agricultores a hacer la transición".

Consiguiéndose así que, poco a poco, el glifosato deje de ser un químico omnipresente en nuestras vidas.

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