Food

Freeganismo: alimentarse de los residuos es más que una depuración de conciencias

Toneladas de comida en buen estado son el nuevo aliciente social

Foto: Gregg Segal

En los últimos años se ha hablado mucho del veganismo. Recientemente, ha surgido una iniciativa que lo ensalza de forma similar. Se llama freeganismo y se podría definir como un nuevo fenomeno anticapitalista. Su filosofía es aparentemente sencilla: aprovechar residuos e intentar acotar el gran círculo de la globalización. Y es que la comida se ha convertido en un tema que nos sensibiliza y que a algunos hasta les abre las entrañas con cuestiones que van más allá: sociales, políticas o incluso económicas.

Según un estudio de la Universidad de Arizona, diariamente cada estadounidense echa a la basura más de medio kilo de comida. A nivel mundial, según la FAO cada año se tiran 1300 millones de toneladas de comida, una cifra con la que se podría alimentar a 2000 millones de personas. Los resultados no hacen más que evidenciar lo que se intuye: tiramos mucho y no nos concienciamos lo suficiente. Eso es justamente lo que busca el freeganismo, un concepto que lleva implícito dos: free y vegans, o lo que es lo mismo, veganos libres.

Foto: Tony Futura

Los freegans se dedican a recoger comida que todavía está en buen estado de la basura (un 15 % de los alimentos desechados en EE. UU. no están caducados). Se puede decir que su alimentación depende en gran parte de lo que se encuentran y que, por tanto, el derroche es casi inexistente. Un golpe en seco que remueve conciencias sobre el funcionamiento de la sociedad globalizada.

Ahora es cuando empieza a conocerse mejor, pero el freeganismo se remonta a los años 60, cuando tomó como referentes la organización Food Not Bombs y la banda de músicos callejeros Diggers de San Francisco. Sin embargo, en el contexto actual de pobreza y desperdicio casi a partes iguales tiene un mayor protagonismo. Un protagonismo que cobra sentido con cada comida desperdiciada y la evidente escasez de recursos que nos amenaza.

Dicho así, un frigano se ciñe a aprovechar alimentos. Sin embargo, su filosofía va mucho más allá: menos dependencia económica. Keith McHenry, uno de los fundadores del movimiento, asegura que “la idea no sólo es consumir menos, también preferimos trabajar mucho en nuestras comunidades en lugar de hacerlo para las compañías”. Es un estilo de vida que se complementa, según él, con “una acción dedicada a proyectos más viables y que no siempre se basan en el dinero”. Por ejemplo, invierten gran parte del tiempo en la creación de huertas orgánicas y el abastecimiento con comida de sus comunidades, dedicadas al sistema de recolección y distribución.

Sin duda alguna, un cambio no sólo en cómo tratamos la comida, sino, en definitiva, en cómo nos relacionamos con el mundo. “Creo que el mundo va a convertirse con rapidez en un mundo de personas libres”, dice McHenry.

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