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Una especie invasora amenaza el ecosistema del Amazonas

Nombre: mejillón dorado. Objetivo: exterminar la vida en el río más largo de la Tierra

Con menos de 1 cm y originario de China, el mejillón dorado llegó por primera vez a Sudamérica en la década de los 90 en el casco de un buque chino. En estos 20 años ha ido avanzando hasta llegar a El Pantanal, unos humedales muy cercanos a la cuenca del Amazonas. Si penetrara allí, podría acabar con la mayor diversidad fluvial del planeta.

“Exterminar para salvar”, este es el lema de la bióloga brasileña Marcela Uliano da Silva, que quiere erradicar el mejillón dorado, una especie invasora que sería fatal para el Amazonas.

Foto: Marcela Uliano da Silva

Esta doctora de 27 años empezó su batalla contra el Limnoperna fortunei (mejillón dorado) cuando aún no había terminado la carrera: presentó un proyecto de tesis que aceptaron porque aportaba una solución innovadora para erradicar esta plaga de moluscos. Propone secuenciar su ADN para modificarlo y producir ejemplares estériles, de modo que la población acabe por desplomarse con el tiempo.

No es de extrañar que las estrictas jerarquías académicas se hayan rendido ante Marcela Uliano, porque el caso de la plaga de los mejillones dorados es uno de los daños colaterales graves de la globalización.

Foto: Marcela Uliano da Silva

Su poder mortífero se llama macrofouling y le permite adherirse fácilmente a casi cualquier cosa: arena, rocas, caparazones de otros moluscos que acaba ahogando y también tuberías. Es allí donde forma unas grandes acumulaciones que causan pérdidas de hasta 20.000 dólares diarios en centrales hidroeléctricas y plantas potabilizadoras de agua.

Porque crecen en pelotón, uno al lado de otro, con una densidad que supera los 150.000 mejillones por metro cuadrado en tan solo un año. Llega a haber tantos, que algunos peces empiezan a verlos como una buena presa y los comen hasta que se atiborran y mueren de indigestión. Así que todavía no tienen un depredador efectivo.

Foto: Marcela Uliano da Silva

Tal y como explica Marcela Uliano en el vídeo que le ha reportado un crowdfunding de 20.000 dólares para financiar su tesis (en el que asegura que nombrará los genes y las proteínas con los nombres de los mecenas más generosos), el mejillón duerme poco, se reproduce mucho y rápidamente y engulle tanta comida que deja las aguas donde habita sin apenas oxígeno, perjudicando al resto de flora y fauna.

No en vano los ecologistas lo conocen como un ingeniero del ecosistema, ya que tiene la capacidad de modificar su hábitat y, en este caso, ocasiona un impacto negativo para la biodiversidad de la zona.

Sin embargo, la científica ha sido criticada por tener esperanzas en este proceso de decodificación del ADN, que a día de hoy ya es barato y fácil de conseguir pero todavía no se tienen las suficientes pruebas como para considerarlo eficaz a la práctica.

Además, cabe recordar a Leibniz cuando dijo que natura non facit saltus o, como afirma James Collins, profesor de biología evolutiva en la Universidad de Arizona, “la evolución nunca se detiene”, así que no se saben qué consecuencias podría tener introducir un animal modificado en un medio salvaje.

[Vía Ozy]

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