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Un modesto bar se desborda de clientes tras recibir una Estrella Michelin por error

La dueña, no entendía por qué, sin motivo aparente, todo el mundo quería reservar mesa en su local, que suele servir menús a trabajadores de la construcción

oi oi

Loca perdida se debió quedar Véronique Jacquet, la dueña de Bouche à Oreille, un modesto bar situado en la pequeña ciudad francesa de Bourges, cuando, sin motivo aparente, su establecimiento se vio desbordado de clientes que querían reservar mesa y reporteros que querían entrevistarla.

El local, que suele servir comidas a trabajadores de la construcción ataviados con sus chalecos reflectantes, había recibido por error una Estrella Michelín. "De repente teníamos que andar todo el tiempo corriendo de un lado a otro. Llegaban reporteros... cuando mi hijo llamó desde París (donde él vive), casi se ahoga de la risa. Nuestros clientes habituales y amigos no paraban de llamar preguntando por qué no les habíamos dicho que habíamos ganado una Estrella Michelin".

El error, que fue corregido un par de días después de la web de Michelin, es bastante comprensible: resulta que aquella Estrella Michelin era para un restaurante con el mismo nombre, Bouche à Oreille, y que tenían direcciones muy similares. El barecito regentado por Jacquet está situado en la calle Route de la Chapelle, el otro, a 100 km de distancia en una calle llamada Impasse de la Chapelle, en Boutervilliers, cerca de París.

No vamos a cuestionar las habilidades culinarias de la cocinera, pero da la impresión de que la gente es "ligeramente" sugestionable con estas cosas. Cuando la televisión francesa se acercó a preguntarle a un cliente por su comida, él, muy satisfecho les respondió "Este sitio no se merece solo una estrella, se merece por lo menos dos". La cocinera de la señora Jaquet, Penelope Salmon, explicó que ella nunca habría soñado con ganar una Estrella Michelin, pero aseguró que pone "el corazón en todo lo que cocino".

Aymeric Dreux, el chef del restaurante galardonado, también se tomó la confusión con humor. "Llamé a la señora Jaquet", explicó a Telegraph, "nos echamos unas buenas risas con el tema y la invité a venir al restaurante a probar lo que hacemos. Si me paso por su zona, me acercaré a comer a su bar y beberme con ella una cerveza".

Además de regalarle una buena publicidad al local de la señora Jaques, Michelin decidió invitar a todos los empleados de su restaurante a una cena de lujo en el otro Bouche à Oreille.

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