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Así resuelven los detectives de la alimentación las intoxicaciones más misteriosas

El CSI de la alimentación al servicio de tu salud

Las intoxicaciones alimentarias no son nada baladí. Detectar los primeros casos a tiempo y comprender cuál es la fuente puede evitar que enfermedades como la salmonela se conviertan en una epidemia letal. Y para plantarles cara, existen unos detectives que investigan las causas y el origen de la intoxicación hasta dar con ellos.

El siguiente fue uno de sus casos más complicados.

En diciembre de 2015, empezaron a darse casos de una intoxicación alimentaria en Estados Unidos: vómitos, diarreas sangrientas y positivo en la bacteria E.coli fueron las señales que pusieron en marcha a los detectives del Centers for Disease Control. Los enfermos iban apareciendo a cuenta gotas pero sin cesar en 20 estados.

Cada uno de estos detectives hacían una entrevista a los pacientes que duraba entre 30 y 40 minutos. Les preguntaban cosas como qué habían comido antes de enfermar o si podían recordar su lista de la compra la semana antes de empezar a notar los primeros síntomas. Normalmente, este cuestionario es suficiente para detectar el origen pero esta vez no tuvo el mismo éxito de siempre.

De momento, sólo sabían algo: el 80% de personas que habían enfermado eran mujeres. También, gracias a un método nuevo para secuenciar el genoma del E.coli que les había infectado, comprobaron que las huellas de la enfermedad eran casi idénticas. Eso quería decir que la enfermedad estaba causada por la misma fuente.

Y siguieron preguntando, esta vez de forma más abierta para conseguir saber más sobre sus rutinas, sus familias y sus preferencias a la hora de comer fuera. Se fijaron en los detalles para ver si había casos coincidentes y así trazar un patrón que revelara la verdad.

Uno de los detectives, encontró el dato clave: los pacientes solían hornear mucho. Y aunque esta cepa de E.coli siempre se había visto en verduras y carne crudas, se empezó a sospechar que podían estar viviendo en la harina. Y así era: los investigadores encontraron harina de la misma marca en casa de los pacientes, producidas con un día de diferencia en el mismo molino de Kansas City, en Missouri.

Pero hubo algo que acabó de confirmarlo todo: “había tres niños enfermos que comieron en distintos restaurantes de una cadena de tex-mex”. Si bien las bacterias desaparecen de la harina cocinada, los niños estuvieron jugando con una bola de masa de harina de tortillas cruda que les dieron en el restaurante para que no se aburrieran mientras esperaban la comida. E incluso uno se la llegó a comer. “En efecto, esa harina provenía del mismo molino de Kansas City”, descubrieron los investigadores.

El último paso de los investigadores fue ponerse en contacto con la harinera y requisar la harina en mal estado. Cuando la investigación se cerró, el número de víctimas que se cobró la intoxicación ascendió a 63 y por suerte ninguna de ellas murió.

[Vía BBC]

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