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Etiopía lleva siglos comiendo el cereal que ahora desea el mundo entero

Este supercereal pequeño pero matón quiere el trono de la quinoa

Hay un cereal que se cultiva mayoritariamente en un solo país pero que está llamando la atención de todo el mundo: el teff de Etiopía.

El teff ( Eragrostis tef o Poa abyssinica) tiene unos valores nutricionales excepcionales: alto en proteínas (12%) y minerales y bajo en grasas. Y los intolerantes al gluten están de suerte, porque el teff es ideal para ellos.

Con más calcio, hierro, potasio y fósforo que la quinoa, es un cereal que se consume a diario en Etiopía. Allí, lo fermentan en forma de una crêpe de grandes dimensiones, la injera, que usan a modo de cuchara y aguanta intacta hasta 3 días. También lo cuecen en líquido para hacer unas gachas llamadas muk o lo hornean en un pan ácimo dulce, el kita.

Es un cereal que se come entero, sin quitarle la cascarilla. Por eso tiene un valor nutricional muy superior al de otros cereales que solemos consumir. Tiene alrededor de 360 calorías por 100 gramos, lo que lo convierte en un cereal energético. Cubre dos tercios de las necesidades diarias de proteínas. Es más, su consumo se asocia con la ausencia de anemia en el país.

Desde la Asociación de Familias de Niños y Niñas de Etiopía afirman que el teff es la base de la dieta de cualquier familia etíope y muchas veces es lo único que los más pobres pueden comer.

El teff es un cereal muy eficiente en todos los sentidos: se cocina rápido, se asimila muy bien y tiene un crecimiento veloz, ya que una de las variedades necesita tan sólo 45 días para ser cosechada.

Y puede ser blanco, amarillento, rojizo o casi negro. Cuanto más oscuro, más sabor tiene.

Su hábitat ideal son las altitudes de entre 1.800 y 2.100 metros y tiene una mayor producción en terrenos secos. Sin embargo, se adapta fácilmente a la mayoría de suelos y climas y tiene una gran resistencia ante plagas y enfermedades.

Se considera como un cultivo de emergencia: cuando las temperaturas suben y ya hay pocos vegetales que cosechar, el teff está listo para la siega.

No es casual que en el Yemen, donde también se planta, se conozca como el cultivo del vago por los pocos cuidados que necesita su cultivo: sembrar un puñado de semillas, esperar y cosechar este cereal con un rendimiento muy alto.

Casi todo son ventajas con el teff. Incluso cuando se almacena el grano, resiste perfectamente el paso del tiempo sin que reciba la mordedura de ningún insecto.

La única pega es su tamaño diminuto, de menos de 1 milímetro: al plantar el teff puede quedar fácilmente cubierto de tierra o inundado si arrecia el viento o llueve y durante el transporte puede perderse un saco entero por un pequeño agujero.

En Suráfrica y Australia se emplea como forraje para el ganado y en Etiopía y los países vecinos también se valora su fina paja para mezclarla con fango y usarla en la construcción.

Su cultivo podría crecer en países como Kenya, Malawi, México, Bolivia, Perú, Ecuador, India y Pakistán, donde sería un importante actor en la lucha contra el hambre.

[Vía Lost Crops of África]

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