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“Los jóvenes no tenéis casa porque os lo gastáis todo en tostadas con aguacate”

Lo acaba de decir un inversor inmobiliario australiano. ¿Qué pensáis?

Tim Gurner es un australiano rico que  tiene un consejito para todos nosotros: “¡Si no dejáis de comer tostadas de aguacate y cafés de 3 pavos, no os váis a comprar una casa en vuestra ***a vida! Yo trabajé muy, muy duro hasta que me compré una casa”.

El énfasis es nuestro pero era más o menos así como Gurner cargaba el otro día en la televisión australiana contra toda una generación de jóvenes. Actualmente Gurner trabaja en vender su proyecto de casas de lujo en el sur de Melbourne, para las que para que prevé un público de “compradores ricos, que se conocen entre ellos porque vienen de los mismos sitios, del mismo club de golf”, según dijo la semana pasada para The Australian.

"Querido hipster, esas ni las vas a oler", debe pensar Gurner. Pero si quieres cualquier cobija medio apañada, mejor que te quites de los cafés, de los donuts, de las cenas ricas. Porque el magnate se encoleriza viendo cómo su futuro money se dilapida en cócteles finos, comida ecológica y otros caprichos que nos dan la vida pero que para él son los responsables de que no puedas llegar a final de mes y que no tengas ni para pagar ni tres ladrillos de una casa.

Pese a lo polémico de sus declaraciones, Gurner no ha dicho nada nuevo. Está tirando de una teoría llamada latte factor , que a finales de los 90 popularizó otro iluminado de las finanzas, David Bach, en un libro cuyo título es un levantacejas de aúpa: Smart Women Finish Rich ("Las mujeres listas acaban siendo ricas"). Él ya decía que había demasiada gente comprándose lattes de 5 euros en lugar de ahorrar o invertir su dinero y que eso ocasionaría la debacle para la economía mundial.Esta teoría, patillera pero llamativa, fue desenmascarada por Helaine Olen, en su libro Pound Foolish, que advertía que es mucho más fácil culpar a la gente de sus problemas financieros en lugar de ver que, por ejemplo, los sueldos no corren parejos a los costes cada vez mayores de la educación, la vivienda y la salud. Precisamente, decía Olen para Slate, son las facturas médicas la principal causa que arrastra a la bancarrota a los ciudadanos estadounidenses. 

Pero algo tiene de seductor pensar que en este café de especialidad que me estoy tomando ahora mismo está mi futura ruina financiera. Es un producto muy concreto y reconocible, un icono del consumo moderno, con un precio un poco alto pero fácilmente comprensibles. No son estrategias económicas globales complejas, teorías sobre el flujo de capitales ni cifras astronómicas que nos provocan cortocircuitos cerebrales y que requieren de más tiempo para entenderlas.

Meter los caprichos, la sal de la vida de toda una generación en la ecuación que los culpa de la precariedad de la que escapan (muchas veces a través de este consumo), solamente beneficia a señores como Gurner, que lo que más les gustaría en la vida es levantarse un día para ver a los trabajadores apocando la cabeza, comiendo patatas y gachas y trabajando más y más duro.

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