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No eres vegetariano, tampoco eres carnívoro. Eres flexitariano

El flexitariano es aquel que puntualmente come productos animales. Su forma de pensar genera más dilemas y contradicciones que la de un vegetariano. Hablamos con tres flexitarianos sobre ello

Imagen de Marcel van der Vlugt

"Si todos los mataderos tuvieran paredes de cristal, todas las personas serían vegetarianas".

Sin quererlo, Paul McCartney resumía así una forma de vida que se ha convertido en moda a día de hoy: el vegetarianismo. Y una visión que, aunque haya eclosionado en los últimos años bajo este nombre, existe desde hace mucho tiempo. Estamos en una transición del hombre omnívoro al vegetariano que parece que haya llegado de golpe. Pero muchos vegetarianos antes han sido flexitarianos.

Joaquim Labiós, un realizador de Valencia, dice: "Yo no me defino vegetariano porque pesa mucho la palabra. Un flexitariano, que es dónde yo me siento cómodo, ya de inicio te permite salir de unos moldes". Labiós creó Flexitarianos Valencia para visibilizar un colectivo del que forman parte miles de personas sin siquiera saberlo.

El concepto de flexitarianismo surgió en la década de los 90 y para algunos es un tipo de vegeterianismo flexible. Sin embargo, existe un matiz entre un vegetariano y un flexitariano: el primero no come carne, el segundo quizás sí. El flexitarianismo es una corriente forjada en la tolerancia y un cierto respeto a los animales y el medio ambiente, aunque para algunos genera contradicciones.

Un culto al cuerpo y la salud

En realidad, desde siempre ha existido una conciencia por lo saludable. Varios estudios demostraron que una dieta sana nos hacía sentir mejor; menos ansiosos, más tranquilos, más felices. Poco a poco, fuimos adoptando hábitos beneficiosos para nuestro cuerpo. Y ahí empezó la transformación. 

Jordi Barri, uno de los fundadores del primer restaurante flexitariano de Barcelona, vivió esa pequeña revolución en su propio negocio. Barri, que tenía experiencia en el tema y un restaurante vegetariano (Teresa Carles), explica cómo tuvo que adaptarse a lo que la gente pedía. Por eso fundó Flax&Kale, un proyecto que solo ha cosechado éxito.

De su experiencia queda claro lo siguiente: el movimiento del flexitarianismo no te encasilla tanto como el vegetarianismo o, todavía más, el veganismo. Pero en ningún caso ser flexitariano es menos válido que las otras opciones. El flexitarianismo también es una decisión personal y concienciada hacia los alimentos.

"Yo dejé de comer carne al conocer las terribles condiciones de los animales hasta que los matan", explica por su parte Labiós. Asegura haber encontrado en esta corriente un lugar donde se siente mejor, piensa mejor y puede hacer que el planeta sea mejor.

Sin embargo, la pregunta sigue ahí: ¿por qué alguien decide hacerse flexitariano en lugar de vegetariano? ¿No es un poco tramposo? La respuesta está en la tolerancia, en esa flexibilidad que permite a uno situarse en un punto intermedio. El flexitariano dice más un "sí" a la dieta vegetariana que a la carnívora, pero puede que tampoco renuncie a esta última.

El camino de un flexitariano hasta llegar a un respeto y aceptación no ha sido fácil. En ocasiones puede ser similar al de un vegetariano o vegano, aunque más sencillo. A todos ellos se les ha tratado muchas veces como a bichos raros, como a gente obcecada en sus ideales que no quería escuchar ni tolerar el resto de opiniones. El flexitarianismo, en ese sentido, ha permitido enlazar mejor la dieta con las relaciones personales: más flexibilidad se traduce a más capacidad de adaptarse a todo tipo de entornos.

"Los veganos, los celíacos, los intolerantes a la lactosa... A todo este grupo de gente con restricciones, ya sea por enfermedad y necesidad o por moral y ética les hemos podido acoger mejor en un restaurante flexivegetariano como Flax&Kale que en Teresa Carles ", explica Barri.

Escuchar la voluntad de la gente y adaptarla les ha permitido lograr el reto. "Esta flexibilidad en coger la nutrición y llevarla a un restaurante que hable de forma clara nos ha permitido ser muy transparentes", dice Barri. También explica que esa transparencia ha permitido cubrir en toda esa gente una necesidad alimentaria en concreto.

Esto evidencia que el flexitarianismo ha encontrado un espacio más amplio que el mercado en el que se mueven el vegeterianismo y el veganismo. Este último es más bien una especie de nicho. En cambio, en el flexitarianismo ya no solo tienen cabida los que tenían muy claro su ideal o filosofía de vida. También los que deciden emprender un nuevo cambio. Muchos de ellos, para terminar quedándose. "Ese punto mainstream, cuando tiene su justa medida, sin pervertirse, hace que aparezca la magia", dice Barri. El resultado es lo que él llama una "espiral positiva".

Conciencia medioambiental y animal

La gente que emprende este modelo de vida lo hace creyendo que tiene beneficios para la persona. Pero muchos también lo hacen por convicciones medioambientales y animalistas.

Silvia Barquero, portavoz de prensa en PACMA, dice: "Existe un aumento de conciencia social sobre la situación de los animales en granjas industriales y mataderos, y esto está llevando a la gente a modificar sus hábitos alimentarios para minimizar el impacto de su dieta sobre los animales y el medio ambiente".

Cada uno de nuestros actos tiene un impacto en el medio ambiente. Sin quererlo, con cada decisión de compra o consumo dejamos una huella. Y, en ese sentido, es mucho más fácil que un flexitariano entre en contradicción, a diferencia de un vegetariano o sobre todo vegano.

Pongamos un ejemplo: la adopción animal. En el momento en que una persona decide adoptar, puede hacerlo por varias razones, pero la más probable será porque cree que de esa forma está ayudando más al animal que "comprándolo". Lo está salvando. Una vez más, actúa la conciencia animal.

Para Barquero es un proceso paulatino: "Un día descubres que adoptando en lugar de comprar, salvas la vida a un animal. Posteriormente te implicas en alguna campaña antitaurina, y después alguien te pasa un vídeo sobre la situación de los animales en una granja industrial. No puedes olvidar la mirada angustiosa de ese cerdo y un día decides no comerte un filete. En cualquier caso, cada decisión que tomemos en este sentido, por pequeña que sea, es beneficiosa para los animales".

Además, existe un pensamiento bastante común: los peces no sufren tanto como los mamíferos al ser sacrificados para que terminen en nuestro plato. Sin embargo, hay un estudio realizado por Culum Brown, de la Universidad de Macquarie (Australia), que demuestra que la cognición y percepción sensorial de todos ellos están por lo general a la par con la de otros animales. Por tanto, cuando mueren asfixiados o aplastados en las redes de pesca sienten dolor.

Barquero explica que "quienes defendemos los derechos de los animales, hablamos de peces y no de pescado, porque sabemos que son alguien y no algo. Sin tratar de igualar ese sufrimiento al de una vaca, es sufrimiento igualmente".

Una repercusión, aunque distinta, tiene lugar en el medio ambiente. Los datos demuestran que por cada kilogramo de carne de vacuno producida se han necesitado 13.000 litros de agua. Y así sucesivamente con otros alimentos. Barquero explica que también la contaminación y la deforestación de selvas tropicales son realmente insostenibles.

Jordi, que vive la situación de cerca, asegura que, aproximadamente, de los clientes de Flax&Kale, un 70% acuden por cuestiones de salud, un 15% lo hace por motivos de conciencia medioambiental y otro 15% por conciencia animal.

Nuevos retos

Llegados a este punto, la pregunta parece evidente: ¿es una dieta flexitariana, vegetariana o vegana la solución?

"El problema no es que la gente flexitariana se vuelva vegetariana, sino que la gran masa que come mal y a la que le da igual que el planeta se destruya empiece a ser un poco más consciente. Esto no va de ser perfecto y pulcro", explica Barri. 

Pero la reflexión sobre el flexitarianismo y su estilo de vida lleva por último a pensar en algo más: ¿estamos volviendo a las dietas de antaño? Cuando los recursos económicos eran escasos y obligaban a comer más fruta, productos verdes y legumbres, y menos carne y pescado. Para Barri la respuesta es clara: "Mi abuela era de Teruel y era flexitariana sin saberlo, porque hace 80 años en España se comía carne como mucho una vez a la semana". "La dieta mediterránea es básicamente flexitariana", añade.

La mirada hacia un futuro cercano parece optimista en los tres. Barquero, la representante de PACMA, asegura que "cada día más personas se cuestionan sus hábitos alimenticios, por motivos de salud, medio ambientales o por ética hacia los animales. Todos ellos motivos muy válidos y con resultados muy beneficiosos a nivel global. Incluso las grandes corporaciones han dado un cambio de rumbo hacia la comercialización de todo tipo de productos alternativos a la carne. Ése es el futuro".  Por su parte, Labiós lo ve así: "Apasionante. Vamos a cambiar el planeta y vamos a ser mucho más sanos y felices partiendo de nuestro estómago". Y Barri asegura: "Yo le veo un futuro muy positivo, ya no solo al término flexitariano sino a la alimentación más consciente".  

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