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El fin del cruasán podría estar cerca si sigue la crisis de la mantequilla en Francia

8 datos de la historia del cruasán que debes conocer antes de su posible desaparición

En las calles de Francia, ya no huele a dulce. Poco a poco pero sin pausa, París está olvidando el perfume de la mantequilla saliendo de las ventanas de las casas. ¿Qué está pasando? Que se avecina el fin de los cruasanes, porque la mantequilla ha registrado una subida del 92% este mes de mayo a causa de la baja producción de leche en Francia, según informa Le Figaro.

Así lo explicaba Fabien Castanier, el secretario general de la federación de pasteleros franceses, para The Guardian: “es una presión económica insostenible (...) Y por desgracia, la situación todavía será peor en las próximas semanas, con un gran peligro de que no haya mantequilla disponible”. No es para tomárselo a risa. “Que exista un peligro real de escasez de mantequilla a finales de año podría generar ataques de pánico en los mercados”, dice Matthieu Labbé, portavoz de la industria pastelera.

Antes de que se extingan, conoce estos 11 datos sobre los cruasanes para disfrutarlos mejor.

1. El tatarabuelo del croissant viene de Austria. Kipfel, así se llamaba a la pasta austríaca que existe desde el siglo XV y que todavía hoy se come. Pero es ligeramente más denso y con menos textura de hojaldre que el cruasán, según afirma la revista Lucky Peach. A la reina Maria Antonieta, nacida en Austria, le encantaban y se dice que fue ella quien los rebautizó con el nombre francés de 'croissants'.

2. Croissant quiere decir 'creciente'. ¿Lógico, no?

3. Su forma no tiene nada que ver con la medialuna de la bandera turca. Dice la leyenda que durante el sitio de Viena de 1683, un grupo de panaderos descubrieron que los soldados del imperio otomano estaban excavando túneles en la ciudad. Para celebrar que los habían pillado in fraganti, crearon una pasta con forma de media luna, igual que en la bandera turca. Pero en realidad, esto no es más que un mito, y estas pastas se comían desde hacía años.

4. Y no, no fue un invento húngaro. Otro mito dice que fue inventado durante una guerra en Buda, pero no hay ninguna fuente que lo confirme. Sin embargo, en Hungría también tienen su especie de cruasán particular, el kifli.

5. El primer proto-cruasán fue francés. A pesar de que el cruasán provenga del kipfel, fue François Pierre de la Varenne, autor del primer recetario de pastas francesas, Le Pâtissier François (1653) que dio la receta de un primer cruasán con masa hojaldrada. Pero todavía no era el definitivo.

Tartuffel

6. El inventor de los crusanes definitivos fue francés. Sylvain Claudius Goy fue el primer pastelero que dejó constancia de una receta de croissants que es la esencia de la actual: masa hojaldre combinada con mantequilla, mezclada con levadura y dejada reposar.

7. Sal y azúcar en equilibrio perfecto. Esta es la clave de un buen cruasán, según el pastelero Pierre Hermé, que ganó el concurso a mejor cruasán de París otorgado por Le Figaro. Es un proceso muy laborioso. La masa de harina tiene que ir 'forrándose' de mantequilla y tiene que estar siempre a una temperatura fría. Es por esto que se trabaja sobre una mesa fría. De lo contrario, la mantequilla se derretiría y saldría espachurrada bajo el rodillo del maestro pastelero. 

8. A los franceses les gustan tanto los crusanes que cada mantequilla (Isigny, Charentes-Poitou, Isère) tiene su concurso del croissant y casi cada departamento del país francés también, como Rouen. El último, el de mantequilla de Isigny, ha tenido lugar en marzo de este año y lo ha ganado Erwam Fillocque, de Cahors, seguido de Anna Cordazzo, de Biarritz, ambos muy jóvenes.

La Depêche

9. Pero no es un capricho de todos los franceses. Solamente el 60% dicen comerlos de manera habitual, y el 47% de ellos lo reservan como placer de fin de semana. Y el 80% de ellos suelen preferirlo sin rellenos, al natural, con el punto justo de dulzor de la mantequilla y la fermentación, según datos de Databook Croissant.

 

10. Australia es el hogar del mejor cruasán del mundo. Contra toda lógica, el New York Times apuntaba muy lejos de Francia para encontrar el mejor cruasán del mundo, que según ellos se hace en Lune Croissainterie, en Melbourne.

11. La mayoría de los franceses no podían pagar el precio del croissant hasta pasada la Segunda Guerra Mundial. Con el auge de la producción en masa todo cambió. Hasta entonces, los dulces eran un lujo que pocos se podían permitir. A mediados del XIX París se empezó a llenar de pastelerías para la creciente clase burguesa.

 

[Vía Lucky Peach, The Smithsonian]

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