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Food

El cambio climático y las mafias pueden dejar al mundo sin vainilla

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El sabor de siempre vive una crisis como nunca

rosa molinero

07 Junio 2017 19:11

Da dulzor y cremosidad, quita amargor y acidez. Acompaña al sabor del chocolate, la fresa o el coco. Es la vainilla, originaria de México y reina de las especias dulces. Y se avecinan malos tiempos para sus amantes: ladrones, mafias, especulación, cambio climático y la desesperación de los campesinos son el combinado fatal que ha aumentado el precio de la vaina negra más aromática hasta 500 euros el kilo.

“La cosecha de vainilla de Madagascar de este 2017 podría muy bien ser la cosecha de peor calidad que entra en el mercado desde hace décadas. ¿Cómo podemos decirle a nadie que compre la vainilla de peor calidad de la historia a 25 veces el precio que pagaron otra de mejor calidad hace 5 años?”. No hay mejor resumen de la situación que el de Aust&Hachmann, un distribuidor canadiense.

Uno de los principales causantes del aumento de precio demencial de la vainilla es el cambio climático. Azotando las costas de madagascar desde 2004, el ciclón Enawo acabó con la vida de 78 personas, afectó a otro medio millón y dañó el 30% de las plantaciones de vainilla, una planta en forma de liana y de cultivo difícil, que se poliniza a mano y que ya estaba muy diezmada por la sequía y por las condiciones climatológicas adversas de 2016.

Sin embargo, la demanda no atiende a razones y sigue creciendo año tras año, sobre todo desde que en 2015 grandes consumidores de su aroma como Nestlé declararan que dejarían de usar vainillina, una imitación de la vainilla sintetizada hasta en un 85% de los casos mediante un derivado del petróleo, el guaiacol.

Esto ha contribuído a que las mafias y los ladrones armados vayan a la vainilla como moscas a la miel. Los saqueos de las plantaciones son frecuentes y los campesinos, que solamente ganan un cuarto del precio de exportación, se ven obligados a dormir en las plantaciones para vigilar su cosecha.

Por otro lado, Danwatch, una organización de investigadores daneses, ha descubierto que en las plantaciones de vainilla se están dando casos de trabajo infantil y que también se pagan sueldos desproporcionadamente bajos. Además, entre los campesinos se ha extendido la teoría de que los especuladores están reteniendo las vainas para hacer subir los precios, según explica para AFP Dominique Rakotoson, director de una fábrica de vainilla familiar.

A la desesperada, los agricultores han encontrado una solución para no perder dinero: recolectar las vainas verdes y someterlas a un proceso de curación mucho más rápido que el habitual, que tarda entre 2 y 6 meses y es complejo y laborioso. La pega es que reduce la calidad de la vainilla y se vende por mucho menos, a unos 70 euros el kilo. Al gobierno de Madagascar le ha hecho tan poca gracia esta solución que meses atrás la prohibió y organizó una hoguera pública de 500 kilos de vainilla sin madurar para dar ejemplo a los campesinos. Asimismo, ha gestionado a equipos especiales en la llamada Plataforma Nacional de la Vainilla para evitar las malas prácticas y disuadir a los ladrones.


Esta es la guinda del pastel para un país que sufre una pobreza del 77%, siendo uno de los más pobres según el Banco Mundial, que ni siquiera puede verse beneficiado por este negocio que emplea a 200 mil personas en el país y genera unos 170 millones de euros en exportaciones.

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