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23 cosas que solo entenderás si eres una persona poco cariñosa

Cuando alguien te dice "te quiero", le miras de reojo y contestas: "Qué bien"

1. Te molesta cualquier tipo de contacto físico. Tienes una burbuja XXL, y no estás dispuesto a que nadie te la reviente.

2. Incluso cuando alguien te dice “te quiero”. En ese momento no sabes muy bien cómo reaccionar. Miras de reojo y contestas: “Qué bien”.

3. Excepto cuando te enamoras. Ahí tienes que apechugar con todos los “te quieros” del mundo. Sobre todo al principio. Después de unos años tu pareja termina esperando poco de ti.

4. El problema es que hay una inmensa mayoría de gente que no es tu pareja, gente que aún confía en encontrarte un puntito de amabilidad. Y te cuentan sus relaciones. Y son siempre taaaan aburridas.

5. O peor: se ponen a llorar delante de ti. En estos casos sufres más que el otro, porque –una vez más– no sabes qué decir.

6. Aún así, por alguna extraña razón, hay personas que te invitan a sus celebraciones. Aquí la gente se besa y se quiere mucho. Tú, que no quieres ser el bicho raro,  te entregas a la desesperada para que no quede nadie sin abrazar. 

7.  Mientras te preguntas: ¿por qué la gente se abraza tanto? Algunos incluso lo hacen por gusto. Cuando tú abrazas pareces un espantapájaros con la sonrisa pintada. Das miedo.

8. Siempre que abrazas o te abrazan parece que te pase algo grave. Que tengas una enfermedad degenerativa.  

9. Porque te incomodan tanto las demostraciones de afecto en público que jamás abrazarías a alguien si no tuvieras una enfermedad degenerativa. 

10. Tú, no él. Si él la tuviera le darías una palmadita en la espalda y le susurrarías un escueto: "Qué mal".

11. Eso con los adultos, con los niños lo pasas peor. En serio, ¿cómo se saluda a un niño? Besarle es forzar demasiado y darle la mano… ni de coña, no vas a darle la mano a un chaval de 7 años como si fuera tu colega de toda la vida. Al final le  revuelves un poco pelo, le dices cualquier chorrada y abandonas la habitación con cara de gilipollas.

12. La otra opción es agacharse y darle un abrazo. Eso sería súper normal.

13. Volviendo a los adultos. Siempre que quedas con tus amigos compruebas que entre ellos se saludan con un abrazo, y a ti, como ya te conocen, te dan la mano. O ni eso. Eres el amigo erizo.

14. Es una sensación rara. Aunque no te gusta el contacto físico, el hecho de verles queriéndose provoca en ti una ligera envidia.

15. “Ligera” es un eufemismo.

16. Los demás piensan que eres un poco frío, lo cual es absolutamente falso. Tú quieres de forma implícita. En voz baja. Abrazando con la mirada.

17. Y usas metáforas vomitivas para enmascarar tu incapacidad afectiva.

18. Por cierto, ¿habéis notado que alguna gente se besa cada día al empezar o terminar la jornada laboral? De locos.

19. Decíamos que tus amigos se dan amor mientras tú quedas al margen. Generalmente lo llevas bien. Sin embargo, hay momentos en los que también necesitas cariño. Esos días vas detrás de ellos intentando que parezca evidente. Mendigando un abrazo o un beso; lo que sea.

20. Y no sabes cómo gestionarlo. El hecho de notar esa carencia te resulta un poco patética. Y te sientes triste. Más aún.

21. Entonces piensas, ¿qué carajo me pasa? ¿De verdad no puedo pedir amor?

22. De manera que tomas la iniciativa y lo encaras con valentía. Vas a por ello. Coges a tu amigo desprevenido y le das un abrazo de oso. Un abrazo que le gusta, que te devuelve. Y aprendes. Cada día un poco. Sigues sin dar besos a los niños porque no eres un político en campaña, y tampoco besas a tus compañeros de trabajo porque… son compañeros de trabajo. Pero empiezas a salir de la burbuja. Pones un pie fuera. Luego el otro. Asomas la cabeza y...

23. Fuera hace un frío horrible. ¿Quién te ha mandado salir? Enseguida sientes el desamparo, así que reculas, das media vuelta y vuelves a entrar. Lejos del contacto físico. Donde más a gusto se está.

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