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12 cosas que los chefs odian de sus clientes

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Así serían los restaurantes si los chefs mandaran fuera de la cocina

Marc Casanovas

29 Julio 2016 12:51

Los chefs mandan en su cocina. Es su territorio sagrado. Fuera de esas cuatro paredes, los cocineros no tienen ni voz ni voto, pero eso no significa que no tengan una opinión formada sobre el negocio.

¿Qué pasaría si los chefs mandaran en los restaurantes?

PlayGround Food ha hablado con varios cocineros para dar respuesta a esta pregunta. Hemos mantenido en el anonimato sus nombres porque no quieren herir la sensibilidad de ningún cliente. Que nadie se alarme porque hay cera para todos. No se lo tengan en cuenta. Nos quieren tal y como somos. Simplemente se están desfogando después de apagar los fogones.

Prohibido hacer fotos


Los smartphones están matando la experiencia de la buena mesa. La gente está más pendiente de hacer una buena foto y colgarla en las redes sociales, que de disfrutar del plato con los cinco sentidos. Y lo peor es que muchas veces ponen filtros a las fotos y cambian por completo los colores y la textura de la presentación. No se mantiene ni la esencia ni la intención del plato. La pregunta que se hacen muchos chefs: ¿Qué pasaría si dejáramos todos los smartphones en la entrada junto a las chaquetas y los paraguas?


Wifi

 

Hay clientes que piden conexión a Internet antes de sentarse en la mesa. Algunos no llegan a pisar el interior del comedor y lo preguntan desde el exterior. Workaholics que deberían prepararse algo congelado la noche anterior y comer pegados a la pantalla de la oficina. Como condición esencial para quedarse, piden la contraseña con cara de perro apaleado. Siéntate, mira la carta, elige platos y después pide conexión a Internet.


Sentarse sin permiso


Es una cuestión de principios. Entrar en el comedor y sentarse en la mesa sin que te acompañe el camarero es de mala persona. Imagina que el cartero entra en tu casa y se sienta en el sofá junto a tu esposa. Pues eso. Todos tenemos prisa, hambre o ambas cosas. Pero si el camarero no te asigna mesa, espera en el hall de la entrada con la mejor versión de tus sonrisas. Serás atendido con cortesía.  


Dress code

En verano todos nos relajamos con el vestuario. Los chefs no exigen americana y corbata, pero tampoco es cuestión de venir sudado del gimnasio o mojar la silla con el bañador húmedo. Ciertas normas de decoro son necesarias. Imagina por un momento que ves al chef cocinando sin camiseta. Muy probablemente no querrás probar nada de su comida. Una buena experiencia en un restaurante también depende de tu entorno. Si tu campo de visión parece más una sauna gay que un restaurante convencional, es normal que no termines el plato.

Los amigos

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Eso funcionará en la vida privada, pero no en un restaurante. Los chupópteros que piensan que tienen barra libre en los restaurantes de sus amistades acaban perdiendo la condición de “amigo de toda la vida”. Si te consideras buen amigo de un cocinero, paga religiosamente siempre que puedas. Ya será el chef quien tenga el detalle de invitarte cuando lo crea oportuno. Pero deja de gorronear o perderás un amigo para siempre.


Los vegetarianos

Algunos veganos y vegetarianos a ultranza pretenden cambiar todos los platos de la carta. Cualquier chef que se precie odia a los clientes que estropean sus platos. Particularmente, los vegetarianos son los que más problemas ponen buscando cualquier cosa que se mueva en el plato. Por supuesto que los chefs respetan el vegetarianismo como decisión voluntaria por cuestiones éticas o de salud y por eso suelen tener “platos verdes” para todos los gustos.


Intolerantes falsos

La intolerancia alimenticia es algo muy serio para jugar con ello. Algo no cuadra cuando un supuesto intolerante a la lactosa se zampa un tiramisú de postres y se queda tan pancho. Los chefs se declaran intolerantes a los intolerantes falsos.


Los blogueros

Evidentemente no todos. Algunos de ellos ayudan a llenar las mesas y hasta acaban como asesores de comunicación del restaurante. Nos referimos a los que van de sabiondos y no saben nada de nada. Son una especie a extinguir para los chefs. Todos aquellos que piden un steak tartar poco hecho y pretenden comer gratis generan un poquito de rabia (siendo suaves).


Los propietarios del local

Los jefes mejor que se queden en casa. Así de simple. No hay nada peor para un chef que tener el propietario a sus espaldas controlando todo lo que hace. La cocina es del chef y el comedor es de los camareros. Mal vamos cuando el propietario va de mesa en mesa saludando a los amiguetes con carcajadas que se escuchan desde la cocina. Muchos cocineros tienen una norma secreta: si el restaurante lleva el nombre del propietario o de la mujer del propietario, mejor busca otro restaurante donde trabajar.


Maltrato a los camareros

Un detalle para todos aquellos que hablan con desprecio a los camareros: revisad la cuenta final. Ya veréis que no se especifica  en la cuenta nada sobre el maltrato a los camareros. El personal de un restaurante funciona como un ejército de soldados bien entrenados. Si tratas mal a un camarero, tendrás a todo el local en tu contra. No pagues tu mal humor del día o tus frustraciones con alguien que está haciendo su trabajo lo mejor que puede.


Los tardones

Si la cocina ha cerrado, ya no hay marcha atrás. Hay clientes tardones que se creen más especiales que el resto de la humanidad y pretenden comer cuando el equipo de cocina ya está limpiando. Son clientes que se toman muy mal un “no” como respuesta. No es nada personal, es una cuestión de respetar al equipo. Si abres la veda y das de comer al tardón, no podrás negarle un plato caliente al siguiente cliente que entre al restaurante 30 minutos más tarde


Los fumadores

Los comensales tienen todo el derecho a fumar y a acortar innecesariamente sus vidas. Es más la mayoría de chefs, fuman y beben multiplicado por dos. El problema viene cuando se levantan de la mesa para fumar un cigarrillo después de cada plato. El servicio se ralentiza porque los camareros están pendientes de servir los platos cuando el comensal ha vuelto a su mesa. Además, cuesta mucho reconquistar un paladar relleno de nicotina.






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