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En esta ciudad es legal cobrar un 10% más a los turistas por unas patatas fritas

La turismofobia ha llegado a la restauración: ¿estás dispuesto a pagar más en un restaurante solo por ser turista?

En estas que te escapas a visitar Bélgica este verano. Aterrizas en Brujas y, cómo no, quieres probar sus frieten, porque aquí dicen que inventaron las patatas fritas, que fríen dos veces para hacerlas más crujientes Pides una ración y te cobran 7 euros. Mientras les echas mahonesa, unos belgas han pedido lo mismo que tú, pero les cobran un 10% menos. Son 0,70 euros más si tu documento nacional de identidad dice que no eres belga. 

Bienvenidos a la ciudad que cobra un impuesto a los turistas por comer su plato estrella.

Pero, ¿qué pasaría si los turistas se vieran obligados a pagar más en todos los restaurantes, en todo el planeta? Si lo que se intenta con ello es incidir sobre el turismo de masas, resulta una medida bastante polémica. En primer lugar, porque el beneficio repercute directamente sobre el restaurante en concreto y no sobre el estado, que podría utilizarlo para una gestión eficiente del turismo. Y, en segundo lugar, porque la rebelión de los turistas sería descomunal.

No obstante, en Brujas se han sabido defender frente a la queja de un turista y han argumentado así su decisión. Las autoridades del país han contestado ante la queja de un turista y su respuesta ha dejado a más de uno perplejo: “Esto es perfectamente legal”, dijo el portavoz de la Agencia de Protección al Consumidor de Bélgica.

Gauthier Gevaert, uno de los restauradores que cobra ese plus en su tienda ( "fritkots" en flamenco) dijo para el periódico De Standaard que no se trataba tanto de un impuesto para los turistas sino de un descuento a los locales, que son ávidos consumidores de patatas fritas con una media de 75 kilos por persona y año, un tercio más que los americanos.

“No voy a pedirle a nadie su pasaporte. Puedo oír si alguien es de aquí. si hablar el dialecto, bandera verde. Mira, les doy un descuento a los locales como señal de fidelidad. Pensadlo como una especie de lealtad. ¿Alguien que viene de Amberes a pasar el día o un turista americano de viaje por Europa que vendrá sólo una vez? El precio normal, lo siento”.

Incluso el alcalde de Brujas, Renaat Landuyt, ha intervenido en el asunto a favor de los restauradores: “Recibimos a 6 millones de turistas cada año. Esto hace de Brujas una ciudad cara. Y pequeños gestos como este están bien”.

La legalidad de los precios turísticos de las patatas se define porque, como afirmó Chantal Peacock del Servicio Público Federal de Economía, “se basa en razones objetivas” y “el cliente sabe de antemano cuál es la norma”.

Queda claro que en Bélgica se toman en serio el asunto de las patatas. Y no es para menos porque, según dijo la Asociación Nacional de Vendedores de Patatas Fritas (UNAFRI), cuando en 2014 se planteaban postular su plato como patromonio de la UNESCO, "Un cono de patatas fritas es Bélgica en miniatura".

[Vía The Guardian]

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