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El niño rico que juega a ser chef: o lo quieres o lo odias

Alguien miente en Nueva York: para la prensa es un genio, para los cocineros una ofensa al gremio

Flynn McGarry tiene 18 años, es el chef más joven de toda Nueva York y acaba de abrir su restaurante en Eureka. Lleva cocinando desde los 8 y aprendiendo a base de ver vídeos de grandes cocineros en Youtube.

Hay algo perverso en los programas de televisión de cocino para niños. Los más pequeños copian a sus referentes. Eso está bien. El problema es que muchos se creen a la altura de los mayores. Flynn ha recibido grandes ovaciones y también feroces abucheos, como el del cocinero David Santos, que consideró que llamar “chef” a un chaval de 17 años que todavía no había sudado la chaqueta era una ofensa para el gremio.

Y lo que él contestó para Grub Street: “Sí, la gente ha trabajado muy duro y ha tenido vidas de mierda. Pero, ¿por qué ese sufrimiento tiene que ser la norma? ¿Por qué tener una vida terrible, perderte todas tus reuniones familiares, ser tratado como un trapo durante 10 años tiene que ser la señal de que eres un chef? Eso solamente te amarga”.

Ya ha logrado acometer 1 de sus 3 objetivos. El resto, ganar las 3 estrellas Michelin y situarse en el top 5 mundial, los tiene en el punto de mira.

McGarry es todo ambición. Con 11 años, tras 3 meses enfermo sin poder salir de casa engullendo Iron Chef Japón a todas horas, debutó por primera vez en una cena para los exclusivos amigos de su madre, todos actores y productores de Hollywood.

El apoyo incondicional de los suyos y una red de contactos suculentos lo han llevado a invertir sin dudar un dineral en un equipamiento de cocina puntero. Cuando el niño no llegaba a la encimera, se le construyó una a su medida. Cuando pidió un espacio para crear en solitario, se transformó su habitación en una cocina profesional. Cuando para su cumpleaños quiso una brasa japonesa, la tuvo.

Y cuando pensó en ampliar sus conocimientos en Europa, estuvo trabajando en Oslo y Copenhaguen . Desde los 12 años acumula experiencias en restaurantes de la talla de Alinea, Alma y Eleven Madison Square. Víctima de bullying en la escuela, su madre encontró oportuno escolarizarlo en casa para que pudiera seguir dedicando una media de 160 horas mensuales a la cocina.

Su despegue estelar y un estilo que define como “cocina americana progresiva” le ha llevado a ocupar portada en el New York Times, a ser entrevistado en el show de Jimmy Fallon y para el Nightly News de la NBC. Incluso cocinó en la fiesta de Pascua que dieron los Obama.

También le dieron jarabe de palo en Slate, que consideraron que “no produce alta cocina porque sea un genio de la gastronomía; produce alta cocina porque sus padres le han comprado equipamiento propio de un restaurante de alta cocina”. Y añadieron que perpetua el estereotipo de hombre blanco y con recursos que predomina en las grandes cocinas.

Sin embargo, McGravy no se arredra ante las críticas y ya ha cumplido su sueño: desde septiembre de 2016 cocina todas las semanas en Nueva York los viernes, sábados y domingos, 3 días que una amiga de su madre le cede gratuitamente el espacio de su restaurante para que él, con la ayuda de dos lavaplatos, sirva a 24 personas un menú de 14 pases por 160 dólares (impuestos y propinas incluidos).

El menú incluye platos como tupinambo asado con emulsión de granos, almejas en salazón y trigo sarraceno, brócoli glaseado con tomates y melazas o rábanos encurtidos y braseados con sopa y aceite de naranja.

En otra ocasión, le preguntaron “¿Por qué no has esperado hasta tener más experiencia?”, a lo que él contestó “¿Y por qué no hacerlo ahora? Puedes aprender a ser un chef mientras eres cocinero. Tienes que sumergirte en esto. Y sí, podría fracasar, pero esto es lo bueno que tiene. Porque entonces, cuando algún día tenga un restaurante propio, ya habré experimentado esto y sabré qué hacer”.

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