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Así es el peor centro de conservación de tortugas marinas del mundo

Cada tortuga que entra en esta granja corre el peligro de acabar en el plato de un restaurante de las Islas Caimán

Fotos: Cayman Turtle Centre

Una granja para la conservación de tortugas marinas debería ser el lugar más seguro para estos reptiles. Pero en Islas Caimán no es así.

El Cayman Turtle Centre no es lo que parece. Tiene su cara amable de cara a la opinión pública como hogar de tortugas, donde los turistas que se acercan pueden verlas y apreciarlas. El problema es que también pueden tocarlas (cosa que debería estar prohibida) e incluso nadar con ellas. Pero aquí no acaba su cara más funesta. Lo que no sabe la opinión pública es que tamién hacen las funciones de granja de carne de tortuga marina verde, una especie en peligro de extinción y el ingrediente más notorio de muchas recetas de las islas Caimán.

No es ninguna broma: Es la atracción turística más cruel con los animales según la organización World Animal Protection. Y lo que todavía es peor es que de su gestión se encarga el propio gobierno. Quien tendría que multar y clausurar el recinto, lo premia.

Asociaciones animalistas como World Animal Protection denuncian que el animal que probablemente sufre más siendo criado en granjas son las tortugas marinas. “Son animales migratorios que nadan más de 2.250 kilómetros y se sumergen hasta 153 metros bajo el mar. En el Cayman Turtle Centre, que se conocía como Cayman Turtle Farm hasta el año pasado, las tienen en tanques de hormigón oscuros. Y mientras que en mar abierto son criaturas solitarias, que se juntan solamente para aparearse. Pero en la granja puede haber centenares de ellas en una sola piscina al mismo tiempo”, dice Neil D’Cruze, investigador de la organización.

Por otro lado, la ignorancia de los turistas hace que encuentren normal sostener y tocar a las tortugas para hacerse fotos con ellas cuando es la única atracción para turistas del mundo donde esto es posible. 

Ellos mismos fueron los que tomaron fotos años atrás y mostraron cómo las condiciones de hacinamiento estaban alterando el comportamiento de las tortugas: se estaban volviendo caníbales. Esto mismo pudo corroborar una antigua trabajadora del centro que dimitió después de ser testimonio de lo que llamó “una situación que me rompía el corazón a diario”.

“Se veía una cama de cabezas de tortuga saliendo a la superfície. Luchaban constantemente para llegar a la superficie y respirar. Todas tenían heridas y cicatrices de mordiscos de las otras que se apilaban encima o debajo de ellas”, describe la extrabajadora, que también cuenta que el agua de las piscinas se cambiaba con las tortugas dentro y que se tiraban polvos de cloro alrededor de ellas.

Por otro lado, la bióloga conservacionista Brendan Godley, de la Universidad de Exeter, dijo para National Geographic que una granja de tortugas no es tan mala idea: proporciona la carne de tortuga que los locales quieren y rebaja la demanda de carne de tortugas salvajes. Pero la realidad no se ajusta a esta explicación, dado que de los 60 mil habitantes que tiene las islas, solamente un 3% (es decir, unas 1.800 personas), comen semanalmente carne de tortuga estofada, frita o braseada, mientras que el 70% afirma que nunca la han probado.

Asimismo, el centro se defendía diciendo que ya no vendía la carne de tortuga para los turistas, sino que la destinaba a consumo local exclusivamente. A pesar de esto, la mayoría de cruceros ofrecen excursiones al centro a unos turistas que no sospechan que visitarán una granja y que suponen un 70% de sus 200 mil visitantes anuales, según cifras del Ministerio de Turismo. La World Animal Protection ha creado una campaña para que la Carnival Cruise Lines, la compañía de cruceros que gestiona el 20% mundial de esta oferta, no lleve más a sus viajeros al Cayman Turtle Centre.

 

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