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Nutraloaf: la comida para torturar a los presos más conflictivos de EEUU

Disciplina para el estómago para acabar con cualquier atisbo de comportamiento violento

En junio de 1978, el caso Hutto vs. Finney demostró ante la corte suprema de los Estados Unidos que el grue, el alimento que se daba a los reclusos que tenían mal comportamiento, era una forma de tortura cruel que iba en contra de la octava enmienda de la constitución.

Esta comida era un mazacote parecido a la comida de gato con ingredientes misteriosos triturados: carne, patatas, aceites sin identificar, sirope, vegetales, huevos y condimentos industriales. Tras un vuelta-y-vuelta por la sartén ya estaba listo para comer.

Los presos lo denominaban "Pan disciplinario". Durante el tiempo que duraba el castigo, las tres comidas que les servían en las celdas de aislamiento consistían en este ladrillo. Disciplina para el estómago para acabar con cualquier atisbo de comportamiento violento en la celda de castigo.

Además de ser una forma de maltrato psicológico, el juicio destapó que los prisioneros estaban famélicos tanto si rechazaban el mazacote como si lo comían, porque el aporte calórico no llegaba ni a la mitad de sus necesidades diarias.

El litigio terminó prohibiendo el grue en las prisiones de Arkansas. Sin embargo, todavía hoy se sirve algo muy similar en más de 100 prisiones americanas: el Nutraloaf.

Esta vez, el Nutraloaf sí proporciona suficientes nutrientes pero sigue siendo un bloque de comida cementosa. Es lo mismo de siempre: una forma de torturar las mentes, los paladares y los estómagos de los reclusos. Y todos la odian. En palabras de Johnie Walton, ex prisionero de la cárcel Tamms Supermax, de Illinois, para NPR, el Nutraloaf es “soso y como el cartón”.

En Pennsylvania lo cocinaban con leche en polvo, arroz blanco, patatas, zanahoria, col, avena, garbanzos y margarina. En Washington lo siguen haciendo y le añaden carne de pollo o ternera, tomates y manzanas, según datos del New York Times.

La receta varía porque cada cárcel tiene vía libre para añadir cebolla, judías, fruta en lata, gelatina, queso o pasas. O, simplemente, pueden triturar las sobras diarias. Incluso la manera de servirlo es poco humana: en bolsas de papel, sin platos, cubiertos ni aliños.

Lo que motiva a las penitenciarías a usarlo es su efectividad. El sheriff del condado de Milwaukee, David Clarke, afirmó para NPR que el miedo que infunde a los reclusos hace que el número de peleas, alborotos y ataques al personal hayan descendido notablemente.

Foto: Matt Rourke

Pero los activistas de los derechos civiles consideran que es un castigo despiadado que raya el límite de lo legal y piden que se detenga la aplicación de esta medida punitiva que poco dista de tener a los internos problemáticos a pan y agua como en el siglo XIX.

En Pennsylvania ya lo han conseguido y de pasada han agitado la polémica en el resto de cárceles que desde 2012 denuncian sin éxito el uso de Nutraloaf. En total, son 12 los estados que tienen por habitual esta práctica, desde California hasta Nueva York, según dijo para NPR el expresidente de la Asociación de Servicios Alimentarios Penitenciarios, Benson Li.

[Vía Food52]

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