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Lo que las cadenas de comida rápida están haciendo para generar adicción

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Cuatro estudios destripan las técnicas de estas cadenas para enganchar a los niños

Helena Moreno Mata

14 Julio 2016 20:30

Se puede afirmar que los niños son más propensos que los adultos a consumir comida rápida. Así lo demuestran cuatro estudios recientes que evidencian el peligro al que están expuestos los menores.

1. Ubicación estratégica: fast food cerca de los colegios

El primero ha sido llevado a cabo por la Universidad de Australia del Sur y afirma que cerca de muchos colegios de Adeaida hay cadenas de fast food que suponen una auténtica tentación para los menores.

El estudio ha sido publicado en primicia por Adelaida Now y explica que la mayoría de compañías se sitúan en los barrios más humildes de esta ciudad australiana, provocando así un desequilibrio en los hábitos de los pequeños: los que se encuentran en las zonas más pudientes prácticamente no se ven afectados por esta situación."Las escuelas menos aventajadas de Adelaida están expuestas a más comida rápida y el entorno alimenticio da a esos chicos más oportunidades de comer alimentos pocos saludables”, asegura Neil Coffee, principal autor de la investigación.


2. Golosina en los anuncios de televisión

Por otra parte, un segundo reporte, realizado por la Universidad de McMaster en Ontario (Canadá), explica que los niños tienen más tendencia a consumir fast food debido a la gran presencia de este tipo de alimentos en los anuncios de televisión. Traducido a cifras, estos conforman más del 80% de todos los anuncios de comida en Estados Unidos y Canadá. También se aseguró que el público infantil ve un promedio de cinco anuncios de comida por hora. Se entrevistaron a 6.000 niños y se recogió información de 29 trabajos anteriores.

Las palabras de Bradley Johnston, profesor asistente del departamento de Epidemología Clínica y Bioestadísticas de la McMaster, llevan a pensar que parte del problema está en las políticas públicas. Él mismo asegura que por lo general el análisis "muestra la necesidad de una revisión de las políticas públicas sobre el marketing de comidas y bebidas no saludables dirigido a los niños”.

3. Retraso en el aprendizaje

Este estudio, publicado en Clinical Pediatrics, relaciona el consumo de fast food en los niños con un atraso en el aprendizaje. Se observó que los niños que consumían habitualmente este tipo de comida con 10 o 11 años experimentaban un retraso en su aprendizaje a los 13-14 años. En total, se valoraron a 8.500 menores, y se concluyó que obtenían puntuaciones hasta tres y cuatro veces por debajo de las de aquellos que apenas consumían comida rápida. "Los efectos más graves se vieron en aquellos niños que consumían este tipo de comida todos los días», asegura Kelly Purtell, de la Universidad Estatal de Ohio (EE.UU.). También se tuvieron en cuenta aspectos como el ejercicio físico o el número de horas que miraban la televisión.

4. Alteraciones hormonales

El cuarto estudio  explica que el consumo de comida rápida provoca un aumento del 40% del contenido de contaminantes hormonales en la orina. Tras analizar muestras de orina de 8.877 voluntarios, el doctor Ami R. Zota, encargado del estudio, encontró que aquellos que obtuvieron al menos el 35% de sus carlorías en las últimas 24 h de comida rápida tenían mayores cantidades de contaminantes hormonales. Estos están presentes en el PVC, ya que se utilizan como plastificantes, y en algunos casos se filtran en comidas grasientas que están en contacto con el plástico. La exposición humana a estos se asocia a daños reproductivos, neuronales y respiratorios sobre los menores.








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