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"Buscaba trabajo como redactora gastronómica, pero él sólo quería ver mis pies"

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Una periodista explica en primera persona cómo la desesperación laboral lleva a jóvenes universitarias a sopesar una proposición indecente

PlayGround

01 Febrero 2017 20:26

Soy una de las muchas periodistas en España que está en el paro y, debo reconocerlo, cada vez me da más pereza buscar trabajo.

Cada mañana me preparo un café y accedo a un portal destinado a buscar ofertas, cojo aire, me armo de paciencia y lucho por no escupir el café cuando veo los sueldos que se ofrecen y los requisitos que se demandan. Máster, idiomas, experiencia y un largo etcétera a cambio de cuatro duros, sueldos precarios que hacen que el atractivo de la profesión se desvanezca no sólo por lo aburrido y mecánico de los trabajos ofrecidos, sino por las condiciones del mismo.

A principios de esta semana vi una oferta que no pintaba mal: “Revista gastronómica busca redactora”.



Lucho por no escupir el café cuando veo los sueldos que se ofrecen.



El director de “Catalunya Gastronómica”, el señor Leandro Abarca, ofrecía un trabajo bastante digno: reportajes gastronómicos a modo freelance. La periodista, en este caso, tendría la libertad de elegir sus horarios e ir a distintos restaurantes de la ciudad condal, escribir un artículo o publirreportaje y trabajar desde casa para posteriormente enviar sus publicaciones que, imagino, supervisaría el propio Leandro.

Envié mi CV vendiéndome lo mejor que sé y, aunque no tengo demasiada experiencia en el sector gastronómico, no tenía dudas de que sería una excelente candidata. Y efectivamente, a las pocas horas de hacerle llegar mi carta de presentación, recibí una llamada.

Leandro, con una voz un tanto afónica y una tartamudez evidente, me propuso encontrarnos a la mañana siguiente. Aunque intenté preguntarle algo más sobre la oferta por teléfono deduje por su reacción que prefería hablarlo en la reunión, así que guardé mis preguntas y me sentí satisfecha por haber obtenido una respuesta tan rápida.



La página web de Catalunya Gastronómica me pareció bastante amateur y pobre.


El café de esa mañana me sentó de maravilla, estaba motivada y, aunque la página web de Catalunya Gastronómica me pareció bastante amateur y pobre en cuanto a contenido, decidí que sería una buena excusa para proponer ideas y mejorarla. 

Llegué a la zona de la Vall Hebrón de la ciudad de Barcelona y me fijé en el edificio: un bloque de pisos antiguo, muy alto y sin duda residencial. “Qué raro", pensé. "Esto no tiene pinta de oficinas”. De golpe, me entró el mal rollo y decidí hacer una foto y enviarla a mi pareja con la dirección exacta. Por si las moscas.


Pasa, mujer, no tienes que tener miedo.


Llamé al séptimo piso, se abrió la puerta y me dirigí hacia el ascensor. Cada vez me sentía más nerviosa, algo me decía que no estaba haciendo lo correcto. Al llegar a la planta, Leandro estaba esperándome. Sé que juzgar a alguien por su físico es algo cruel y totalmente irracional, pero debo ser sincera: yo lo hice. Su aspecto no me transmitía ningún tipo de seguridad, tenía una pose corcovada y una mirada inescrutable. Todo ello acompañado de un halo descuidado marcado por un cabello grasiento que dejaba entrever un comedor amarillento al final del pasillo.

—¡Hola guapa! Pasa —me dijo Leandro.

—¿Esta es tu casa, verdad? —pregunté ante la obviedad.

—Sí, trabajo desde casa.

—¿Por qué no hacemos la reunión en una cafetería? He visto que hay un bar justo debajo. Ademas me iría genial tomar un café, no me ha dado tiempo esta mañana —mentí.

Pasa, mujer, no tienes que tener miedo. Sólo vamos a hablar.

Dudé unos segundos, me imaginé trabajando de freelance, visitando restaurantes deliciosos, probando platos exquisitos y escribiendo artículos gastronómicos de varias estrellas Michelín. Pero mi parte racional ganó por goleada. ¿No tienes que tener miedo? ¿Qué significa eso?

Me negué en rotundo a entrar. Le dije que no me sentiría cómoda haciendo una entrevista en su casa y, tras volverle a insistir, rechazó de nuevo mi invitación al café. Me despedí con un rápido ¡adiós y gracias! y bajé esta vez por las escaleras.

Yo me quedé en el recibidor, pero ¿qué hubiese pasado si hubiera cruzado esa puerta? ¿Cuántas chicas lo habrían hecho ya?

De vuelta a casa encendí mi ordenador y lo primero que hice es buscar información sobre Leandro Abarca. Encontré varias noticias al respecto. Al parecer, el director de Catalunya Gastronómica era ya conocido por sus entrevistas incómodas y decenas de chicas habían denunciado anteriormente en Facebook el trato vejatorio recibido. Para mi sorpresa, lo que quería Leandro era ver los pies de las candidatas.



¿No tienes que tener miedo? ¿Qué significa eso? Me negué en rotundo a entrar.


“Si quieres trabajar aquí, enséñame un pie”. Así de claro lo explica para El Mundo una estudiante de Marketing Digital. Nuria Botella afirma haber vivido la entrevista de trabajo más incómoda de su vida.

Según declaran otras candidatas —o víctimas—, Leandro reconoce ser un apasionado de la reflexología y, a través del estudio de los pies de las futuras redactoras, dice que puede llegar a ver el potencial de las chicas.

Lo que más me sorprende no es la falta de vergüenza del director, sino el atrevimiento que tiene por seguir con esta práctica. Tras ser acusado por varias jóvenes universitarias y después de que de que su caso fuera tratado en distintos medios de comunicación, el director de “Catalunya Gastronómica” decidió desactivar durante un tiempo sus redes sociales pero, pasado un tiempo prudencial y aprovechando la entrada del nuevo año, Leandro ha vuelto a publicar ofertas de trabajo tentadoras en distintas plataformas e incluso en su perfil profesional de Linkedin.

¿A qué se debe esta falta de impunidad y este descaro? Ah, claro, ¡que no está forzando a nadie ni haciendo nada ilegal!

Según la ley Leando no hace nada punible y se siente con las fuerzas renovadas para volver al ataque. Entrevista para revista gastronómica y pies, una combinación extravagante e insólita. O lo que es lo mismo, fetichismo y desesperación laboral que logra que muchas chicas crucen esa puerta y accedan a enseñar sus pies a cambio de un posible trabajo.



Dice que puede llegar a ver el potencial laboral de las chicas a través de sus pies.


Así de apetitosa se presenta la situación laboral en nuestro país: "Buscaba trabajo como redactora gastronómica, pero él sólo quería ver mis pies". Un país donde el patriarcado sigue ahí, donde la mujer no es valorada por sus aptitudes, sino por su físico. O por sus pies.

Yo, mientras tanto, sigo con los calcetines puestos buscando trabajo desde casa.






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