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La burbuja de la industria porcina: un negocio con más cerdos que personas

España ya es el estercolero de Europa: casi 84 millones de metros cúbicos de excrementos contaminan anualmente la atmósfera con total impunidad

La industria cárnica es un negocio millonario que representa hasta el 2% del PIB de España. En 2016, la actividad generó 23.000 millones de euros y más de 80.000 puestos de trabajo, donde la carne de cerdo supone un 37% de este sector. En 2015 se registraron hasta 28 millones de cerdos. En comunidades como Cataluña ya hay más cerdos que personas, hasta 8 millones. En localidades como La Litera (Huesca) la proporción asciende a 40 cerdos por cada habitante. España es el mayor productor de carne porcina de toda Europa.

La otra cara de este negocio esconde unas cifras más lamentables en las que este país también es líder. Las cantidades de purín (los excrementos de los cerdos), que contienen altas dosis de metano, ascienden ya a 84 millones de metros cúbicos que producen emisiones letales para el medioambiente. Con ellas podrían llenarse hasta 33.000 piscinas olímpicas.

España lidera también el consumo de antibióticos preventivos para evitar enfermedades en los animales. La consecuencia es que 25.000 personas mueren en Europa por resistencia a los antibióticos y la gran mayoría tienen el origen en esa comida.

Por último, este modelo de súper producción también ha permitido prácticas ilegales que afectan a las condiciones de vida de los animales. Desde el hacinamiento; las castraciones sin anestesia e incluso —y esta sí es legal— el sacrificio de los animales en el matadero sin aturdirlos.

84 millones de metros de excremento contra el medioambiente

28 millones de cerdos son muchos cerdos. Mientras países como Alemania o Dinamarca están cerrando sus granjas porcinas, España va camino de aumentarlas. En Cuenca y Guadalajara, por ejemplo, las instalaciones de explotaciones intensivas de engorde de cerdos cuentan con subvención de la Junta. En Soria se espera una instalación para 20.000 vacas y Zamora ha pedido a Bruselas la catalogación de provincia 'indemne' a la brucelosis para poder acoger más proyectos de ganadería intensiva.

España se ha convertido en el estercolero de Europa. Se calcula que un solo cerdo produce de media entre 3 y 5 metros cúbicos de excremento, lo que supuso, tan solo en 2015, un total de 84 millones de metros cúbicos de purines.

El embalsamiento de los purines a cielo abierto produce grandes cantidades de metano y el problema se agrava cuando el suelo no es capaz de asimilar y retener componentes como los nitratos. Este exceso ya ha provocado que el 41% de los acuíferos de Cataluña estén contaminados. Más de la mitad supera ya los 50 miligramos de nitratos, según datos de la Agencia Catalana del Agua. Se trata de una cifra grotesca, si tenemos en cuenta que, en España, 12 de cada 100 viviendas no tienen acceso a agua potable.

El Gobierno catalán ha destinado 6 millones de euros para poder abastecer a las localidades afectadas. Según denuncian desde Ecologistas en Acción, esto es tan solo el principio de lo que nos espera, ya que todavía no podemos hacernos una idea del grave impacto ambiental que suponen los purines.

La reforma de la normativa eléctrica, aprobada hace tres años, supuso una revisión a la baja de las subvenciones en todo tipo de plantas de renovables. Muchas empresas de tratamientos de purines, que convertían los residuos en biogas y este en electricidad, se vieron obligadas a cerrar.

Frente al desamparo del Gobierno y a la negativa de los dueños de las macrogranjas a hacerse cargo del tratamiento de los purines, son los agricultores quienes tienen que ocuparse de su eliminación. Algunos cuentan con instalaciones lo suficientemente grandes para que los excrementos no se concentren. La mayoría, sin embargo, opta por utilizar tratamientos fertilizantes para disminuir los nitratos.

Líderes, también, en antibióticos preventivos

Un tercio del total de los medicamentos antimicrobianos de Europa acabaron en España. El hacinamiento de los animales (un metro para un cerdo de hasta 100 kg) provoca que tengan que ser tratados con grandes dosis de antibióticos para evitar la transmisión de enfermedades entre ellos.

Según explica el veterinario Alfonso Senovilla, la celeridad para obtener beneficios y la falta de recursos para realizar un mayor número de inspecciones lleva, en la mayoría de las ocasiones, a que las empresas no respeten el tiempo de supresión, es decir, el tiempo necesario para que el animal elimine de su organismo los antibióticos antes de ser llevado al matadero.

La celeridad para obtener beneficios y la falta de recursos para realizar un mayo número de inspecciones lleva, en la mayoría de las ocasiones, a que las empresas no respeten el tiempo de supresión, es decir, el tiempo necesario para que el animal elimine de su organismo los antibióticos antes de ser llevado al matadero.

La consecuencia de consumir carne con antibióticos está repercutiendo en la aparición de alergias y en más muertes. En Europa se producen 25.000 muertes al año por resistencia a este tipo de fármacos, con un coste anual de más de 1.500 millones de euros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, de seguir este camino, en 2050 morirán más personas por bacterias mutadas e inmunes a cualquier antibiótico que por cáncer o por accidentes de tráfico. Se calcula que se llegarán hasta los 10 millones de personas afectadas.

El 99% en manos de grandes empresas

Roberto es ganadero desde hace 25 años. Su trabajo no tiene horarios ."Me levanto a las 5 de la mañana y me acuesto a las 11 de la noche", explica a PlayGround. Gracias a sus suegros, también ganaderos, tiene en propiedad una finca de 200 hectáreas en Valencia que utiliza para la reproducción de las cerdas. Tiene dos empleados a su cargo.

Sus suegros fueron ganaderos tradicionales. Contaban con su propio ganado, que no superaba la veintena, y abastecían un pequeño mercado. "La ganadería siempre ha sido una actividad que genera beneficios para poder vivir aunque tampoco para hacerte rico", añade. Ese modelo de agricultura extensiva, sin embargo, tiene los días contados en España.

"Hoy en día es un suicidio ser particular en el mercado cárnico y más, en la industria porcina. Los precios de la carne oscilan muchísimo y habrá meses que te vaya bien y otros que no consigas nada. Además, hay que sumarle el precio de los medicamentos, el seguimiento de los veterinarios o el transporte", explica el ganadero.

Ahora el 99% de la producción está en manos de empresas que abastecen al ganadero con todo lo que necesita. "Ellos son quienes nos proporcionan los animales, el pienso (fabricado también por ellos mismos), los medicamentos, los veterinarios y el transporte", asegura Roberto.

De lo único que no se encargan estas grandes empresas, además del trabajo diario de cría y del mantenimiento de los animales, es del desecho de los excrementos. Sus instalaciones pueden llegar a contar con hasta 20.000 cabezas de ganado.

"Hoy en día es un suicidio ser particular en el mercado cárnico y más, en la industria porcina. Los precios de la carne oscilan muchísimo y hay meses que te van bien y otros en los que no consigues nada. Además, a esto hay que sumarle el precio de los medicamentos, el seguimiento de los veterinarios o el transporte", explica el ganadero. Son gastos que, para un pequeño ganadero, suponen un gran riesgo en un mercado que está copado por empresas que integran todos los procesos. Desde la producción del pienso hasta los productos ya envasados que después venden a las grandes superficies y supermercados.

La ganadería constituye un 2,5% del PIB español y las empresas han sabido sacarle tajada. Actualmente, España ha superado al resto de países de Europa en la producción de carne de cerdo. Tan solo ha sido superada por Estados Unidos y China. Este último es, además, uno de los principales compradores de carne porcina en España.

Para hacerse una idea de los beneficios que produce el sector, hemos analizado a una de las principales empresas cárnicas españolas. Valls Companys cuenta con más de 2.100 macrogranjas repartidas por todo el país y forma parte de la empresa holding Inversions Fenec que facturó en 2016 unos beneficios de 1.407 millones de euros y emplea a 2.295 personas.

A Roberto, la empresa para la que trabaja, le paga 10 euros por cada cría que nace.

Prácticas "ilegales" contra las condiciones de vida de los animales

En España, 800 millones de animales fueron sacrificados para consumo humano. Las condiciones en las que viven han sido denunciadas desde hace años por asociaciones animalistas.

"Muchas normativas europeas y nacionales no se cumplen. Muchas veces porque, para obtener mayores beneficios el nivel de producción se triplica. Otras, simplemente, porque no hay una supervisión y porque no importa el sufirmiento animal"

Senovilla, el veterinario, dice: "Muchas normativas europeas y nacionales no se cumplen. Muchas veces porque, para obtener mayores beneficios, el nivel de producción se triplica. Otras, simplemente, porque no hay una supervisión y porque no importa el sufrimiento animal" .

"He visto cómo han castrado a cerdos sin anestesia. Les extirpan los testículos o les hacen una incisión en el abdomen para extraerle los ovarios", asegura el veterinario, que se volvió vegetariano. La normativa europea prohíbe actualmente la castración sin anestesia si el animal supera los 7 días de vida. "En países como Dinamarca o Alemania se han prohibido las castraciones físicas y se han sustituido por las químicas, que implican dos inyecciones y tienen el mismo efecto.

Vídeo

La industria cárnica se ha convertido en una especie de burbuja como la inmobiliaria o la turística. Es un modelo de negocio que genera grandes beneficios a costa de no cumplir con las normativas sanitarias y medioambientales ni las condiciones de vida de los animales.

Es un modelo industrial más que no respeta la sostenibilidad y que produce más de lo que consume. "¿Realmente es necesario sacrificar a 800 millones de animales para el consumo humano?", se pregunta Senovilla. De momento, las normativas no parecen ir en la dirección para que la industria tenga que cambiar hacia alternativas que respeten el medioambiente, la salud de los consumidores y el bienestar de los animales.

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