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La verdadera utilidad de esas botellas de vino gigantes

Las has visto cientos de veces y siempre te has preguntado lo mismo: ¿de verdad alguien compra esto?, ¿y para qué querría alguien una botella así? Procedemos a resolver tus dudas

No es raro ver que en bares y restaurantes hay botellas del tamaño de un niño de 5 años. Están ahí, en la barra o en algún rincón del local y no se sabe muy bien si forman parte de la decoración, si son la bebida de un gigante o si realmente alguien las compra.

La respuesta es: sí, alguien compra estos vinos mastodónticos y se bebe hasta la última gota.

El nombre de la botella varía según el tipo de vino y el tamaño. Los espumosos como el cava o el champán se llevan la palma: la Melquisedec contiene la friolera de 30 litros, es decir, unas 225 copas de vino. Le sigue la Primat (27 litros), la Sovereign (25 litros), la Melchor (18 litros) y la Nabucodonosor (15 litros).

Y todavía hay más, porque será por reyes bíblicos: Baltasar (12 litros), Salmanazar (9 litros), Matusalén (6 litros), Roboam (4,5 litros), Jeroboam (3 litros) y Magnum (1,5).

Pero la duda sobre qué motiva a alguien para usar estas dimensiones es tan grande como la capacidad de estas botellas. ¿Cuántas personas se necesitan servir estas botellas? ¿Cómo demonios se saca el tapón? Y lo más importante, ¿quién las compra?

Los motivos para comprar un vino de tan grandes dimensiones son varias. Por un lado, pueden ahorrar espacio en trenes y aviones donde es deseable no generar muchos residuos.

Según Quim Vila, director y propietario de Vilaviniteca, una de las mejores tiendas españolas de vino, estos formatos se suelen ver en fiestas y celebraciones con un montón de invitados. Las botellas enormes que se ven medio escondidas en algunos bares suelen estar vacías y tintadas para hacer promoción, decorar y dar el pego.

Botellón del club de billonarios de Mónaco (Barcroft Media)

Pero en los restaurantes gastronómicos suelen tener Magnums y Dobles Magnum porque son estas, explica Vila, las medidas preferidas de los grandes coleccionistas de vino del mundo.

“Consideran que es la capacidad ideal para envejecer el vino por el ratio de oxigenación entre el tapón y el vino y entre el tapón y el exterior”, afirma el experto.

Si esto es así, ¿por qué el 95% de botellas siguen fabricándose en el formato de 750 mililítros? El problema está en el corcho, prosigue Vila. “Cuesta mucho encontrar una pieza de corcho tan grande y de buena calidad. Los tapones perfectos en los grandes formatos pueden llegar a costar 5 o 10 euros”.

Por  su lado, el cristal también lo pone difícil. “El vidrio de una botella de 27 litros puede costar en 700 y 1.000 euros porque muchas veces se sopla artesanalmente. Y es difícil conseguir una botella perfecta que resista a tanto peso”. Lo mismo pasa con el resto de elementos.  Al final, la rareza de las botellas de tan gran formato repercute en el precio.

Sin embargo, quien se haga con una de estas botellas no necesitará ni una grúa ni un taladro para degustarla. Bastará con un sacacorchos corriente o uno algo más largo. Eso sí, las grandes botellas hay que decantarlas previamente y para ello se usa un soporte de madera. Porque a ver quién es el listo que se atreve a servir una copa con una botella tan pesada en brazos.

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