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Cómo ayudar a un niño a superar "el peor día de su vida"

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La muerte de una mascota suele ser el primer contacto de un niño con la muerte

C.M.

27 Junio 2017 18:31

La pérdida de una mascota suele ser el primer contacto de un niño con la muerte. Cuando el perro enferma, cuando deja de ladrar y el vacío se hace evidente, el pequeño de la casa descubre que aquello que tanto quiso no dura para siempre. Según los psicólogos, este es el mejor momento para afrontar su primera gran cuestión.

¿A dónde ha ido el perro?


"Muchos niños describen a sus mascotas como hermanos o mejores amigos", afirma Joshua Russell en The New York Times. Este profesor de Ciencias Ambientales en el Canisius College de Buffalo ha estudiado los efectos de la pérdida de mascotas en los niños, descubriendo que incluso años después de la muerte de la mascota, algunos pequeños describían el episodio como “el peor día de sus vidas”.

“Los niños tienen formas únicas de entender la muerte de su mascota, y la forma en que muere ésta influye en cómo sufrirán”, revela el investigador. Según su estudio, estos niños aceptaron fácilmente la muerte de los animales cuando, de alguna manera, se la esperaban. Así ocurría con los peces o los hámster, a los que se asocia una corta esperanza de vida.

De este modo, cuando un animal estaba enfermo entendían que la eutanasia aliviaba a la mascota de su sufrimiento. Es aquí donde los padres pueden ayudar y preparar al niño hablándole de la pérdida inminente, introduciendo además el tema de la tristeza y los sentimientos que están a punto de experimentar. ?Otro caso bien distinto es cuando la mascota muere de forma trágica o inesperada. ?"Esto le dice al niño que las personas o los animales que aman pueden morir sin previo aviso", expresa la psicóloga Abigail Marks.

Como es obvio, la edad o el nivel de desarrollo son condicionantes de peso a la hora de abordar esta circunstancia. Así, mientras los niños menores de 5 años tienen dificultades para comprender el concepto ‘muerte’, los chavales en edad escolar a menudo plantean preguntas acerca de lo sucedido. “Esas preguntas abren la puerta a tener conversaciones más amplias sobre el amor, la pérdida o lo que sucede después de ella”, añade la doctora Marks.

En estos momentos la estrategia tendría que ser siempre la honestidad. Encontrar el punto entre el alivio y el dolor de un tema que en ningún caso debería presentarse como tabú, porque al final, tarde o temprano, habrán de sobreponerse a una situación similar. Una segunda recomendación para adultos que orientan el despertar de un niño consiste en participar de sus juegos. Los pequeños a veces imaginan que su mascota enferma, o que huye a no se sabe dónde; en estos casos el adulto debe fomentar el ejercicio imaginario y ayudarles a canalizar su dolor.

Este dolor, además, podría ser mitigado con una despedida. Dejando de lado la connotación religiosa, los rituales funerarios sirven para ensalzar la figura de un miembro más de la familia, como es la mascota, que durante años ha participado de su felicidad. Decir adiós siempre ayuda.


De esta menera, según lo visto anteriormente, la función del adulto tiene que ver con ayudarles a descubrir que los animales se van, como se van las personas. Que tendrán días buenos y días muy malos, pero que en estos últimos casi siempre hay un poco de los primeros. Y que el perro se habrá ido pero en realidad sigue con ellos, porque para eso funciona la mamoria, otro concepto por el que tarde o temprano también preguntarán.

(Vía The New York Times)

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