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¿Y si el amor es un sucedáneo de la droga? Esto es lo que dice la ciencia

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La droga de estar enamorado te engancha, se te mete por dentro y te sacude. Pierdes los estribos, hablas todo el rato, sudas, salivas, sonríes y a la mañana siguiente quieres más

C.M.

20 Junio 2017 15:42

El amor es como la droga. Literalmente.

Hace unos años, la antropóloga, bióloga e investigadora Helen Fisher descubrió que en el amor se activan dos regiones cerebrales relacionadas con las conductas motivantes, el núcleo caudado y el área tegmental ventral, áreas que además están relacionadas con la repetición de conductas placenteras como el sexo o las drogas.

Sus conclusiones entroncan con otro estudio publicado por la investigadora Stephanie Ortigue, donde se afirma que durante el proceso del enamoramiento se activan hasta 12 áreas del cerebro, trabajando conjuntamente para liberar sustancias químicas como la dopamina, la oxitocina, la noradrenalina o la serotonina.

Así, el amor nos modifica el cerebro, activa un proceso bioquímico que nace en el córtex y genera una reacción de euforia similar al que inducen drogas como la cocaína. En otras palabras: enamorarse es parecido a drogarse.

Por suerte, la conmoción inicial no dura siempre. Para John Gottman, autor del libro Principa Amoris: The New Science of Love, el amor romántico se divide en tres fases que aparecen sucesivamente:  el enamoramiento, el amor romántico (construcción de lazos afectivos) y el amor maduro. Resulta meritorio salir intacto del primer torbellino químico, es a partir de aquí cuando la relación adquiere un tono más racional, con la pareja tomando decisiones de compromisos fundamentadas en un autoconocimiento más profundo y real.


Pero ya decimos, resulta complejo saltar de estadio. Cuando la pareja se rompe por el camino deja detrás un intenso olor a química. Las conclusiones de un estudio del Colegio de Medicina Albert Einstein así lo reflejan: “En el desamor, igual que cuando alguien es adicto a la droga, las consecuencias de la adicción son tan fuertes que pueden desembocar en graves conductas depresivas y obsesivas”. La ruptura de una relación fuerte exige un reposo que ayude a debilitar los circuitos neuronales en los que participan los químicos del amor. Como sucede con la adicción a las drogas, la mejor manera de salir de ellas es eliminando el contacto.

En definitiva, el amor es un proceso químico impregnado de factores culturales y sociales. Estos últimos definen a quién elegimos para compartir nuestro día a día. Cuando la encontramos llega el subidón, y el viaje definitivo.

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