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Adictos al kebab malo, la epidemia que arrasa en Europa

Un bocado adictivo y barato o una bomba calórica de comida basura: ¿qué comemos cuando pedimos un kebab?

Las grandes ciudades del siglo XXI están hambrientas de nuevos sabores. No hace falta viajar mucho al pasado para observar que 20 años atrás casi nade comía kebab en España. Es más, la mayoría de la gente no sabía ni que era.

Hoy la proliferación casi en cada esquina de restaurantes con el rulo giratorio de carne de kebab es más común que el clásico pollo asado. Es curioso, pero muchos españoles comen más carne de kebab que jamón o chorizo ibérico. Es el efecto rebote de la pasión turca que inunda Europa con la internacionalización de su plato estrella.

Un plato que muchos defienden porque se comen verduras (lechuga), proteína animal (ternera o pollo) y carbohidratos (pan) en cada bocado.

La clave del éxito parece obvia: la implantación del kebab en la dieta de una clientela eminentemente joven gracias a un precio asequible y una preparación fácil y rápida ha provocado un boom de locales. Tal y como pasó con la hamburguesa, la pizza, el sushi o los nachos, los kebab ya no son de nadie y son de todos. Si ganas una clientela joven con un bocado barato y adictivo tienes media victoria asegurada.

Otro tema es la calidad. La mayoría de jóvenes consumidores de carne de kebab desconocen la calidad del producto y si proviene de animales sacrificados según el rito halal por el cual el Corán prohíbe a los musulmanes comer cualquier carne del animal muerto por causa natural, sangre, carne de cerdo o de animal que haya sido sacrificado en nombre de otro que Alá.

El consumo se ha multiplicado por mil apostando por la cantidad en detrimento de la calidad. Así es como muchos restaurantes mezclan diferentes carnes para reducir costes y el producto lleva años con un claro suspense en higiene. Parte del sector se queja –y con no falta de razón– que el kebab sólo aparece en los medios de comunicación si hay malas noticias: carne incautada, almacenes sin control sanitario, productos con restos fecales, mezclas de carnes prohibidas, fraudes y un largo etcétera.

Consumidores y profesionales del sector responden de distinta forma a una misma pregunta: ¿qué comemos exactamente cuando pedimos un kebab?

Si vemos que el mismo rulo lleva allí varios días, descartarlo siempre.

1. Kebablandia

Decir que Turquía está de moda en toda Europa sería una mentira de brocha gorda. Lo que engancha y mucho es su bocado fácil envuelto en pan de pita. En la actualidad se estima que hay “un consumo de 100 Toneladas métricas (Tm) por día en España y unas 2000 Tm por día a nivel europeo. Nuestra empresa actualmente está en torno a las 240 Tm por día, lo que implica que nuestro kebab lo consumen en España cerca de 50.000 personas cada día”. Cifras apabullantes de Vicente Tormo, responsable de comunicación de Soyal Food Elche Kebab, la empresa que más produce en España y una de las tres más grandes de Europa con una media de 24.000 pollos sacrificados al día.

Hay un consumo de 100 Toneladas métricas por día en Españay unas 2000 a nivel europeo.

Los kebab gustan y mucho fuera de Turquía. Sin prisa pero sin pausa, una especia de kebablandia invade a Europa. Así lo certifican los datos de expansión de un producto en alza incesante: “Nuestra demanda ha aumentado a nivel nacional y hay un potencial mercado exterior que también está muy interesado en nuestros productos. De hecho ya estamos vendiendo a Suecia desde hace 6 meses, y actualmente estamos trabajando en Noruega, Dinamarca y Finlandia. En una fase posterior tenemos en proyecto Francia y Portugal”.

2. Kebab bueno vs Kebab malo

Un kebab es más calórico que cualquier hamburguesa de los locales considerados “comida basura”. Los kebabs están de media en 739 calorías y 4,5 g. de sal, por encima de una hamburguesa del Burger King (648 calorías, 2,3 g. de sal) o del Mc Donald's (510 calorías, 2,2 g. de sal). Son datos probados con un exhaustivo análisis de la Organización de Consumidores y Usuarios de España (OCU) que investigaron 25 kebabs comprados aleatoriamente en 25 establecimientos diferentes de Madrid.

Los resultados del laboratorio fueron más que malos: carne de pobre calidad, una bomba nutricional y "sorpresas" en la práctica totalidad de las muestras. Las conclusiones devastadoras dejaban el listón muy bajo:

–En 20 de los supuestos kebabs de ternera había pollo. En otras 11 oscilaba entre el 40% y el 60%.

–El caballo estaba presente en 7 muestras y el pavo en 13, aunque en pequeñas cantidades (menos del 1%, el límite legal fijado por la Unión Europea)

–11 de las 25 muestras tenían bacterias coliformes en cantidades elevadas, síntoma de contaminación fecal (probablemente por lavar mal los vegetales o lavarse poco las manos)

–9 muestras llevan más tendones y fibras de las deseables

–El kebab más contundente con patatas fritas y refresco, tiene las tres cuartas partes de la energía que necesita un adulto para pasar todo un día

–Solo 1 de las 25 muestras cumplía lo que prometía y era un verdadero kebab de ternera

Sólo 1 de las 25 muestras cumplía lo que prometía.

Ante este panorama devastador, la opinión general sobre la carne de kebab se ha ido deteriorando a pasos agigantados. Se asenta la idea que ningún kebab escapa del preparado industrial con almidón, conservantes y carnes de animales distintos. Un tufo sobrevuela el sector como un ángel exterminador manchando a los pocos que intentan ofrecer un kebab de calidad. Tal y como nos informan desde Elche Kebab, el principal problema que acometen es vencer a los prejuicios establecidos para demostrar que con la carne de kebab se puede preparar un producto de categoría.

Para empezar, muchos restaurantes ofrecen carne de kebab sin tener en cuenta que “para su correcta manipulación, las piezas de kebab (conocidos como “pinchos" en España) deben mantenerse en congelación hasta su uso. Una vez colocado en el asador es muy importante que el rulo se consuma completamente antes de 24 horas. En caso contrario la calidad ya no está asegurada. De ahí que sea tan importante ofrecer tanta variedad de formatos que van desde los 7, 10, 15, 20 y hasta 60 Kg”. Y, evidentemente, las empresas distribuidoras no pueden vigilar a todos los compradores para ver si son tan estricitos como ellos.

Es muy importante que el rulo se consuma completamente antes de 24 horas.

Desde Elche Kebab nos aseguran que cumplen con todas las exigencias de la cadena de frío hasta llegar a los restaurante, pero después ya es cosa de cada establecimiento elegir un distribuidor de confianza y asegurar unos mínimos exigibles en la presentación del producto ante el cliente. Y esto es lo que está fallando en la mayoría de casos.

“Desgraciadamente todavía existen locales de kebab que no se preocupan por la imagen que transmiten al cliente ni de si cumple con los mínimos de calidad e higiene. Pensamos que una buena imagen del restaurante donde se sirve kebab es fundamental (limpieza y orden del local, higiene personal, etc.) y tratar de conocer la procedencia de sus productos. Somos una de las pocas fábricas que abre sus puertas para poner de manifiesto que no tenemos nada que esconder y esto da confianza plena al consumidor”.

Desgraciadamente todavía existen locales de kebab que no se preocupan por la imagen.

3. El kebab 2.0 del futuro

¿Cómo se puede lograr un cambio en la percepción del consumidor? Si se logra convencer al consumidor "se podrá ver que el kebab es un producto de total confianza y garantía y que se puede disfrutar de muchísimas formas diferentes. Incluso cada vez más se están ofreciendo formatos para poderlos disfrutar en casa, pudiéndolos obtener en supermercados y otros tipos de tiendas". Estos son los requisitos para que el kebab mejore su imagen y pueda ser considerado un producto de calidad según la mayor empresa de producción en España:

–Competencia desleal

"No todos los locales cumplen con los requisitos mínimos, pero afortunadamente estamos observando que son la mayoría los que sí que los cumplen. Hay que fijarnos en el color y el olor de la carne antes de adquirir el producto. Si vemos que el mismo rulo lleva allí varios días, hay que descartarlo siempre" .

–Educación del consumidor

"Fundamentalmente, aquellos clientes que compran barato sin importarles la calidad del producto, su procedencia, si se ha tratado correctamente desde su elaboración y ha sido sometido a los controles sanitarios que marca la ley, si se ha almacenado y transportado de forma correcta y con frío.

–Imagen del restaurante

"Una buena imagen del restaurante donde se sirve kebab es fundamental. Me refiero a limpieza y orden del local, pero también a la higiene personal de los trabajadores".

Hay clientes que compran barato sin importarles la calidad del producto.

–Conocer el origen de los ingredientes

"Hay que tratar de conocer la procedencia de los productos. Principalmente si el origen de la materia prima es de confianza, así como si el proceso de fabricación es cuidadoso y cumple con todas las normas higiénico-sanitarias".

–Más controles

"Tienen que existir más controles propios y externos por parte de las autoridades sanitarias".

–Transparencia del sector

"Una fábrica que abre sus puertas está poniendo de manifiesto que no tiene nada que esconder".

Hay que fijarnos en el color y el olor de la carne antes de adquirir el producto.

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