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'To the bone': por fin una película pone la anorexia en primer plano

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“Si mueres, te mato”

Marc Casanovas

14 Julio 2017 06:00

En cuatro ocasiones Ellen (interpretada por Lilly Collins) intenta abarcar el diámetro de su brazo juntando los extremos de los dedos de una sola mano. Como espectador pasivo es desolador presenciar la degradación de una joven para lograr un brazo esquelético, pero así es como To the bone nos adentra en la mente de una persona autodestructiva que no encuentra el camino para curarse. Asusta.


No sorprende en este sentido encontrar en Change.org una petición que reclama a Netflix que retire To the Bone del dominio público para evitar hacer daño y estigmatizar una enfermedad peligrosamente "glamourizada" entre los jóvenes. Sin entrar a valorar quien puede exigir tal cosa por estar más o menos sensibilizado con el tema, deja bien a las claras dos cosas.

La primera es que al finalizar el visionado del estreno como directora de Marti Noxon hay una evidencia aplastante: no hay referentes donde agarrarse. Es curioso, pero no hay películas, buenas o malas, con la anorexia como protagonista principal. El cine ha pasado por alto la anorexia descaradamente y ya no hay excusas. No sirve como ejemplo la interpretación de Christian Bale en The Machinist porque la anorexia estaba presente, pero no se verbalizaba en ningún momento. La segunda es que queda demostrado que los productores cinematográficos aún veían demasiado riesgo en apostar un presupuesto millonario poniendo la anorexia en el centro de todos los focos. Es un tema incómodo que requiere de cuidados intensivos y el cine no estaba dispuesto a darlos hasta hoy.

To de bone, para bien o para mal, se ha atrevido.


No hay películas, buenas o malas, con la anorexia como protagonista principal.


Hay que reconocer que una delgada línea roja separa una buena de una mala película cuando se aborda una enfermedad con sensibilidades a flor de piel. Y es que en To the bone no sólo los padres no saben cómo abordar la anorexia de sus hijos, la propia sociedad tampoco se encuentra cómoda porque saca a relucir todos los males de la obsesión por los cuerpos perfectos y la convivencia con nuestras inseguridades. Aquí el principal handicap sería insinuar que la anorexia puede ser algo "cool". Sería el peor de los errores. Un fallo imperdonable que To the bone no comete.

Además, sería injusto exigirle a la producción de Netflix que diera respuesta a todos los interrogantes abiertos sobre la anorexia que la medicina y la psiquiatría aún no se han atrevido a cerrar. Sería como pedirle a una película sobre alcoholismo o sobre drogas que diera las claves para curar tales adicciones. To the bone tan solo es una película basada en el desorden alimentario de la propia direcora. Ni más ni menos.



Sería injusto exigirle que diera respuesta a todos los interroganes abiertos sobre la anorexia.


Sin duda, el punto fuerte de To the bone reside en la convivencia de siete jóvenes (un chico y seis chicas) en la residencia sin puertas ni cerrojos del Doctor William Beckam, interpretado por Keanu Reeves. Las extrañas normas de la casa dan juego de sobra por ir más allá de lo permitido dentro de un hospital convencional. Uno, sólo trata a las personas que desean vivir. Dos, está prohibido hablar de comida porque es aburrido y no ayuda. Tres, no es obligatorio comer, pero hay que sentarte en la mesa del comedor. Y cuatro, hay que resisitr un mínimo de 6 semanas para que el tratamiento sea efectivo.

Pero centrémonos en la comida. Preguntarle a alguien por qué no come es la peor táctica posible si ese alguien cuenta las calorías de todos los alimentos de su plato. Así nunca te dará la respuesta que esperas y, de rebote, perderás su confianza sin ni tan siquiera empezar a empatizar. Lo único que lograrás es cargar más culpabilidad a sus espaldas: “Lo siento. Ya no soy una persona. Soy un problema y todo es culpa mia”, sentencia Ellen antes de tocar fondo.

Justamente son esos momentos de crisis absoluta donde la periodista Hadley Freeman observa que la película se aleja de la realidad. En su columna en The Guardian se cuestiona por qué los hombres (el doctor y el paciente masculino que no parece enfermo) son los únicos seres cuerdos para abordar la anorexia sin histerismos.


Lo siento. Ya no soy una persona, soy un problema.



Resumiendo, la mejor película sobre la anorexia está por llegar, pero To the bone pone el dedo en la llaga rompiendo con ideas peligrosamente preconcebidas. No, las familias destructuradas no son el problema ni la solución de nada. No, las personas anoréxicas no están todo el día deprimidas y logran reirse de si mismas. Y no, no existe una fórmula mágica para curar una de las peores lacras de nuestra sociedad donde sumar likes de los amigos en tu foto de perfil tiene un precio demasiado alto.

“Si mueres, te mato”, le dice su hermanastra en una de las frases con más carga emocional del film. Ser consciente que lo tienes todo para ser feliz y no saber dar marcha atrás en el proceso de autodestrucción rompe los esquemas de cualquiera. Si además esperas que alguien tenga la fórmula mágica para curarte y resulta que no hay nada más allá que aprender a convivir con la propia enfermedad, la decepción se multiplica por infinito y es demasiado fácil abandonar.

Porque la única respuesta fiable está en tus huesos.

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