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Salas del destierro: el purgatorio japonés que mata de aburrimiento al trabajador

Shusaku Tani trabajó durante 32 años para su empresa. Cuando rechazó la jubilación anticipada fue trasladado a la habitación de la vergüenza junto a 40 repudiados

(Getty)

Japón niega su existencia. Pero existen.

"Oidashibeya" es una palabra tabú. Sería lo más parecido el purgatorio japonés. Las llaman salas del destierro y es la peor pesadilla del trabajador. Quien acaba en ellas apura las jornada contemplando las rejillas del aire acondicionado. Cada cuarto de hora, sorbito al té. Y si la habitación está aclimatada se pierden en una web cualquiera sobre la que hacer scroll. Raaas. Raaas. Raaas.

En un país de gran respeto por la cultura del trabajo vatalicio, las habitaciones del destierro funcionan como herramienta de despido encubierto. Juegan con la paciencia de sus asalariados y aprovechan la fidelidad que el japonés le profesa a su empresa. Más allá del tópico del nipón obsesionado con la productividad, es fácil entender su desesperación. Pocas empresas reconocerán la existencia de las salas, pero algunos trabajos periodísticos han destapado la realidad.

Uno de ellos pertenece al New York Times, que en 2013 contó la historia de un empleado de Sony repudiado por su empresa. Shusaku Tani, que trabajó durante 32 años en el departamento de cintas magnéticas para vídeos y cassettes, rechazó la jubilación anticipada cuando su cargo quedó desfasado. Después de eso, el único acomodo que le encontró la firma tecnológica fue en la habitación de la vergüenza. Junto a otros 40 repudiados.

"Las empresas no deben actuar de esta manera, es inhumano”, declaró el trabajador.

El enfrentamiento entre empleados y directivos pone de manifiesto la batalla por flexibilizar las normas de despido en Japón. Allí, la faena de por vida ha sido una constante y los despidos masivos un tabú social, al menos en las corporaciones grandes. Quienes defienden el relajo consideran que un mayor movimiento de los empleados nipones procuraría dinamismo al mercado, mientras que los detractores se escudan en la tradición. Consideran que destruir empleo libremente acabaría con el tejido social de Japón en favor del beneficio empresarial.

En realidad la controversia sobre el puesto vitalicio y el salario por antigüedad viene de no muy lejos. Durante el milagro económico de la posguerra la estabilidad y el crecimiento iban de la mano, pero a principios de los noventa su economía tropezó, y las empresas comenzaron a darle vueltas a una pregunta comprometida: ¿cómo reducimos personal sin ningún despido?

Japón continúa siendo una de las pocas reservas mundiales del empleo estable. A lo largo de su historia ha encontrado razones suficientes para luchar contra la modernidad líquida que prevalece en casi todos los ámbitos, pero estas  salas del destierro han encontrado una grieta en su sistema de tradiciones. Ahora la utilizan para aligerar plantillas y recuerdan demasiado a otros países de su entorno. El reto de Japón es no parecerse a China, al menos en materia laboral.

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